Revolución o Guerra n°9

(Semestral - Febrero 2018)

Aviso : No pudimos hacer verificar los artículos de este numero de la revista en español por compañeros de idioma castellano lo cual puede dificultar su lectura y, peor aún, provocar errores políticas. En tal caso, llamamos nuestros lectores a que se refieren a la versión francesa.

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La situación en España y la cuestión catalana

La cuestión del independentismo catalán llamó la atención internacional a lo largo del otoño 2017. En el momento de escribir, el conjunto de las fracciones de la burguesía española no han logrado resolver el problema tras las elecciones catalanas del 21 de diciembre las cuales recondujeron una mayoría parlamentaria independentista. No podemos aquí volver sobre un análisis detallado de las dificultades particulares con las cuales la burguesía española se enfrenta. Las debilidades y las contradicciones históricas proprias a cada burguesía nacional resurgen abiertamente a causa de las presiones crecientes que ejercen los efectos y consecuencias, diversas y varias económicas, imperialistas y políticas, de la crisis económica del 2008. Es obvio que a su turno la clase dominante española se encuentra directamente confrontada con la necesidad de adaptar su aparato de Estado. Los cambios y las reconfiguraciones de los aparatos políticos, incluso de los equipos y personalidades, se imponen en todas partes como lo muestran las últimas elecciones francesa y alemana – sin hablar del Brexit y de la elección de Trump.

Los tres textos a continuación proporcionan, nos parece, unos elementos de análisis, por cierto incompletos, que pueden ayudar a la reflexión sobre los retos particulares con los cuales se encuentra el capitalismo español. Pero ante todo, cabía advertir a la clase obrera contra los intentos para alistarla detrás la bandera de una República Catalana, luego contra los, opuestos, que la llamaban a manifestar para “la unidad de España” tan en Cataluña como en todo el país. En efecto, contrariamente a otras manifestaciones de nacionalismo en Europa, en particular en la Europa del Este, el nacionalismo catalán tiene la particularidad, histórica, de no ser de derecha o extrema-derecha pero de presentarse como de izquierda, incluso de extrema-izquierda con el partido CUP miembro del bloque parlamentario catalanista, anti-monárquico y pro-republicano. Es así que, el 3 de octubre, las principales fuerzas políticas catalanistas y los principales sindicatos, incluso de extrema-izquierda y anarquista como la CNT, llamaron los obreros a un paro en apoyo al independentismo. La situación presentaba pues el peligro de ver fracciones del proletariado más o menos importantes dejarse arrastrar sobre el terreno de la burguesía en enfrentamientos nacionalistas directos u indirectos.

El comunicado (a continuación en esta misma página) que habíamos publicado el 13 de octubre 2017 introducía una toma de posición del grupo británico de la Tendencia Comunista Internacionalista (www.leftcom.org) : la CWO. No tenemos el espacio para reproducirla de nuevo en este número (el lector podrá encontrarla en español sobre nuestro sitio : http://igcl.org/Comunicado-sobre-la-situacion-en). La toma de posición de la CWO advierte los proletarios contra cualquier participación a un campo nacionalista en nombre del internacionalismo proletario. En vez de producir “nuestra propria” toma de posición, nos pareció más útil que las fuerzas comunistas hablasen de una sola voz en esta ocasión aun cuando no eramos completamente de acuerdo con la hipótesis del artículo según la cual las « asambleas locales (pudiesen reflejar) chispas de auto-organización obrera ». En realidad, creer que un “movimiento” sobre un terreno burgués y nacionalista pudiese transformarse en un movimiento de clase porque los obreros serían “auto-organizados” sobre su puesto de trabajo es una ilusión peligrosa y manifiesta una tendencia hacia la fetichismo de la auto-organización que la Izquierda comunista italiana había combatida en su tiempo contra Gramsci. Y es aún más políticamente confuso y peligroso el creer que los revolucionarios pudiesen « intervenir de modo efectivo en sucesos como la huelga en Cataluña – para empujar la lucha más allá del control de los sindicatos y los partidos institucionales » como si fuese un verdadero movimiento de clase “simplemente” controlado y contenido por los sindicatos mientras se trataba de un “movimiento” nacionalista burgués. En este caso, los revolucionarios “nada tienen que empujar” pero todo que denunciar y deben llamar los trabajadores a romper con este terreno y este movimiento. Esperamos poder debatir y clarificar este punto con la TCI.

El secundo texto, ¿ Cómo salir del "día de la marmota" de las elecciones catalanas ?, presenta la toma de posición del blog de Nuevo Curso (www.nuevocurso.org) de España que reproducimos a continuación luego de los resultados de las elecciones parlamentarias del 21 de diciembre qui recondujeron la mayoría catalanista al Parlament de la Generalidad de Cataluña, para disgusto del gobierno español de Mariano Rajoy. Este resultado expresa el fracaso de su Partido Popular, procedente del franquismo, y las contradicciones y debilidades del capitalismo español. Sin embargo, la emergencia de un nuevo partido, Ciudadanos, y su éxito electoral al detrimento del PP, anuncia que las fracciones las más clarividentes de la burguesía española se preparan para deshacerse del viejo aparato político en beneficio de un nuevo personal. ¿ Ya no se presenta a Rivera, el líder de Ciudadanos, como el Emmanuel Macron español ?

