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Comunicado del 9 de septiembre 2022 : la muerte de la reina Isabel y la dinámica de las huelgas en Gran Bretaña

“Los sindicatos británicos suspenden la huelga tras la muerte de la Reina Isabel” (Agence Reuters, 8 de septiembre 2022 [1]).

En la medida en que escribimos un volante de agitación a la atención de los proletarios del Reino Unido el 20 de agosto pasado, es nuestra responsabilidad política, si queremos aplicar con coherencia el método de partido, tener en cuenta la evolución de la situación, en particular el cambio provocado por la muerte de la reina Isabel, contingencia que se convierte en un factor de ruptura de la dinámica de la lucha de clases en curso en el Reino Unido, y advertir a los proletarios del mantenimiento o no de nuestras orientaciones y consignas anteriores.

En cuanto se anunció la muerte de Isabel II, era muy probable que el fallecimiento, el periodo de luto nacional y el machaqueo mediático, político e ideológico que siguió inmediatamente detuviera inevitablemente la dinámica de las huelgas obreras en curso en el Reino Unido. En cuanto se hizo público el fallecimiento, los sindicatos británicos se apresuraron a anunciar la suspensión de las jornadas de huelga sindicales previstas; las mismas que los sindicatos habían establecido una tras otra, sector por sector, sector tras sector, para tomar el control de la combatividad obrera que se había expresado, sobre todo durante mayo-junio, por una dinámica de huelgas salvajes, no oficiales, sin aviso sindical; las mismas que habían sometido a la votación de los trabajadores para que fueran legales, oficiales, pero que no necesitaban ninguna votación para ser anuladas.

Al no tener presencia militante en el Reino Unido, nos resulta difícil captar el estado de ánimo inmediato en las filas de los trabajadores, en los centros de trabajo, en las huelgas y piquetes. En particular, en el momento de redactar nuestro volante del 20 de agosto, nos resultaba difícil comprender si las jornadas de huelga de finales de agosto representaban un intento de recuperar el control de los sindicatos sobre la dinámica de las huelgas o si estas jornadas eran la culminación del control de los sindicatos sobre esta dinámica, o incluso su asfixia. Sin embargo, convencidos de que la línea de confrontación sólo podía situarse entonces, en agosto, en torno a la extensión y generalización de la lucha, llamamos a todos los proletarios de Gran Bretaña a ir a la huelga ’sin esperar’; sin esperar a que los sindicatos hubieran concluido definitivamente su meta; sin esperar a los días de acción en “su” sector. También les llamamos a que continuarán la huelga una vez transcurrido el día de acción sindical en un determinado sector o empresa. Al hacerlo, se habrían enfrentado a la contraofensiva sindical, ya dicha fuera un simple intento de recuperar el control o la culminación de esta toma de posesión. Sin embargo, hoy en día no es necesaria la presencia de militantes locales para señalar que la dinámica que estaba en marcha, fuera en ciernes o ya en declive, sólo puede interrumpirse tras la muerte de Isabel II. Y, por lo tanto, las orientaciones y las consignas que debe avanzar la vanguardia comunista, el partido de mañana, ya no son las mismas.

En efecto, y sobre la base de nuestra apreciación de la relación de fuerzas general entre la burguesía y el proletariado, ya sea a nivel internacional o simplemente británico, y como lo confirmaban las huelgas espontáneas y salvajes de mayo-junio, era posible – era un reto político de la situación concreta inmediata, de la confrontación entre las clases – que las fracciones más combativas del proletariado en Gran Bretaña se comprometarán, más o menos directamente, en la confrontación abierta con los sindicatos para el manejo y la dirección de las huelgas y en oposición a sus tácticas de días de acción. De ahí nuestra intervención y las consignas del 20 de agosto. Ahora, desde ayer, el nivel de compromiso y de lucha se ha vuelto mucho más exigente para el proletariado en Gran Bretaña porque la relación de fuerzas se ha vuelto mucho más desfavorable. El curso de los acontecimientos ya no está en absoluto, inmediatamente y por el momento, a su favor.

Continuar con las huelgas o emprender la lucha es ahora enfrentarse abiertamente y de frente a todo el aparato del Estado que se moviliza en torno a la unidad nacional y al luto. Todas sus fuerzas se esfuerzan al máximo para atraer al pueblo británico hacia la emoción y la unidad nacionales en torno a la monarquía. El resultado inevitable es que la simpatía que la opinión pública – es decir, el conjunto del proletariado y de las capas pequeño-burguesas – pudo mostrar durante el mes de agosto, e incluso hasta ayer, hacia los huelguistas y la preocupación por los estragos de la inflación no puede sino atenuarse enormemente, si no desaparecer, y aislar a los pocos proletarios, o minorías, que se aventuraran a la huelga en los próximos días. Resulta que la posibilidad de imponer una relación de fuerza a la burguesía que la obligue a retroceder en sus ataques, en particular aceptando aumentos salariales generales frente a la inflación, se ve muy reducida, si no aniquilada para el futuro inmediato. Del mismo modo, el potencial de extensión, generalización y unificación de las huelgas también se reduce, probablemente aniquilado por el momento. Por lo tanto, el momento favorable para lanzarse a las huelgas y prolongarlas ya ha pasado. Reconocer la inversión de dinámica, del curso de las luchas, que ha provocado la muerte de la Reina – si es que no estaba ya en proceso de hacerlo por el refuerzo del control sindical – no prejuzga otra inversión de las dinámicas en las próximas semanas o meses. Pero reconocer esta inversión no puede sino llevarnos, y debería llevar a cualquier organización comunista que quiera asumir el papel de una dirección política efectiva, a adaptar o cambiar las orientaciones y consignas anteriores; en nuestro caso las que planteamos el 20 de agosto.

