Revolución o Guerra n°20

(Febrero 2022)

Aviso : No pudimos traducir todos los artículos del número 20 de nuestra revista, debido principalmente a las tareas y urgencias que nos imponen el estallido de la guerra en Ucrania y la debilidad de nuestras fuerzas. Invitamos a los lectores españoles que leen inglés y francés a consultar las versiones completas de nuestra revista en estos idiomas.

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Reanudación de las luchas proletarias y empujes hacia la guerra imperialista generalizada o la cuestión del curso histórico

« La mecánica cuántica nos enseña a no pensar en el mundo en términos de cosas que están en tal o cual estado, sino en términos de procesos. Un proceso es la transición de una interacción a otra. Las propiedades de las cosas se manifiestan de manera granular sólo en el momento de la interacción, es decir, en los bordes del proceso, y son tales sólo en relación con otras cosas; no pueden preverse unívocamente, sino sólo probabilísticamente. »

[Carlo Rovelli, physicien, spécialiste de la gravité quantique, Par-delà le visible, la réalité du mode physique et la gravité quantique, Odile Jacob sciences, 2014.]

Para la burguesía, el proletariado no existe o ya no es. Al mejor, para los más « iluminados », sólo es una categoría fija y pasiva, un objeto. Algunos revolucionarios se unen a esta visión de un proletariado objeto pasivo, de una cosa en tal o cual estado, proclamando su desaparición, o su ausencia, o reduciendo su existencia a la del partido comunista. Al hacerlo, unos por interés de clase, otros por incomprensión o desánimo, no ven que la lucha de clases es un hecho permanente y en movimiento de la sociedad capitalista, un proceso, y que el proletariado sólo es interacción con la burguesía y viceversa. Incluso en los periodos más álgidos de contrarrevolución, la lucha entre las clases, y por tanto la lucha proletaria, por muy débil y limitada que sea, sigue existiendo y siendo uno de los factores de la situación cuyo curso puede, y debe, preverse no de forma unívoca sino sólo de forma probabilística. Por lo tanto, no se trata de afirmar unívocamente que el curso de los acontecimientos conduce a la revolución, sino que de manera probable conduce a un choque frontal entre las clases, que el curso es hacia los enfrentamientos masivos entre las clases. Determinar de forma probabilística el curso histórico de los acontecimientos, en este caso hacia un enfrentamiento entre clases en el contexto de empujes cada vez más fuertes hacia la guerra imperialista, es una de las herramientas esenciales de los revolucionarios para poder establecer orientaciones y consignas adaptadas a las situaciones, tanto históricas como inmediatas, internacionales, nacionales, locales o incluso particulares, y a sus diferentes momentos.

Hoy, a pesar de la persistencia de la pandemia y del pretexto que proporciona a los Estados para reforzar las medidas de control y de represión social en nombre de la lucha contra el covid, es innegable que desde hace varios meses se está produciendo una reanudación de las luchas obreras en todos los continentes. La dinámica de luchas proletarias que se había activada en el otoño de 2019 [1], se había detenido e interrumpido por la explosión del coronavirus, las medidas de confinamiento generalizadas y la paralización de gran parte del aparato productivo mundial. Tanto más cuanto que los Estados capitalistas más ricos, principalmente en Europa y América del Norte, se apresuraron a decidir el mantenimiento de los salarios o la concesión de subsidios de desempleo y otras prestaciones, a veces simplemente cheques como en Estados Unidos y Canadá, para evitar cualquier explosión social generalizada que el respeto de las leyes capitalistas, llamadas « de mercado », habría provocado inevitablemente y de forma dramática. Hoy, la factura – « cueste lo que cueste » había dicho el presidente francés Macron – que se presenta principalmente a los proletarios [2], aunque sea en forma de congelación salarial e inflación por el momento, provoca las primeras reacciones proletarias. Esta factura es la del enorme agujero en las finanzas públicas y la gigantesca deuda generalizada que se suma a la creciente explotación del trabajo debido a la acelerada caída de las tasas de ganancia del capital productivo. Es la señal, la primera gran batalla, de los enfrentamientos masivos entre clases. Estos decidirán el curso histórico que conducirá a la guerra imperialista generalizada o a abrir – sin garantía de éxito – la puerta a la perspectiva revolucionaria y comunista del proletariado internacional. Esta es la probable previsión que el marxismo y los revolucionarios, el partido, pueden y deben avanzar hoy si quieren situarse efectiva y eficazmente en la vanguardia de su lucha de clases. Este es el curso histórico probable de la situación actual. ¿Es verificable? ¿Está verificado?

