Revolución o Guerra n°8

(Septiembre 2017)

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El capitalismo es crisis y guerra, sólo el proletariado internacional puede oponerse a esas destruyendo el capitalismo

La sucesión de acontecimientos inéditos y trastornos de todo tipo que agitan el mundo capitalista desde los atentados de Charlie Hebdo en París de enero 2015 (parar dar de manera arbitraria una marca temporal) es la expresión de las contradicciones del capitalismo y del callejón sin salida en el cual este arrastra la humanidad entera. Y más directamente, es el producto de la crisis económica del 2008 y de la incapacidad del capitalismo mundial para darle una respuesta por lo menos temporal que pudiera “relanzar seriamente la maquina económica”. Todas estas contradicciones llevan de manera inevitable a la guerra imperialista generalizada si su proceso no sea interrumpido por la lucha revolucionaria del proletariado internacional. Coaccionan cada día más las diferentes clases dominantes a luchar de manera desesperada y, así, con una rabia decuplicada para defender sus intereses económicos e imperialistas contra sus rivales y contra sus proprios proletariados. Crisis y guerra se conjugan ahora de manera directa, se alimentan una al otra, hasta el punto que hoy el proletariado internacional debe pagar también directamente, al nivel de sus condiciones de vida y trabajo, a la vez para la crisis capitalista y para la preparación de la guerra imperialista – cuando no la sufre ya directamente en su carne.

Salvo un “accidente”, lo que F. Engels llamaba contingencia y que la teoría revolucionaria del proletariado no opone, ni mucho menos, a las leyes históricas que rigen las sociedades de clases, el capitalismo no está en condición de desencadenar una guerra imperialista generalizada. No solamente porque las polarizaciones imperialistas no son todavía definidas, pero sobre todo porque hasta la fecha el proletariado internacional, tan pasivo y debilitado sea, tan desorientado a los niveles político e ideológico sea, no adhiere a una o varias ideologías de guerra tal como el anti-fascismo en los años 1930.

Por cierto, un “accidente” siempre es posible. Los lanzamientos de cohetes y los ensayos nucleares de la Corea del norte y las reacciones y amenazas norte-americanas, así como de manera más amplia los “incidentes” militares en el Mar de China, son un verdadero peligro que expresan bien que el capitalismo es guerra como lo decía Lenin. Los riesgos de un desliz militar entre la Corea del norte y los Estados-Unidos no son sino el resultado de los antagonismos imperialistas en la región, en particular entre China y los Estados-Unidos. La “paranoia” de Kim Jong-un y el “narcisismo” de Trump, la contingencia, no se deben a su supuesta locura pero son el producto (y un factor agravante) del nivel alcanzado por las contradicciones del capitalismo. Sin embargo, el desliz no es el más probable. Un enfrentamiento militar, incluso nuclear, a partir de la Corea y con consecuencias sangrientas y dramáticas inconmensurables pondría las clases dominantes en una situación de debilidad histórica frente a la clase revolucionaria, ya que no está “derrotada”, y al resto de la población mundial. Pondría al descubierto de manera brutal y repentina el porvenir aún más bárbaro del capital y la absoluta necesidad de destruirlo. Ahora bien, incluso alrededor del “impredecible” Trump, fracciones de la burguesía “reflexionan” y intentan asegurar mal que bien su manejo sobre acontecimientos cuya dinámica se les escapa.

Para abrirse la vía a la guerra generalizada de la “mejor manera posible”, el capitalismo debe redoblar sus agresiones contra el proletariado no solamente al nivel económico pero también al nivel político para poder infligirle una derrota histórica sangrienta. Ya que sólo el proletariado internacional, como clase explotada y revolucionaria a la vez, puede derribar el capitalismo. En este sentido, el trastorno del aparato político tradicional de la burguesía francesa que ocurrió con la elección de Macron significa ante todo el establecimiento de un dispositivo directamente anti-obrero de las fuerzas políticas burguesas. De hecho, el desarrollo de una nueva izquierda llamada “radical” alrededor de Melenchon y de la France Insoumise [“Francia Insumisa”] es el otro hito de este trastorno. Lejos de limitarse a una oposición sobre el único terreno democrático burgués, al igual que las oposiciones anti-Trump y anti-racistas (y demás “antifa”) en los Estados-Unidos, Melenchon se posiciona directamente sobre el terreno social, el de la mera lucha obrera, contra el “golpe de Estado social” llevado por el gobierno. Al hacerlo, intenta jalonar y encerrar por adelantado el campo de las reacciones obreras adentro del terreno burgués, por la defensa de la “República social” dice ; y así sabotearlas “del interior” al lado de los sindicatos. No cabe duda de que el modelo será seguido en otros lugares, Die Linke, Podemos, Democratic Socialists for America, etc.

Es contra estas fuerzas políticas de izquierda con un lenguaje “radical”, en esta primera linea de frente, que el enfrentamiento político entre las clases va principalmente a jugarse en las confrontaciones masivas que la burguesía prepara y va a provocar ; que ya está provocando. El combate de clase es ante todo un combate político a la vanguardia del cual les minorías las más combativas de proletarios y las minorías comunistas deben llevarse de manera decidida.

5 de Septiembre 2017

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