Revolución o Guerra n°22

(Septiembre 2022)

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Respuesta rápida e incompleta a algunos "posts" críticos sobre nuestra intervención

Cuando publicamos nuestro volante sobre las huelgas en el Reino Unido, recibimos, entre otros, dos posts críticos. Plantean, nos parece, una cuestión importante sobre la intervención de las organizaciones comunistas, y mañana la del partido, en la propia dinámica de las luchas obreras en movimiento como las que la crisis y la guerra provocan inevitablemente. Las objeciones de los compañeros son de dos ordenes:

- « podemos esperar que la situación siga evolucionando en los próximos meses. No creo que haya que decir a los trabajadores que vayan a la huelga porque la situación va a empeorar aún más, sino saber que la huelga es sólo el principio. Hay que ir más allá de la lucha salarial y establecer el vínculo con todos los ataques » ;

- « ¿por qué sólo proponer un aumento de sueldo? Está comprobado que si nos suben los sueldos, entonces vendrá la inflación. ¿Qué sentido tiene luchar por tan poco? O, « tenemos que tener una visión más larga: pedir migajas no es suficiente hoy, tenemos que hacernos cargo de la panadería. En otras palabras, hay que ser más que un súper activista [la camarada anglosajóna utilizó este término], hay que inyectar cuestiones políticas en la lucha lo que otros no hacen. »

La primera crítica no se coloca desde el punto de vista interno de las huelgas, de su dinámica y sucesivas batallas que se producen, sino desde su exterior. Fuera del movimiento y con actitud expectante [1]. Considera que, mecánicamente – sin oposición de la burguesía, por tanto, de sus sindicatos y de sus fuerzas de izquierda y del izquierdismo –, las huelgas se desarrollarán hasta el “otoño caliente’... que los sindicatos anuncian hoy. Así que resulta en esperar para intervenir, en tanto que dirección política de partido, es decir, sin luchar ya por ella. Pero en otoño, si esto no es ya así en este mismo momento, será demasiado tarde, porque los sindicatos se habrán asegurado entonces el control total de las huelgas, si es que para entonces no han conseguido sofocarlas y extinguirlas. Es hoy cuando se da la batalla, que quizás ya se está dando desde julio-principios de agosto; hoy que la dinámica de huelga salvaje debe, o debería, abrir el camino al desbordamiento de los sindicatos y, para ser concretos, de su jornada de acción, sector por sector y sector tras sector, para abrir una perspectiva de huelga generalizada y unitaria. En el momento – agosto – en que la burguesía y sus sindicatos ’llamaron’ a los trabajadores a la huelga en orden disperso, uno tras otro, para controlar y sofocar mejor el desarrollo de las huelgas, la intervención de partido exigía llamar al conjunto de los proletarios a la huelga todos juntos y sin demora para contrarrestar la actual contraofensiva de división y sabotaje de los sindicatos, de cortar como un salami las huelgas por corporación o empresa.

Aquí, esperar el desarrollo espontáneo de las huelgas y el otoño significa dejar que la burguesía, los sindicatos en primer lugar, maniobren a su antojo, estableciendo su control de la lucha, estableciendo su táctica y definiendo su tempo sin oposición; significa abandonar la lucha concreta, real, inmediata, política, contra los sindicatos; significa situarse, no en la vanguardia de la batalla en curso entre las clases, sino a su cola [a su zaga, NdT] como decía Lenin.

La segunda crítica a la consigna de aumento salarial – de la que no hacemos un absoluto –, bajo la apariencia de un anti-reformismo radical, es en realidad parte de la misma vacilación para asumir la confrontación real, tal como se está desarrollando ante nuestros ojos, por la dirección efectiva de la lucha. Negarse, o subestimar, a plantear y luchar por una reivindicación central en la que todos los trabajadores puedan reconocerse y que puedan asumir, sea cual sea su oficio, su empresa, su corporación, deja a los sindicatos, una vez más, libres para definir las reivindicaciones por sectores y, por tanto, libres para ’abrir negociaciones’ por empresas, cada una en su rincón; en definitiva, para maniobrar libremente con las direcciones de las empresas y el gobierno. Esto les permitirá, si por casualidad tal o cual sector obtiene algo específico, pedir la reanudación del trabajo en ese sector sin tener en cuenta a las demás corporaciones.

