Revolución o Guerra n°16

(Octubre 2020)

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Tampoco pudimos traducir, por falta de fuerzas, el sumario completo de la revista en inglés y francés. Nada más publicamos los artículos que tratan directamente o indirectamente, la situación en los Estados Unidos por ser, acorde con nosotros, la cuestión central en la situación mundial actual.

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Manifestaciones callejeras y campaña electoral en América : la falsa oposición racismo-antiracismo y la amenaza que presenta al proletariado internacional

Estamos asistiendo al desarrollo de una peligrosa dinámica de acontecimientos en los Estados Unidos. El terror de Estado no se ha detenido, ni mucho menos. La policía sigue matando y mutilando con el uso sistemático de la fuerza. El último acto de violencia fue el disparo a quemarropa en la espalda de un hombre negro delante de sus tres hijos en Kenosha, Wisconsin, que provocó su parálisis de cintura para abajo. Tras el asesinato de G. Floyd por la policía en mayo, comenzó un gran movimiento de manifestaciones que culminó a principios de junio [1]. En Portland, Pregón, las manifestaciones continúan desde mayo. La administración Trump, tras haber fracasado en su intento para desplegar las fuerzas militares americanas para sofocar las protestas, envió agentes federales a Portland, donde estos, aparentemente vestidos de camuflaje pero sin insignias, arrestaron a los manifestantes sin decirles sus derechos, en un ejercicio manifiesto de intimidación. Estos agentes federales son apoyados por grupos armados de extrema derecha, que esencialmente han recibido la aprobación verbal de Trump. Han muerto personas en enfrentamientos entre manifestantes y milicianos de derecha. Un partidario de Trump de 17 años y miembro de la milicia de extrema derecha Patriot Prayer disparó a dos manifestantes y mató a un tercero. Más recientemente, un miembro de Patriot Prayer fue asesinado a tiros.

Estos acontecimientos dan desgraciadamente peso a la advertencia que habíamos hecho en nuestro anterior Comunicado conjunto con el GCCF sobre el peligro de que sectores combativos de la clase obrera se vean arrastrados a un enfrentamiento sangriento en el terreno de una falsa oposición entre fascismo y antifascismo o racismo y anti-racismo, etc., lo que amenazaría con sabotear una respuesta proletaria a la crisis del capitalismo y los consiguientes ataques a las condiciones de vida de los trabajadores. La clase obrera se enfrenta a despidos, recortes salariales, deterioro de las condiciones de trabajo, expulsiones masivas, todo ello exacerbado por la pandemia que, sólo en los Estados Unidos, amenaza con matar a 400.000 personas de aquí a enero.

Ha surgido una ’zona autónoma libre de policía’, la Zona Autónoma de Capitol Hill (Capitol Hill Autonomous Zone , Chaz), en Seattle, Washington. En esta zona autónoma, que es tanto una manifestación callejera como un festival cultural, se intentó realizar un experimento de política prefigurativa [2] con participantes comprometiéndose con la autodisciplina y a la jardinería comunitaria, entre otras actividades. Además, se tomaron fotografías de manifestantes blancos imponiendo un espacio de seguridad reservado sólo para los negros, en un ejemplo llamativo de segregación racial progresiva (sic). Existe un vínculo entre esta ’zona segura’ racialmente segregada en el Chaz, el grotesco cartel [3] que hizo circular (y que luego se retiró ante las reacciones) el Smithsonian National Museum of African American History and Culture sobre la llamada ’cultura blanca’, y las sesiones de capacitación obligatoria de concienciación sobre la segregación racial en los lugares de trabajo de los Estados Unidos; los tres tienen el efecto de socavar la solidaridad de clase y sustituirla por la colaboración de clase. La Chaz terminó trágicamente cuando un manifestante armado, que estaba dando seguridad a la manifestación, mató a dos adolescentes negros como resultado de una identidad equivocada. Después de eso, la zona se disolvió y los participantes sin duda se desmoralizaron al ver que una manifestación organizada para denunciar la violencia policial contra los negros americanos terminó con la muerte a tiros de dos adolescentes negros inocentes.