La renovación de las luchas debe despejar la perspectiva proletaria

La lista de luchas proletarias recientes es larga. Según el grupo revolucionario Emancipación, el año 2021, en el que se produjeron casi 17.000 huelgas, « vio el final de las «huelgas del Covid» pero también la aparición prometedora de luchas masivas en nuevas regiones » [3] del mundo, de hecho en todos los continentes. La mayoría de las « huelgas y luchas covid » sólo respondían a preocupaciones sanitarias, ciertamente legítimas, principalmente a los peligros de contaminación en los lugares de trabajo. Por lo tanto, eran muy limitadas, sin perspectivas reales de una lucha masiva y generalizada. Las luchas proletarias de los últimos meses tienden a situarse en un terreno de clase más firme, en particular en el terreno salarial frente a la creciente inflación y, como tal, interesan directamente a toda la clase explotada y revolucionaria. Cada obrero sólo puede reconocerse en estas reivindicaciones y luchas. La prensa revolucionaria y comunista se hizo eco de esta nueva dinámica, la acogió, por supuesto, y la apoyó activamente, en particular interviniendo con volantes cuando se presentaba la oportunidad. Para comprobar la realidad de los hechos, remitimos a nuestros lectores a las páginas web de la Tendencia Comunista Internacionalista, del grupo Emancipación, del PCI-Le prolétaire, o incluso – por una vez – de la Corriente Comunista Internacional, por citar sólo los principales que han avisado e informado sobre las diferentes luchas obreras de los últimos tiempos.

Hay que señalar que, al tiempo que señalan sus limitaciones, todos los grupos coinciden sobre la nueva dinámica, el despertar, de las luchas proletarias. « La huelga en curso de los 1400 trabajadores de Kelloggs en Estados Unidos es una fuente continua de inspiración para otros trabajadores en el país y en el extranjero que quieren unirse a lo que es un frágil pero significativo despertar de nuestra clase. » (TCI) [4] Después de estos dos años de extrema confusión y desorientación generalizada, favorecidas y agravadas por las revueltas pequeñoburguesas de todo tipo a las que hemos podido asistir, la reaparición del proletariado como única fuerza antagónica al capital y la única capaz de ofrecer una alternativa al mismo es en sí misma un hecho fundamental que cambia – tiende a cambiar – el reparto de las cartas distribuido por el covid desde hace dos años ; es decir, abre una nueva dinámica en la evolución de la relación global de fuerzas entre las clases, entre el capital y el trabajo, entre la burguesía y el proletariado. La afirmación concreta del proletariado como clase en la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo hace que se vuelven tan concretas, en cuanto que factores de la situación, la afirmación y defensa de las consignas históricas del movimiento comunista, la huelga de masas, la insurrección proletaria, la destrucción del Estado burgués, la dictadura de clase y el propio comunismo. Estos principios del comunismo llevados y materializados por los grupos comunistas, el partido en devenir, de ser simples objetos de propaganda tienden a convertirse en armas y consignas con ocasión de los empujes proletarios, incluso incipientes y tímidos, porque son los únicos que permiten orientar con éxito y eficacia la acción, los medios y los objetivos de las luchas cotidianas. Este es el primer reto de la situación actual.

¿Qué define el curso histórico actual?

Pero sigue siendo necesario captar la dinámica real y sus potencialidades, tanto generales como particulares, locales o temporales, para definir orientaciones y consignas más inmediatas para cada momento y situación de las luchas obreras. Sería un error, nos parece, ver en la actual reanudación sólo la simple reacción – mecánica – a la crisis y a los ataques que el capital se ve obligado a realizar contra la clase explotada para mantener a toda costa un mínimo de sus ganancias y la continuación de la acumulación capitalista. El error sería poca cosa si no corriera el riesgo de tener consecuencias en la comprensión del curso real del enfrentamiento entre las clases y, por tanto, en la capacidad, que corresponde a los grupos comunistas, al partido mañana, de orientarse en la tormenta que se avecina.

