Revolución o Guerra n°10

(Semestral - Septiembre 2018)

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Algunos comentarios y observaciones sobre el texto de la TCI

Algunos comentarios y observaciones sobre el texto de la TCI

Los siguientes comentarios están destinados a proporcionar algunas aclaraciones y elementos de reflexión sobre este texto de la TCI. Por lo tanto, tenemos la intención de responder de manera concreta, positiva y fraternal al llamado de esta última para « estimular una discusión entre los nuevos elementos que han llegado recientemente a la tradición de las ideas de la Izquierda comunista ». El texto muestra las posiciones clásicas de esta organización sobre la cuestión del partido con la que estamos esencialmente de acuerdo hasta el punto de que podemos hacer nuestra la presentación de Nuevo Curso : « Nos gustaría señalar en primer lugar los importantísimos elementos comunes: la coincidencia sobre el papel de la organización política, la función del movimiento "espontáneo" de la clase y la necesidad de la construcción del partido de clase para que la clase pueda constituirse en partido. Pero también los aportes que incorporan la experiencia desarrollada por los grupos políticos revolucionarios en los últimos cuarenta años » [1].
También saludamos el texto de la TCI porque participa de la lucha histórica por el partido y como tal es un momento de esta. En particular, compartimos la comprensión y la visión de la relación entre el partido y la clase proletaria que pertenece especialmente al legado histórico de la llamada Izquierda italiana, y tal como el texto las vuelve a hacer suyo : « Cuanto más coherente sea el mensaje político que transmite esta minoría [el partido o la Internacional], cuanto más se asocie a una forma organizativa coherente y más haga por operar dentro del resto de la clase trabajadora, más se convertirá en parte del movimiento vivo de la clase ». Sin embargo, es precisamente sobre este punto que queremos intervenir porque nos parece que esta comprensión dinámica de la relación partido-clase está en parte contradicha, o al menos debilitada, por ciertas insistencias del mero texto.
El artículo insiste principalmente, en varias ocasiones y en diferentes formulaciones, sobre dos características o dimensiones, necesarias para la constitución de la futura Internacional : los "vínculos directos con la clase" como condición sine qua non para « contribuir al verdadero movimiento de emancipación » ; y el hecho de que « no se llega a una unidad significativa [en el partido] sin un diálogo constante entre sus miembros ».

La presencia de la Internacional en el proletariado

Para nosotros, la primera dimensión debe entenderse más ampliamente que el único "vínculo o arraigo físico" en la clase. Ella se refiere a la capacidad política del partido para ponerse a la vanguardia política, es decir en prioridad en términos de orientaciones y consignas, del combate de clase. La relación del partido con la clase en su conjunto, que este texto de la TCI tiende a reducir a los solos « vínculos directos con la clase », es esencialmente de orden político y la mera "presencia física" de los revolucionarios, organizados en partido, en las masas proletarias no es suficiente, ni mucho menos, para fortalecer este vínculo. Esta presencia es tanto el producto como un factor de la influencia directa, es decir política, del partido en las masas proletarias. En última instancia, son las capacidades políticas y militantes – la voluntad y los esfuerzos de intervención y presencia política directa en la clase – del partido para ponerse a la vanguardia del combate político de clase, en cada momento de este, que permite el desarrollo real del vínculo entre los dos, el partido y la clase, y la influencia del primero en las masas.

« Presentando la máxima continuidad en la defensa del programa y en la vida de la jerarquía dirigente (por encima de las sustituciones personales de jefes infieles o desgastados), el partido desarrolla también el máximo de trabajo eficaz y útil para ganarse al proletariado para la causa de la lucha revolucionaria. No se trata aquí simplemente de producir un efecto de carácter didáctico sobre las masas, y mucho menos de la veleidad de exhibir un partido intrínsicamente puro y perfecto, sino de obtener precisamente el máximo rendimiento en el proceso real por el cual (como se verá más adelante) se efectúa el desplazamiento de la acción de un número cada vez mayor de trabajadores desde el terreno de los intereses parciales e inmediatos al terreno orgánico y unitario de la lucha por la revolución comunista, por medio del trabajo sistemático de propaganda, de proselitismo y sobre todo de activa participación en las luchas sociales. Cuando existe una continuidad semejante es posible no solamente vencer las vacilantes desconfianzas del proletariado hacia el partido, sino también encauzar y encuadrar rápida y eficazmente las nuevas energías adquiridas tanto en el pensamiento como en la acción común, creando la unidad del movimiento, que es una condición indispensable de la revolución » (Tesis sobre la Táctica conocidas como Tesis de Roma adoptadas por el PC de Italia en 1922, subrayamos [2])