Es muy instructivo considerar el tamaño y la composición de las manifestaciones. Según una encuesta realizada por Civis Analytics, una empresa que trabaja para las campañas electorales del Partido Demócrata, a finales de junio 23 millones de personas (el 9% de la población total de los Estados Unidos) habían participado en las protestas. La misma encuesta reveló que la mayoría de los participantes eran menores de 35 años y que el nivel de ingresos más común era el de las personas que ganaban más de 150.000 dólares al año [4], aproximadamente 2,5 veces el ingreso medio en los Estados Unidos. Esta encuesta proporciona pistas sobre el público al que va dirigido el libro de Robin DiAngelo White Fragility [Fragilidad Blanca], que afirma que los estadounidenses blancos ’progresistas’ se benefician del racismo sistémico y participan activamente en él. Es el número 2 en la lista de best-sellers del New York Times en la categoría de libros de no ficción en el momento de escribir este artículo. ¿Cuáles son, entonces, las implicaciones de estas protestas para la clase obrera en los Estados Unidos y en todo el mundo?

Desde la publicación de nuestro comunicado conjunto con el GCCF sobre las manifestaciones contra la violencia policial en los Estados Unidos, los acontecimientos han confirmado el papel activo y reaccionario del identitarismo racial y del anarquismo en las luchas sociales de América del Norte. Aunque con retraso respecto a los acontecimientos sobre el terreno – en el momento en que emitimos nuestra declaración, el dominio de la izquierda capitalista sobre las manifestaciones ya estaba en marcha – la declaración tuvo el mérito de proporcionar una orientación que animó a los proletarios atraídos por las manifestaciones a luchar en su propio terreno y advirtió que el identitarismo de izquierda sería explotado por la fracción demócrata de la clase dominante americana. A continuación intentaremos aclarar nuestra posición sobre los acontecimientos en curso y responder a algunas de las críticas que hemos recibido de los camaradas, así como a otras que se sitúan en lo que llamamos el ’pantano’ entre el izquierdismo y el medio revolucionario.

Ideología y campañas burguesas

A pesar del carácter confuso e interclásista de las primeras manifestaciones, y del terreno manifiestamente estéril en el que finalmente tuvieron lugar, es indiscutible que inicialmente representaron una revuelta espontánea y popular contra décadas de terror estatal. Argumentar, como algunos han hecho en comentarios non publicados, que los acontecimientos se redujeron totalmente a una campaña ideológica burguesa desde el primer día es acercarse a una visión verdaderamente conspirativa del alcance del control de la clase dominante. Por otra parte, somos conscientes de que aunque la policía es un aparato represivo del Estado cuya función es mantener un sistema de dominación de clase, el terreno en el que se produce una respuesta a la violencia policial es importante. Es evidente que la clase dominante, especialmente sus fracciones de izquierda, desde el Partido Demócrata hasta sus partidarios como Black Lives Matter, los izquierdistas radicales y los anarquistas, ha respondido con rapidez y éxito para imponer un terreno democrático-burgués y una campaña centrada en ’detener la financiación de la policía’ [defund the police] y polarizar los antagonismos sociales en torno al eje de la raza. Comprender que es imposible abolir la policía sin abolir las relaciones sociales que producen la necesidad de su existencia, significa que podemos ver más allá de las soluciones mistificadas que ofrece el identitarismo, que sólo el proletariado puede cuestionar seriamente el Estado y su aparato represivo.

Un acontecimiento nuevo durante la Chaz de Seattle, corroborando nuestra anterior declaración de que la policía no puede ser abolida bajo el capitalismo, sino sólo rebautizada, fue la contratación de empresas de seguridad privada como Fortress Security por parte de los propietarios de negocios en Seattle. Según un copropietario de una de esas empresas, los servicios de la empresa, cuyos empleados tienen en gran medida antecedentes militares y policiales, tuvieron una gran demanda durante las manifestaciones [5]. Si se hubiera satisfecho la demanda de los manifestantes de que se recortara la financiación de la policía de Seattle en un 50%, cabe suponer que el mercado de estas empresas de seguridad habría crecido considerablemente en la ciudad.