No podemos entender hoy todo el significado, todo el alcance de las políticas adoptadas por las diferentes burguesías hacia la crisis y el proletariado sin tener en cuenta las profundas tendencias del capital hacia la guerra imperialista generalizada. Las presiones sobre la burguesía hacia ella son tan apremiantes como las debidas directamente a la crisis que la obligan a atacar cada vez más al proletariado. El curso histórico actual está determinado, y lo estará durante todo el período de enfrentamiento masivo entre las clases que se abre, por la relación entre el proletariado y la guerra como perspectiva probable, es decir, por la alternativa revolución proletaria o guerra imperialista generalizada.

Este imperativo – debido a la crisis – de la guerra imperialista generalizada para la clase dominante determina cada vez más el contenido y la violencia de sus ataques contra el proletariado y, por tanto, los términos y el terreno de la confrontación. Como dice perfectamente la plataforma – actualizada en 2020 – de la Tendencia Comunista Internacionalista, « una vez más, la alternativa entre la guerra imperialista y la revolución proletaria está a la orden del día de la historia e impone a los revolucionarios de todo el mundo la necesidad de cerrar filas. En la era del capital monopolista mundial, ningún país puede escapar a las fuerzas que llevan al capitalismo a la guerra. La tendencia ineludible del capitalismo a avanzar hacia la guerra se materializa hoy en el ataque generalizado a las condiciones de vida y de trabajo del proletariado. »

Así, no es sólo la crisis en sí misma la que determina el contenido y la escala de los ataques a los que debe responder el proletariado, sino también el futuro de la guerra generalizada. Por eso, toda lucha obrera se opone a todo el aparato del Estado, órgano de la dictadura de clase que reúne a todas las fracciones burguesas, todas unidas contra el proletariado. Por eso, cualquier lucha obrera mínimamente consecuente es presentada como obra de irresponsables, o muy a menudo ahora de terroristas, como los « criminales » metalúrgicos de Cádiz durante su huelga de noviembre pasado. Cualquier reivindicación salarial o de otro tipo que tenga como objetivo aflojar las garras de la explotación capitalista del trabajo no sólo limita la ganancia de tal o cual capitalista, ni siquiera sólo la competitividad del capital nacional en el mercado mundial, sino que también obstaculiza de facto – tiende a obstaculizar – la preparación industrial, económica, social, política e ideológica de cada capital nacional de cara a su participación en la guerra generalizada, que es la única forma que tiene al final para « defender su parte del pastel », que es la única forma de mantener la cabeza fuera del agua en el desastre generalizado. Así, para la burguesía, cualquier lucha obrera que sea al menos consecuente, es decir, que defienda las necesidades y las exigencias de los trabajadores sin ninguna consideración económica burguesa, es irresponsable, egoísta, antinacional o antipatriótica. No lo negaremos: cualquier huelga se convierte hoy en una expresión, un germen, del derrotismo revolucionario y del internacionalismo proletario.

Por lo tanto, es crucial vincular la materialización efectiva, y en proceso, de la polarización imperialista con las condiciones y potencialidades de las luchas obreras y deducir, predecir y anticipar las dinámicas particulares. Si mantenemos como probable la configuración imperialista tal y como parece estar tomando forma en este momento, la de una polarización en torno a Estados Unidos por un lado y China por otro, en detrimento de otra como una polarización Europa-América por ejemplo [5], entonces el papel y la responsabilidad de los proletariados de China y Europa frente al conjunto del proletariado internacional y ante la marcha hacia la guerra serán diferentes. Asimismo, los temas ideológicos para arrastrar el proletariado estadounidense, que son esencialmente de carácter democrático, no tendrán el mismo efecto si se trata de movilizar contra China o contra Europa. En Europa, el proletariado, que tiene la mayor experiencia histórica de lucha, de la guerra generalizada y de las trampas de la democracia burguesa, no podrá intervenir directamente sobre los dos principales protagonistas imperialistas. ¿Será capaz, por su experiencia histórica, de despejar el camino revolucionario y presentar la perspectiva del comunismo al proletariado internacional? En Estados Unidos, la experiencia contra la guerra es menor – las dos primeras guerras mundiales no tocaron al país – y las ilusiones democráticas están sin duda más ancladas, pero el proletariado estadounidense está en el centro de la situación histórica porque se opone directamente a la burguesía más poderosa y más belicosa. Cualquiera que sea la configuración imperialista final y el curso de la lucha de clases, su papel será central y, sin duda, inclinará la balanza hacia uno u otro lado de la alternativa histórica. En China, cabe suponer que el proletariado tiene aún menos experiencia, aunque se concentra masivamente en las grandes fábricas. ¿Será capaz de oponer la guerra de clases a la guerra imperialista siguiendo el ejemplo de lo que el proletariado fue capaz de lograr en Rusia en 1917 y convertirse así en el detonante de una ola revolucionaria internacional?