Más ampliamente, no es indiferente para los comunistas, al igual que para los propios proletarios, que las luchas obreras puedan ’obtener victorias’, o al menos hacer retroceder a la burguesía en tal o cual ataque a las condiciones de vida o de trabajo, aunque sepamos que sólo pueden ser, además de raras, temporales mientras no se destruya el capital. Es cierto que un aumento salarial hoy sería inevitablemente recuperado por el capital, sobre todo en el período de inflación que se abre a causa de la crisis y de la preparación de la guerra generalizada. Por todo ello, la obtención de un aumento ayudaría a limitar la agravación del empobrecimiento inmediato de los proletarios. Y los comunistas no son indiferentes a esto, en sí mismo, por supuesto, pero también para verificar que su método de lucha, sus orientaciones y sus consignas, son efectivamente las más eficaces para imponer una relación de fuerzas más o menos favorable ante la clase dominante. Entonces, conseguir hacer retroceder a la burguesía en una reivindicación tras una lucha colectiva sólo puede ser un estímulo para esta; y una experiencia positiva que se encontrará en futuras luchas y que el partido no olvidará recordar a las masas proletarias. Por último, y aunque estas victorias sólo pueden ser muy raras y las luchas obreras están hechas sobre todo de derrotas, hay derrotas y derrotas. Algunas terminan con amargura y un sentimiento de desesperación, impotencia y a veces división, otras con un sentimiento de orgullo, solidaridad y unidad en la lucha que sólo anima a que se reproduzca de nuevo. En general, este sentimiento está ligado a la forma en que se llevó a cabo la huelga o la lucha, en particular si los trabajadores lograron imponer, aunque sea parcialmente, su propia dinámica colectiva y unitaria frente a la de la división de los sindicatos.

Creer que plantear reivindicaciones salariales es caer en el terreno burgués, o incluso de un supuesto reformismo burgués, es no entender que las llamadas reivindicaciones económicas seguirán siendo de actualidad y parte integrante de la lucha del proletariado como clase explotada hasta la realización del comunismo. Y es sobre todo, en lo inmediato, considerar las reivindicaciones sólo como económicas o reivindicativas sin entender que pueden y deben convertirse en un momento de la extensión y la generalización de las luchas, que son objeto de una lucha entre los proletarios más combativos y los sindicatos, que son esenciales para hacer de cada huelga un momento de la extensión y la unidad de la lucha. En resumen, son tan políticos como económicos.

En este sentido, las organizaciones comunistas, mañana el partido, deben asumir la lucha por la adopción de las reivindicaciones más unitarias posibles tanto como llamar a tal o cual forma de lucha según los momentos, aquí llamando a todos los sectores a la huelga. Oponerse a estas reivindicaciones inmediatas, hoy el aumento de los salarios frente a la explosión de la inflación entendida como migajas del pastel, la apropiación de toda la panadería como propone uno de los dos compañeros, equivale a avanzar como orientación inmediata, en las huelgas, las asambleas, los piquetes, ... la insurrección obrera, si queremos ser consecuentes con el objetivo. Pero... ¿el proletariado del Reino Unido ya está ahí? ¿En serio?

Realmente, ¿hay que llamar a los trabajadores en huelga en Gran Bretaña para que tomen toda la panadería a la espera del hipotético desarrollo futuro de las huelgas? ¿O no deberíamos, por el contrario, pedirles que compitan con los sindicatos por la iniciativa, el control y la dirección efectiva de la lucha, empezando a pedirles que se unan y extiendan las huelgas sin demora? ¿Cuál de estas dos orientaciones para un trabajador militante, o un grupo de trabajadores combativos, incluso revolucionarios? Porque es con este espíritu y esta voluntad, de proporcionar un arma de combate a cada trabajador combativo, un texto y unas orientaciones concretas e inmediatas que pueda leer y/o llevar a su lugar de trabajo, en asambleas, piquetes, etc. que escribimos nuestro volante.


RL, 30 de agosto 2022

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Notas:

[1. En francés “attentisme”, o sea “espectantismo”. También diríamos en español “una actitud de seguidismo” ante los acontecimientos… NdT.