Lo que ha caracterizado a la mayoría de los movimientos en los últimos tiempos, en América del Norte y en otras partes, es la ausencia de un proletariado que actúe como sujeto político independiente. En su forma más lograda, esto se traduciría en la existencia de una vanguardia política de la clase obrera que intervendría activamente en las luchas de la clase obrera y que sería capaz de luchar eficazmente por una alternativa, no sólo advirtiendo del peligro de dejar que los proletarios se vean arrastrados por las formaciones burguesas y de izquierda del Estado, sino también y sobre todo llamando a los proletarios a desarrollar su propia lucha como proletarios y no como ’americanos o negros’. Sólo un terreno proletario puede dar una respuesta clara y eficaz a la represión estatal masiva y a los asesinatos policiales. El proletariado tampoco ha podido defender sus condiciones de trabajo y de vida de forma mínima, excepto en raras ocasiones. No es de extrañar, pues, que este vacío, tanto en lo que se refiere a la influencia política proletaria de una vanguardia política como a la dirección de las luchas sociales por el proletariado en su conjunto, haya favorecido la recuperación de las revueltas populares contra la represión estatal de las facciones burguesas y de la izquierda. Sin la dirección de las revueltas populares por el proletariado, no puede dejar de ocurrir exactamente lo que hemos visto: manifestaciones simbólicas de una minoría de iconoclastas de izquierda en vías de desaparición, preocupados sobre todo por la estética, y o bien indiferentes (si somos caritativos) o abiertamente hostiles a la clase obrera como tal. La actividad de estos iconoclastas consiste en tratar de participar en combates callejeros con milicias armadas proto-fascistas y en derrocar estatuas, incluyendo las de los líderes de la segunda revolución burguesa mundial [6]. Sin embargo, creemos que hubo una ventana de oportunidad – al comienzo de las manifestaciones, cuando los trabajadores de los restaurantes y los conductores de autobuses, por ejemplo, se negaron a obedecer las órdenes de la policía – en la que los proletarios atraídos por la revuelta popular podrían haber sido inducidos a moverse en un terreno explícitamente proletario de huelgas y demandas de clase, promoviendo así la difusión generalizada de la lucha a gran escala. Hoy en día, el potencial de tal desarrollo está definitivamente agotado.

La ausencia de cualquier movimiento significativo de la clase proletaria como tal y de una vanguardia política efectiva significa que las ’ideas predeterminadas’ del capitalismo – la ideología burguesa – están destinadas a burbujear y a hacerse prominentes. La condición de la ideología burguesa en sus diversas formas como ’sentido común’ de la época no depende fundamentalmente de la realización de campañas ideológicas. Más bien, la ideología es una consecuencia de la reificación [cosificación, ndt] de las relaciones capitalistas, la apariencia de que las relaciones entre las personas son relaciones entre las cosas. Debido a este carácter de la ideología, pretender que la tarea de la vanguardia revolucionaria es simplemente disipar las mistificaciones que oscurecen nuestra visión de la realidad es restringir severamente el campo de actividad de la vanguardia revolucionaria y desviarla de su tarea principal, que es convertirse en la dirección efectiva de la clase obrera en lucha, proporcionando orientaciones que correspondan tanto a las demandas objetivas inmediatas de la lucha como a los intereses históricos de la clase. En situaciones de lucha de clases explosiva, los portadores de las orientaciones revolucionarias, eventualmente militantes del Partido, deben asumir la dirección de los órganos creados por la clase obrera para coordinar su lucha y eventualmente ejercer su poder de clase. La clase obrera no irá ’espontáneamente’ más allá del capitalismo porque sus ilusiones se harían añicos, ya que estas ilusiones son, en gran medida, un producto espontáneo de la reificación.

Sin embargo, sería erróneo considerar que las campañas ideológicas burguesas no se producen o no son significativas. Es importante señalar aquí que la lucha de clases no debe entenderse simplemente como la lucha de la clase obrera, sino como la lucha entre clases. La clase dominante también está librando una guerra de clases contra el proletariado. Para ello, se apoya en los aparatos represivos del Estado, como la policía y la justicia, pero su arsenal también incluye armas más sutiles, como los aparatos ideológicos (por ejemplo, los medios de comunicación, el sistema educativo, etc.) y las formaciones políticas de izquierda que llevan a los proletarios a diversos callejones sin salida. Esto es exactamente lo que la clase dominante americana y su aparato de Estado desarrollan hoy contra el proletariado, tomándolo como una pinza entre una izquierda, el Partido Democrático antirracista, y una derecha detrás de Trump, que se presenta como el defensor del orden público, sirviendo como un idiota útil a la izquierda con su lenguaje y acciones provocativas.