Tampoco se trata de subestimar la importancia y la necesidad absoluta de que los proletarios de los países y continentes más periféricos, ya sean « ricos » – Australia o Nueva Zelanda, por ejemplo – o « pobres » como en África o Asia, se comprometan en la lucha por el comunismo y se unan al conjunto del proletariado internacional. Tampoco excluimos absolutamente la posibilidad de que uno u otro tome momentáneamente la delantera. Sin embargo, su acción frente a la guerra imperialista generalizada será también, y de hecho, periférica. Subrayar estas diferencias en las situaciones de las fracciones del proletariado mundial no debe hacernos olvidar que la acción de una u otra interviene, influye, inspira, cuando no guía a las otras fracciones del proletariado mundial. Al final, sólo hay una lucha de clases internacional y un proletariado universal.

Huelgas de masas y enfrentamientos masivos entre las clases verán su dinámica influida tanto por la evolución de la propia crisis económica como por la evolución de la polarización imperialista, al igual que influirán de una u otra forma en la dinámica hacia la guerra. De hecho, se ha iniciado una carrera entre ambas, revolución o guerra, sabiendo que la burguesía no podrá evitar enfrentarse frontal y brutalmente al proletariado para imponerle derrotas políticas, ideológicas y físicas sangrientas.

Luchas obreras en Estados Unidos y su relación con la guerra

Por muy limitadas que hayan sido las luchas y las huelgas del pasado otoño en Estados Unidos, el hecho de que se hayan desarrollado en la primera potencia imperialista, además la que más empuja a la polarización imperialista y a la guerra, es ya en sí mismo una primera respuesta del proletariado y, de hecho, un obstáculo, un freno a la marcha hacia la guerra, ciertamente todavía muy insignificante en tal estado, pero significativo si se considera en movimiento, como proceso. Las huelgas de octubre de 2021 de los 10.000 trabajadores del fabricante de equipos agrícolas John Deere y de los empleados de Kelloggs, esta última de dos meses de duración, así como la lucha de « más de 24.000 enfermeras y otros trabajadores de la salud en California y Oregón » [6] son las expresiones más claras de ello. El hecho de que hayan denunciado los convenios de empresa firmados por los sindicatos y de que hayan afirmado reivindicaciones unitarias, integrando en las mismas reivindicaciones a los trabajadores fijos con contrato indefinido y a los trabajadores transitorios con contrato de duración determinada, o incluso a los trabajadores temporales, reuniendo en la huelga incluso a los que tienen contrato indefinido aunque se « beneficiaban » del contrato firmado por los sindicatos, no sólo expresa una solidaridad, ciertamente elemental, sino sobre todo una voluntad y determinación de luchar en defensa de los intereses de clase contrarios a los intereses del capital y de la nación americana. Igual de importante es el hecho de que desmientan la idea de una América dividida entre racistas fascistas pro-Trump por un lado y antirracistas pro-democracia seguidores de las teorías identitarias y racialistas por otro, sabiendo que algunos sindicatos, en la educación en particular, no habían dudado en plantear reivindicaciones específicas según el color de la piel y el origen de los trabajadores. En este sentido, son también una negación y la respuesta proletaria a toda la campaña ideológica y política que se había machaqueado en 2019 tras el asesinato policial de G. Floyd y que había terminado con una participación electoral masiva sin precedentes.