La muerte de Isabel II, factor contingente, vino así a interrumpir la dinámica de las huelgas que estaban en curso desde mayo en el Reino Unido. Su utilización contra las huelgas por parte del aparato estatal y de toda la burguesía británica se vio sin duda facilitada por la aparente – o así parece – recuperación de la situación de huelgas salvajes y espontáneas por parte de los sindicatos gracias a las jornadas de acción de agosto. Sin embargo, el hecho es que no hubo ninguna derrota, ni siquiera menor, del proletariado durante este episodio de lucha. La burguesía británica simplemente logró interrumpir la dinámica que estaba en marcha. En este sentido, la movilización de los trabajadores contra la inflación y por el aumento de los salarios en Gran Bretaña sigue siendo de actualidad y debería expresarse de nuevo en los próximos meses, de una forma u otra. Debido a la crisis y a la guerra imperialista, a la preparación de la guerra generalizada, al rearme generalizado y al desarrollo de la economía de guerra, los ataques a los proletarios no cesarán. Y las primeras declaraciones de la nueva Primera Ministra, Liz Truss, han eliminado sin duda las últimas dudas por si acaso quedaban unas. Así pues, si la dinámica de lucha y de huelgas que ha prevalecido este verano en Gran Bretaña es probablemente una cosa del pasado, es igualmente probable que sólo haya sido la primera batalla de un episodio de lucha de clases en Europa Occidental, e incluso en la propia Gran Bretaña. En cualquier caso, no es una derrota que dificultará la reanudación de las luchas a medio y corto plazo.

De esta situación en la cual la dinámica de lucha está fuertemente invertida, resulta que la posición de espera que consistía en ’esperar un otoño cálido y que las huelgas se desarrollaran mecánicamente’ antes de intervenir y plantear orientaciones generales y consignas de lucha, está hoy aniquilada por la rápida evolución de los acontecimientos y, sobre todo, por las iniciativas de la propia burguesía. Si bien era difícil, e irrelevante, especular sobre la posibilidad de cualquier acontecimiento contingente, como la muerte de la Reina, al analizar la dinámica de la relación de fuerzas entre las clases en el Reino Unido, el hecho es que tener en cuenta la acción de los sindicatos contra las huelgas era un elemento de la situación que había que tener en cuenta, a no ser que olvidemos que la lucha de clase es la lucha entre las clases, y que exigía plantear orientaciones y consignas generales para actuar inmediatamente sin esperar. No cabe duda de que se trata de una primera experiencia de lucha – y de la dinámica de una huelga de masa – para las jóvenes generaciones de revolucionarios de la que les corresponde extraer las primeras lecciones sobre el papel de las vanguardias comunistas, en particular para asumir la dirección política efectiva de las luchas obreras.

Por tanto, ya no es más el momento de que los comunistas llamen masivamente a la huelga y a su prolongación por el momento en el Reino Unido, como hicimos el pasado 20 de agosto [2]. "Si no hace falta decirlo, será aún mejor si se dice", según la fórmula de Talleyrand: si los proletarios lanzan una huelga a pesar de todo, los apoyaremos al máximo, limitando al mismo tiempo la amplitud de las consignas y la acción que lanzaremos. De la misma manera, los militantes revolucionarios pueden ser llevados a convocar una huelga en tal o cual lugar de trabajo según la situación y las potencialidades locales y entonces es su deber hacerlo... teniendo en cuenta que las posibilidades de extensión y simpatía activa hacia su huelga son fuertemente reducidas. Pero nuestras consignas generales de partido en este momento – es decir, para este 9 de septiembre y a reserva de cualquier nuevo acontecimiento que pueda modificar el curso de los acontecimientos, o incluso de otra contingencia siempre posible – son más bien las de llamar a los proletarios combativos a reagruparse en comités de lucha u otros para movilizarse y prepararse lo mejor posible para el próximo episodio de la confrontación en curso, de la que acabamos de vivir el primer episodio. La intervención de partido en el Reino Unido cambia su prioridad de agitación por la de propaganda, con el objetivo de sacar lecciones y favorecer el reagrupamiento de los proletarios más combativos en vista de la reanudación de esta movilización particular. Y esto para el nuevo episodio, el nuevo momento, de la lucha de clases en Gran Bretaña que se abre ante la crisis, la guerra y la preparación de todo capital nacional para la guerra imperialista generalizada, preparación que exige al proletariado los lo esencial de los sacrificios.

El GIIC, 9 de septiembre 2022

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Notas:

[2. Incluso es posible que nuestra propia intervención fuera tardía - no pudimos comprobarlo, sobre todo por nuestra ausencia del territorio británico.