Revolución o Guerra n°18

(mayo 2021)

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Curso histórico y responsabilidades comunistas

« ¿De qué se trata, más precisamente? Se trata de destacar la oposición entre guerra y revolución, burguesía y proletariado; pero no de forma abstracta, con una fórmula comodín, sino con un nuevo curso de situaciones, propio de la fase extrema de la decadencia capitalista, donde el clima histórico queda permanentemente cargado de electricidad y donde la burguesía ya no puede vivir sin mantener un estado de guerra, mientras que el proletariado no puede estar sin plantear el problema de la revolución. » (Octobre #2, Tendances et contradictions de l’évolution capitaliste, marzo 1938, revista de la llamada Izquierda italiana, traducido del francés por nosotros)

El demócrata Biden y, con él, toda la burguesía estadounidense han lanzado una contraofensiva generalizada. ¿America is back de Biden? Defender a toda costa el liderazgo imperialista estadounidense contra la aspiración de China de convertirse en la potencia dominante, también imperialista. De repente, y con motivo tanto de la pandemia del covid-19 como de la llegada al poder de un nuevo equipo que sucede a Trump, el curso de los acontecimientos se ha acelerado brutalmente. La magnitud de la crisis económica exige hoy llevar la defensa de los intereses de cada capital nacional al terreno de la confrontación imperialista directa. Y esto es imperativo y urgente. Nadie puede escaparse de esto. Y, al igual que en tiempos de guerra, los déficits, las deudas, la ortodoxia monetaria, especialmente para el capital estadounidense con el dólar, la moneda de reserva del mundo, ya no importan. Reactivar la economía de guerra para ganar la carrera armamentística, antes de ganar la propia guerra. Los misiles nucleares chinos y rusos también pueden alcanzar a Estados Unidos, lo que hace más creíble la posibilidad de una guerra general. Que no quepa duda: la burguesía estadounidense no dudará en defender su dominación imperialista incluso a costa de una guerra nuclear generalizada. Pero que nadie dude que China, progresivamente estrangulada por la política de contención [containment] del capital estadounidense, estará tentada de anticiparse a la asfixia lanzando una especie de Pearl Harbour.

El demócrata Biden y la burguesía norteamericana imponen así su partitura y marcan el tempo para todo el mundo. Los enemigos están designados. El resultado es que todo el mundo capitalista se ve obligado a posicionarse a favor o en contra de los llamados autócratas antiliberales chinos y rusos, a favor o en contra de las democracias occidentales. Se están poniendo en marcha los temas ideológicos indispensables para la guerra imperialista generalizada. Al señalar al enemigo, Estados Unidos bloquea cualquier deseo europeo de soberanía autónoma – autónoma de Estados Unidos – y obliga a sus principales potencias, incluida Francia, tradicionalmente reacia, a alinearse dentro de... la OTAN.

De confirmarse, esta polarización entre China y Estados Unidos tendría consecuencias, por el momento difíciles de definir con precisión, sobre la capacidad del proletariado internacional para oponerse a la guerra y emprender la vía revolucionaria. Las experiencias históricas de sus fracciones europea, norteamericana y china son diferentes. Para convencerse de ello, basta con constatar la ausencia – que sepamos – de grupos comunistas en China, los únicos capaces de materializar y expresar el indispensable internacionalismo proletario que puede hacer vacilar a la clase dominante y movilizar eficazmente al proletariado.

El estado de dispersión y la debilidad numérica de las fuerzas comunistas internacionales también dice mucho sobre la realidad de la actual relación de fuerzas entre el proletariado internacional y el capital mundial. Pero lo más grave es que las vacilaciones y confusiones políticas de estas fuerzas, del campo proletario o partido en devenir, son en sí mismas preocupantes: vacilaciones para trabajar con decisión y sin sectarismo por el reagrupamiento real, es decir, en la claridad política, de las fuerzas comunistas internacionales que tienden a surgir ; confusiones ante la situación histórica y ante las campañas y maniobras ideológicas y políticas de la burguesía – sobre todo, las que lleva el izquierdismo.

Ya ha comenzado el fin de las medidas sociales que acompañaban a los confinamientos en algunos de los países más ricos. Inevitablemente, la ira y la combatividad proletarias existentes se expresarán. Por muy desorientado y pasivo que esté el proletariado en estos momentos, la capacidad de los grupos comunistas para orientarse y, por tanto, para plantear orientaciones políticas y consignas, es y será un elemento y factor material en los enfrentamientos masivos entre clases que la crisis y la guerra están precipitando. Mantener la fidelidad a los principios comunistas, que es indispensable, no será suficiente. Todavía es necesario hacerlos vivir. Actualizar no los principios comunistas que son invariables, sino su declinación frente a las cuestiones de hoy es un momento crucial de la lucha por la constitución del partido político del proletariado. Establecer una evaluación crítica de las plataformas políticas de los años 70 y 80 de los principales grupos de la Izquierda Comunista es también necesario para el establecimiento de la unidad entre los principios y las tácticas de partido para el período que se inicia.

El huracán se acerca. La carrera entre la marcha hacia la guerra y la reanudación de las luchas proletarias está iniciada. ¿La consigna de partido para mantener el rumbo? Saber maniobrar en los violentos vientos que soplan, la táctica, sin perder de vista la brújula de los principios comunistas.

Revolución o guerra, 4 de mayo 2021

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