Que el proletariado estadounidense pueda liberarse, esencialmente a través de sus luchas, de las garras de la ideología democrática y nacionalista, del « sueño americano » y del « self-made-man », será crucial para frenar el brazo armado y sangriento del imperialismo estadounidense, ya sea contra otro imperialismo o contra cualquier insurrección proletaria victoriosa en otra parte del mundo. La burguesía norteamericana, aún menos que las otras, no dudará en lanzar misiles y bombas atómicas sobre cualquier país o grupo de países en los que el proletariado haya tomado el poder. Por eso decimos que el proletariado norteamericano estará en el centro de la situación histórica: o bien dará la señal de la insurrección obrera generalizada por su propia acción [7] ; o bien en el caso de que uno o varios otros proletariados tomen la iniciativa de la insurrección y ejerzan la dictadura de clase en otras regiones, estará entonces en primera línea para paralizar el principal brazo armado de la contrarrevolución internacional. Ya las luchas proletarias en el país, por muy limitadas que sean, están llamando al proletariado internacional y dando un ejemplo a seguir. Así como da la señal a la burguesía norteamericana de que tendrá que contar con él ; es decir, que lo enfrente y le inflige una mínima derrota para tener las manos suficientemente libres para sus designios bélicos imperialistas. El proletariado de América no es un objeto pasivo en tal o cual Estado, sino un sujeto de la historia por su interacción, la lucha de clases, y su oposición a su propia burguesía. Los enfrentamientos masivos entre las clases pasarán también, y esperamos que sobretodo, por los Estados Unidos.

Dinámica internacional de las luchas obreras

El renacimiento de la combatividad obrera es internacional y atraviesa todos los continentes. En los países sin tradición democrática y en los que los sindicatos aparecen abiertamente como lo que son en todas partes, es decir, los órganos del Estado capitalista, los proletarios no tienen más remedio que lanzarse audazmente a la lucha y tratar de extenderla lo más rápidamente posible antes de que la represión pueda ejercerse sobre ellos. Son ejemplos reales de huelga de masa en acción que los proletarios de Irán, el verano pasado, o de Kazajistán, a principios de enero, fueron capaces de lanzar. Las reivindicaciones son siempre las mismas: aumentos salariales para hacer frente a las subidas de precios. En los países de tradición democrática y donde los sindicatos se presentan como independientes del poder, como en Europa en particular, las huelgas que han estallado y estallan se basan en el mismo tipo de reivindicaciones. Si los sindicatos mantienen el control sobre ellas y aún así consiguen sabotear la extensión y la generalización, la dinámica de la huelga de masa está muy presente. La huelga de los obreros metalúrgicos de Cádiz, en España, es el mejor ejemplo de la combatividad recobrada y de esta dinámica. En esto, no difiere fundamentalmente de las luchas en Estados Unidos o en Irán o en otros lugares. Nos permitimos reproducir el relato que el grupo español Barbaria [8] hizo de la huelga de Cádiz, que coincide con lo que también informaron los otros grupos, Emancipación y la CCI, que pudieron seguir de cerca esta lucha.

« Cualquier movilización será desmantelada si no sigue los principios que han marcado los éxitos de nuestro movimiento (hay que señalar que también los ha habido), y que no son otros que el internacionalismo y la independencia de nuestra clase, lo que en una huelga se concreta por una parte extendiéndola a otros sectores – y no aislándola en uno solo –, tendencia que se ha visto en la huelga de Cádiz, que tuvo una marcada tendencia a desbordar el marco de la fábrica extendiéndose por el entorno urbano de Cádiz y San Fernando a través de manifestaciones y asambleas de barrio, y por otra entregando todo el poder de decisión sobre la huelga a la asamblea formada por los propios trabajadores, y no a sindicatos ajenos a estos y con intereses diferentes, cuando no opuestos, a los de nuestra clase. »

Cabe destacar varias características comunes que han aparecido en las luchas, ya sea en Estados Unidos, en España (Cádiz) o en otros lugares como en Irán. La mayoría tiende a oponerse a los sindicatos, en particular a los acuerdos que firman con las direcciones, a imponer la huelga a pesar de ellos, a rechazar toda división entre proletarios, en particular entre los que tienen un contrato fijo y los que tienen uno precario [9], y, por último, a buscar – aunque todavía demasiado tímidamente – la extensión de su lucha a otros sectores.