La Internacional y la dinámica de la lucha de clases

Esta dimensión "presencia e influencia directa en la clase" se refiere también a la comprensión de la relación partido-clase y, más ampliamente, a la de la propia dinámica de la lucha proletaria. « El partido no es una entidad que se forma en el último minuto y no es algo que sólo aparece cuando tiene lugar una lucha. Tiene que ser parte de la vida de la clase pero sin sucumbir al cáncer del reformismo para hacer ganancias artificiales a corto plazo ». Esta formulación del texto de la TCI – la primera frase es del todo correcta en sí – nos parece confusa y ambigua al oponer, al menos al disociar, las luchas de la clase y la « vida de la clase » como dos momentos distintos. Desde el punto de vista comunista, lo esencial de la vida de la clase es "lucha" porque es movimiento, cualquiera que sea su expresión o forma, incluso su intensidad, período revolucionario, movilización masiva, huelga, demostración callejera, asamblea, comité, conflicto colectivo con el pequeño jefe, resistencia a las cadencias, discusión política individual entre un miembro del partido y un proletario en el lugar de trabajo o en otro lugar, etc.... « El concepto de clase no debe pues suscitar en nosotros una imagen estática, sino una imagen dinámica » (Partido y clase, PC de Italia, 1921 [3]). En este sentido, la distinción, incluso separación, entre la "lucha" y "vida de la clase" es por rechazar porque del contrario se arriesga caer en una visión metafísica, combatida por Lenin en su tiempo contra el economismo (¿ Qué hacer ?), del proletariado como clase y en una comprensión mecánica de la relación partido-clase.

Esta tendencia a une visión estática de la clase se expresa en las presentaciones rápidas y sumarias de la revolución en Rusia y de la huelga de masa de 1980 en Polonia en el artículo. Tienden a resumir el resultado de aquellos combates de clase a la sola presencia o ausencia del partido sin tomar en cuenta la mera dinámica de cada confrontación entre las clases – de la cual, por cierto, el partido y las minorías revolucionarias son un componente. No tendría interés, o sentido, destacar esta tendencia del texto – en descargo del redactor, es difícil resumir en pocas lineas esos dos acontecimientos – si no hubiese en ciertas ocasiones consecuencias prácticas en las tomas de posición de la TCI como, por ejemplo, sobre la cuestión catalana del otoño 2017. La primera toma de posición de la TCI, Cataluña: nacionalismos rivales contra la clase obrera [4], que denunciaba con razón la trampa nacionalista en la cual los independentistas catalanes como los unionistas españoles intentaban arrastrar al proletariado, dejaba la puerta abierta a que el paro de trabajo, la "huelga", nacionalista del 3 de octubre pudiera transformarse en un verdadero movimiento de clase, internacionalista pues, bajo la influencia del partido : « necesitamos una organización internacional, un partido, que pueda intervenir de modo efectivo en sucesos como la huelga en Cataluña para empujar la lucha más allá del control de los sindicatos y los partidos institucionales » (subrayamos nosotros). Considerar que un "movimiento" sobre el terreno burgués, en este caso en apoyo a la independencia de Cataluña, llamado por todas las fuerzas burguesas catalanistas hasta los izquierdistas y sindicatos anarquistas, CNT y CGT, y probablemente porqué obreros participaban en esta, pudiera ser empujado más allá y transformarse en una lucha obrera, revela esta tendencia a ignorar la propria dinámica de la lucha de clases, su proceso y su curso, a considerar la clase obrera como estática, de un punto de vista sociológico, como una materia muerta por ser moldeada por el partido. Como si bastase en este caso con rivalizar y competir con la influencia de las fuerzas nacionalistas e izquierdistas por la sola voluntad del partido y de sus miembros. Ciertamente, y ¡ bienvenido !, un segundo artículo de la TCI, On the Catalan ’Revolution’, – pero no traducido al español, tampoco al francés – corrigió este error destacando que « el proceso de consolidación dela independencia y unidad de la clase obrera no surge de una evolución espontánea de movimientos inter-clasistas, aún menos son una vía a seguir por el proletariado » [5].

La unidad política de la Internacional

La segunda dimensión se refiere a la homogeneización y unidad política del partido, de la Internacional. Uno de sus factores, entre otros y mucho menos importante que el programa o la plataforma política que el conjunto del partido ha adoptado, es la discusión y la confrontación de las posiciones y de las divergencias eventuales. Discusiones, debates y confrontaciones ’internas’ no son necesarias para respectar cualquier principio democrático en sí, sino para desarrollar lo mejor posible la vida interna del partido y favorecer así la clarificación política y el desarrollo de su unidad real – su homogeneidad política – la cual es indispensable para cumplir con la primera tarea, la dirección política efectiva de la lucha proletaria ; quiere decir para establecer el verdadero "vínculo directo con la clase". En particular, el combate para la clarificación y la homogeneidad políticas basa la comprensión de la disciplina proletaria o comunista no sobre una obediencia en sí a la mayoría democrática que solo puede ser un medio inmediato y limitado para zanjar los desacuerdos tácticos puntuales, sino sobre la convicción y la unidad política de los miembros del partido. « A nuestros ojos, el criterio democrático es hasta el presente un accidente material para la construcción de nuestra organización interna y para la formulación de los estatutos del partido : no es la plataforma indispensable. He aquí porqué nosotros no erigiremos en principio la conocida fórmula del "centralismo democrático". La democracia no puede ser para nosotros un principio, mientras que, indudablemente, el centralismo lo es, porque las características esenciales de la organización del partido deben ser la unidad de estructura y de movimiento. » [6] (El principio democrático [7], Partido comunista de Italia, 1922)