17 de enero 2017

Comunicado sobre la situación en España y Cataluña (13 de octubre 2017).

¿ Hasta donde puede llegar el conflicto nacionalista entre Madrid y Barcelona ? ¿ Hacía un nuevo 1936 ? Cuáles son los retos y riesgos para el proletariado en España y en Cataluña ? ¿ Y para el proletariado internacional ? El artículo de la Tendencia Comunista Internacionalista (www.leftcom.org) que reproducimos a continuación [1] indica la posición que la clase obrera debe adoptar en esta circunstancia reafirmando el principio comunista según el cual « los trabajadores no tienen patria ». El proletariado en Cataluña no debe dejarse arrastrar y dividir entre nacionalistas catalanes y españoles. El proletariado en España no debe dejarse arrastrar en la defensa de « la indisoluble unidad de España » ; ni aun detrás la bandera, a menudo sacada hoy en día en las calles de Madrid, de una República española cuyas manos no son menos tachadas de sangre obrera, los 3000 mineros asesinados en las Asturías en 1934 para mencionar su mayor hazaña, que la monarquía democrática. No olvidemos que fue establecida por el franquismo. Otra vez, como en 1936-1939, serían los proletarios quienes pagarían el precio lo más caro.

La situación actual puede acabarse en una nueva bufonada del nacionalismo pequeño-burgués catalán después la del 6 de octubre 1934 cuando el Presidente de la Generalitat de Catalunya Lluis Companys declaró, ya, la independencia de la República catalana contra « las fuerzas monárquicas y fascistas » (El País, 7 de octubre 2017). Esta república vivió apenas unas diez horas. O bien, más grave, podría desencadenar a plazo en un verdadero enfrentamiento sangriento a semejanza precisamente de 1936. “Técnicamente” si se puede decir, las fuerzas nacionalistas y democráticas ya están alineadas por ambas partes para tal final. Ahora bien, en tal caso no es seguro que las demás clases dominantes europeas e internacionales no tendrían interés – saber si serían conscientes o no es secundario – en dejar empeorar la situación. Dada la situación presente del mundo capitalista, sus contradicciones económicas (como lo recuerda la TCI) e históricas, la necesidad y la perspectiva de un enfrentamiento con el proletariado internacional para infligirle una serie de derrotas históricas se vuelven más y más apremiantes con miras a abrir “a lo mejor” la vía hacía la guerra generalizada. Y no se puede excluir que la idea de un “remake” del sangrado español de 1936 y de la derrota ideológica, política e física del proletariado de aquel entonces que había abierto definitivamente el camino hacía la 2a Guerra mundial, no esté presente entre las fracciones de las clases dominantes las más conscientes de los retos históricos.

Por eso, la participación en apariencia relativamente masiva de los obreros en la huelga general del 3o de octubre pasado “contra la represión española” llamada por los sindicatos, incluso los sindicatos izquierdistas y anarquistas CGT y CNT, es una mala señal. Por eso la presencia activa y el radicalismo radical independentista del grupo de extrema-izquierda catalanista CUP es peligroso. Al igual que la postura, en apariencia “mediador”, de Podemos que llama a la vez por un nuevo referéndum y la destitución del gobierno Rajoy « para salvaguardar la unidad de la patria ». Los obreros en España como en Cataluña no tienen ninguna ilusión sobre la política de clase de Mariano Rajoy, tampoco sobre el Rey quien “salió de su reserva” para apoyar el primero, y no olviden tampoco su filiación directa con el franquismo. No son ellos quienes pueden convencerlos de alistarse con el terreno nacionalista y por la defensa de la democracia republicana. Pero definitivamente las fuerzas de izquierda llamadas “radicales”, sí lo pueden hacer : Podemos, CUP, Catalunya en comú de la alcaldesa de Barcelona, los sindicatos CGT, CNT, CCOO, etc.

Si esta participación obrera debía confirmarse como aparece haber sido el caso el 3o de octubre, permitiría al conjunto de la burguesía española (incluso catalana) entablarse aún más en el enfrentamiento nacionalista. Entonces, y en la medida que tal conflicto no se desarrollaría en un país “periférico” tal como el Kurdistán donde los independentistas kurdos apoyado por gran parte del izquierdismo y anarquismo internacional van a sufrir una nueva canecería , una nueva “guerra de España” significaría una primera derrota histórica de una fracción importante del proletariado europeo. Significaría que la burguesía internacional quiere de manera absoluta abrirse ahora mismo el camino a la guerra imperialista generalizada. En este sentido, la Cataluña de hoy en día sería un tipo de “remake” del 1936 con la diferencia de que sería la primera derrota y no la última. La alternativa Revolución o Guerra generalizada no sería resuelta por este simple hecho pero la opción capitalista, la guerra, marcaría un primer gol en las confrontaciones masivas entre burguesía y proletariado que se abren a nivel internacional.

El GIIC, 13 de octubre 2017.

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