La dinámica de la reanudación de las luchas está, pues, muy presente. Presagia enfrentamientos cada vez más masivos ; y brutales a causa de la represión estatal que se vuelve sistemática y generalizada. En este sentido, las medidas de control de la población tomadas con motivo de la pandemia refuerzan las medidas de vigilancia y represión pero también preparan, acostumbran, a la opinión pública a ello. La burguesía también se está preparando para la confrontación.

Luchar por el liderazgo político de las luchas

Por todo ello, el primer y principal obstáculo que encuentran los proletarios en lucha son los sindicatos, ya sean las grandes centrales sindicales o el sindicalismo de base, como han sabido denunciar concreta y justamente todos los grupos revolucionarios mencionados. Sería un error oponer a los sindicatos únicamente la autoorganización en sí misma, en particular la celebración de Asambleas Generales, como antídoto o garantía contra los diversos y variados sabotajes del sindicalismo y los izquierdistas. Si podemos constatar ciertas fórmulas que abren la puerta a lo que llamamos el fetichismo de la autoorganización y que criticamos por ponerla como condición previa a la lucha – como « la capacidad de sacar adelante las luchas dependerá cada vez más de las formas de organización de partida » [10] –, es importante apoyar la orientación política que hace que las organizaciones de las que se dotan los proletarios en lucha sean órganos de tal o cual tarea y orientación.

« La huelga del metal en Cádiz nos muestra que tenemos que luchar de otra manera. Y eso significa, desde ya, tomar el control de las asambleas hoy monopolizadas por los sindicatos. Y hacerlo para extender las luchas, abrir las asambleas y hacer reivindicaciones conjuntas que salten por encima de todas las divisiones de sector, provincia, región o forma de contrato. » [11]

Ahora bien, para realizar esta orientación de extensión y generalización, ya sea mediante asambleas, delegaciones masivas, piquetes, manifestaciones callejeras, etc., los proletarios en lucha deben asumir el inevitable enfrentamiento con los sindicatos y los izquierdistas. Se trata de una lucha política contra las fuerzas del Estado en medio obrero, sin la cual no es posible ni la extensión ni la generalización, por tanto tampoco el retroceso de la burguesía en tal o cual reivindicación. Así que corresponde a los proletarios más combativos y conscientes hacerse cargo de esta confrontación por la dirección y orientación de cada lucha obrera en detrimento de los sindicatos y del izquierdismo. Y cuando sea posible, prepararse para ello reagrupándose en comité de lucha u otro.

Pero disputar la dirección a los sindicatos para contrarrestar su sabotaje no es sólo una cuestión de « trabajadores de base » contra « burócratas » y el aparato sindical. También es necesario oponer a estos últimos orientaciones y consignas, incluso a veces reivindicaciones, que correspondan a cada situación y momento, a cada batalla o cuestión particular. En definitiva, formar parte del proceso real, ser un factor activo en el mismo y no basar la propia posición en tal o cual estado de los distintos elementos en sí mismos, olvidando que están en interacción. La dirección política de las luchas no se puede decretar. Se disputa y se gana, o no, en la capacidad de los proletarios más combativos para identificar e imponer vías concretas de desarrollo y generalización de su lucha. Y eso incluso en las luchas más aisladas e inmediatas. Aquí es donde la función de las organizaciones o grupos políticos comunistas, tengan o no militantes en el lugar, no sólo es esencial sino aún crucial. Como lo será la del partido de mañana.

Equipados con los principios del comunismo y armados con la comprensión de que el curso de la historia conduce a enfrentamientos de clase para resolver la alternativa de revolución proletaria o guerra imperialista generalizada, estos grupos políticos son los mejores, si no los únicos, en condiciones de evaluar las relaciones de fuerzas particulares y generales y su dinámica y, por lo tanto, de plantear las orientaciones y consignas correspondientes a las necesidades de cada momento de las luchas. Al hacerlo, demuestran la eficacia cotidiana e histórica de los principios del comunismo, de su teoría del materialismo histórico, y por tanto del partido, en su defecto de los grupos comunistas, que materializan programa, principios y método. Al hacerlo, el partido, hoy las fuerzas del partido en porvenir, asume y finalmente gana la dirección política efectiva del proletariado.