Estos dos factores o dimensiones, tales como son presentados por el texto – « mantener su contacto con capas más amplias de trabajadores » y « la discusión más amplia dentro de la Internacional » como, según el texto, única garantía de la homogeneidad y de « un acuerdo sobre una plataforma común y, en última instancia, un programa común » –, solo se puede tomar en cuenta si se los entiende como momentos del combate para el partido, y no como recetas organizacionales. Sólo bajo esta condición, son efectivamente indispensables para el desarrollo y, sobretodo, la eficacia del partido como órgano de dirección política del proletariado. Pero además que son nada más dos condiciones entre otras, y aún no las más importantes, la insistencia particular sobre ambas en este texto deja surgir concesiones a la ideología democrática ; por ejemplo en la formula según la cual, para conseguir la unidad de la Internacional, cabe establecer « un diálogo constante entre sus miembros » ; o aún en la que defiende que « la discusión y el debate preparan a cada miembro individual del partido para actuar autónomamente como un revolucionario ». Estas insistencias no son falsas en sí, ni por rechazar en sí aun cuando no son muy útiles para la resolución del problema de la homogeneidad política si se la entiende como proceso y combate. Pero tales como son presentadas por el texto de la TCI, tienden a reducir la homogeneidad política de la Internacional a la suma de sus miembros, quiere decir a partir de la « unidad-individuo », el núcleo de la mistificación democrática burguesa tal como fue criticada en su tiempo,1922, por el PC de Italia.

Una gran parte de los problemas teóricos y políticos que nuestras generaciones encuentran, o van a encontrar, fueron ya tratados y resueltos, no siempre por cierto, por las fracciones de izquierda salidas de la Internacional Comunista ; y, según nosotros, especialmente por la Izquierda italiana. Es por eso que acabamos estos comentarios demasiados rápidos con un pasaje de las Tesis de Lyon presentadas por lo que se había vuelto en 1926 la izquierda del PC de Italia en su congreso en Francia. Es cierto que en aquel entonces combatían la visión laborista o obrerista del partido desarrollada por la Internacional Comunista para "ganar a las masas" y justificar la política de "frente unido" con la social-democracia. Por supuesto, no es lo que avanza el artículo de la TCI del que nos permitimos aquí señalar ciertas debilidades. Pero destaca como la concepción de la relación del partido con la clase reducida a su simple relación "física" inmediata conduce a desviaciones oportunistas de orden democrático en el seno mismo del partido. En este sentido, esta citación invita a la reflexión sobre los peligros oportunistas que se esconden detrás visiones o comprensiones reducidas, mecánicas, no dialécticas, de la relación partido-clase y de la propria clase revolucionaria.

« La definición del partido como partido de la clase obrera tiene en Marx y en Lenin un valor histórico y finalista, no vulgarmente estadístico y constitucional. Toda concepción de los problemas de organización interna del partido que lleve nuevamente al error de la concepción laborista del partido revela una grave desviación teórica por cuanto sustituye una visión revolucionaria por una visión democrática, y atribuye más importancia a los esquemas utópicos de proyectos de organización que a la realidad dialéctica del choque de las fuerzas de dos clases opuestas; ella representa un peligro de recaída en el oportunismo » (Tesis de Roma, 1926 [8]).

RL, Agosto 2018.

¿ Qué hacer ? (Lenin)

« Cuanto más crece la lucha espontánea de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor, es el imperativo de elevar con rapidez la conciencia en la labor teórica, política y orgánica de la socialdemocracia. (...) La socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo para conseguir ventajosas condiciones de venta de la fuerza de trabajo, sino para destruir el régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos. La socialdemocracia representa a la clase obrera en sus relaciones no sólo con un grupo determinado de patronos, sino con todas las clases de la sociedad contemporánea, con el Estado como fuerza política organizada. Se comprende, por tanto, que, lejos de poder limitarse a la lucha económica, los socialdemócratas no pueden ni admitir que la organización de denuncias económicas constituya su actividad predominante. Debemos emprender una intensa labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política. »

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Notas:

[5. http://www.leftcom.org/en/articles/2017-10-23/on-the-catalan-%E2%80%9Crevolution%E2%80%9D. La rectificación de la posición inicial – ¿ de hecho o se asumió un debate adentro de la TCI ? – manifiesta tres cosas : que la TCI es una organización viva capaz de rectificar errores puntuales ; dos, que como organización viva, viene atravesada de manera permanente por comprensiones diversas provocadas por la presión constante de la ideología burguesa y pequeña-burguesa en el seno de las organizaciones comunistas ; tres, que esta visión estática de la clase y mecánica de la relación partido-clase sigue andando en sus filas y vuelve a surgir regularmente.

[6. No pensamos que el campo proletario en su conjunto pueda por el momento retomar y clarificar el debate de aquel entonces confrontando centralismo democrático y centralismo orgánico. Este último fue luego desarrollado por la corriente bordiguista en los años 1950 a menudo de manera caricatural. No le quita nada a la necesidad de reflexionar y reapropriarse del debate de los años 1920 y del método y lecciones avanzadas por la Izquierda italiana.