Es la condición sine qua non, pero no la garantía absoluta, de la capacidad insurreccional victoriosa del proletariado y del ejercicio de la dictadura de clase para acabar con el capital, la miseria y la guerra. De forma más inmediata, es decir, hoy en día en la dinámica de reanudación de las luchas obreras, la lucha por la dirección política efectiva de las luchas proletarias sigue estando en estado embrionario, en gran parte en ciernes, a pesar de los esfuerzos de todos los grupos revolucionarios. Por todo ello, estamos convencidos de que existe ya hoy un vínculo – que nos atrevemos a llamar dialéctico – entre la propia dinámica de las luchas que están surgiendo y la intervención y propaganda de las vanguardias políticas del proletariado. Y no es tanto el grado alcanzado por la crisis económica lo que refuerza este vínculo – históricamente hay muchos casos en los que la crisis económica y el desarrollo de las luchas obreras no se corresponden – sino el empuje a la guerra imperialista generalizada que es su razón fundamental, histórica. Este vínculo dinámico entre ambos tiene como contenido, la realidad, la defensa y la aplicación del principio del internacionalismo proletario extendido hasta el principio de la dictadura del proletariado como decía Lenin. Porque es en la relación real, concreta y continua del proletariado internacional con la perspectiva de la guerra generalizada, a través de sus luchas, y a través de la intervención activa y decidida de los grupos y militantes comunistas de hoy en día en estas luchas, que el partido podrá, a costa de esfuerzos y luchas igualmente extenuantes, constituirse y conducir a la clase revolucionaria a la insurrección, a la dictadura del proletariado y, al final, al comunismo.

La reanudación de las luchas actuales, además de expresar la inevitable defensa de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios que se deterioran de forma acelerada, es la primera expresión de esta perspectiva. Nos permite comprobar que el curso histórico es efectivamente hacia enfrentamientos masivos entre clases.

RL, 31 de enero 2022

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Notas:

[1. Cuyo punto más alto fué los dos meses de huelgas en diferentes sectores, principalmente de los transportes, en Francia en diciembre de 2019 y enero de 2020 (ver Revolución o guerra #14 y los comunicados que publicamos entonces y RG #19 sobre la intervención de los grupos comunistas en las huelgas de 2019 en Francia)

[2. Pero también en parte a importantes capas de la pequeña burguesía proyectada en la miseria.

[4. Volante del 5 de diciembre 2021 difundido por el IWG, grupo afiliado a la TCI en Estados-Unidos, http://www.leftcom.org/en/articles/2021-12-05/striking-kellogg-s-workers-don-t-settle-for-crumbs.

[5. La misma que pareció surgir durante la guerra de Irak en 2003 y que vio cómo Alemania y Francia polarizaban en torno a ellas la oposición de Rusia y China, en particular, a la aventura estadounidense, que fue apoyada por los países anglosajones

[7. Esto, sin excluirlo absolutamente, parece poco probable hoy en día por razones que no podemos desarrollar aquí. Sobre esta cuestión, remitimos al lector a la crítica de la teoría del eslabón débil desarrollada en particular por el CCI en los años 70 y 80. Por ejemplo, puede referirse al debate interno que se recoge en la Revue Internationale 37, 1984 (https://fr.internationalism.org/rinte37/debat.htm) - no fue traducido en español.

[9. Tanto en John Deere o Kelloggs, en Estados Unidos, como en Cádiz, los proletarios con contrato o estatus fijo no dudaron en luchar junto a los trabajadores precarios, incluso cuando el convenio firmado por los sindicatos no les afectaba directamente. Este fenómeno ya se había manifestado durante las huelgas de otoño-invierno de 2019 en Francia: una gran parte de los huelguistas de los ferrocarriles o del transporte urbano, como en París, no estaban directamente afectados por la "reforma" de las pensiones. Esto no les impidió, por el contrario, ir a la huelga durante dos meses.

[10. Emancipation, De las huelgas del « covid » a la confrontación con los sindicatos, (https://es.communia.blog/2021-de-las-huelgas-del-covid-a-la-confrontacion-con-los-sindicatos/)

[11. Emancipación, Huelga del metal en Cadix (https://es.communia.blog/huelga-del-metal-en-cadiz/)