El papel y el carácter del izquierdismo contemporáneo en América del Norte

Las formas de izquierdas que enfrentamos hoy en este continente son el anarquismo y el identitarismo. El maoísmo y el estalinismo simplemente ya no son relevantes, e incluso las formaciones políticas que se adhieren oficialmente a las llamadas tradiciones marxistas-leninistas han integrado plenamente el identitarismo (interseccionalidad, teoría del privilegio) [7]. Por lo tanto, nos sorprende ver cómo importantes grupos de la Izquierda Comunista se adaptan a esta nueva tendencia y coquetean con posiciones anarquistas e identitarias en lugar de denunciar claramente estas formaciones y tendencia identitaria como el medio concreto por lo cual algunos de los sectores más combativos del proletariado podrían ser llevados a un callejon sin salida o provocados a una confrontación sangrienta en la falsa dicotomía entre fascismo y antifascismo, racismo-antiracismo, etc. Vemos, por ejemplo, que la CCI reafirma su anterior distinción entre anarquismo ’oficial’ y ’no oficial’, siendo este último supuestamente revolucionario [8], y también hemos visto a la TCI defender la posición de que no existe una distinción fundamental, es decir, de clase, entre el anarquismo y el marxismo, ya que estas dos tradiciones tienen supuestamente una corriente revolucionaria y otra contrarrevolucionaria [9]. Esta última posición abre la puerta a la visión de que el liberalismo radical (o sea el anarquismo) es hoy parte del movimiento de la clase trabajadora y que el estalinismo es una evolución del marxismo y no su completa negación y traición.

Para ver con qué habilidad las fracciones demócratas e izquierdistas de la burguesía americana adaptan y nutren esta tendencia identitaria para sus propios propósitos, uno puede referirse a los elogios de Obama al difunto John Lewis, un ex miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos [Congresista y compañero de Martin Luther King en los 1960]. Dijo que "la gente común sin riqueza... puede unirse y superar la injusticia", y llamó a la gente a votar como una de las condiciones necesarias para alimentar la democracia. Añadio que habría una continuidad orgánica entre la desobediencia civil y las elecciones. Hay que recordar que uno de los objetivos declarados de Black Lives Matter es animar a la gente de color a votar. Esta palanca de identidad tampoco es particularmente nueva. En su campaña electoral de 2016, Hillary Clinton decía que el racismo sistémico estaba en el centro de los problemas que se combinaron para crear la crisis del agua en Flint, Michigan. La falta de agua corriente limpia para el consumo humano en Flint se debía al racismo sistémico y no a la crisis estructural que ha asolado al capitalismo mundial desde el decenio de 1970, que ha ido acompañada de militarismo y de la erosión del nivel de vida y de la infraestructura. Es de esperar que la campaña de Biden-Harris se inspire en la misma estrategia identitaria.

Además, el grado de sinceridad de los militantes de izquierda, y su aparente radicalismo, es proporcional a su capacidad para hacer descarrilar al proletariado, porque lo que importa en última instancia no es la sinceridad de los militantes individuales sino los efectos objetivos de sus políticas puestas en práctica. Uno de los efectos objetivos de estas políticas puede ser el aumento del sectarismo racial. Estamos asistiendo a una formación obligatoria de sensibilización sobre la segregación racial en los lugares de trabajo de los Estados Unidos, y varias empresas – entre ellas McDonald’s, Amazon, H&M y Levis, por nombrar sólo las más conocidas – se están presentando como socialmente responsables y racialmente conscientes al promover la campaña Black Lives Matter [10]. Sin embargo, en manos del establishment del Partido Demócrata y de las elites empresariales, esta campaña tendría poco impacto si las identitarios liberales radicales (Antifa y BLM) que tienen la credibilidad necesaria, debido en gran parte a la incuestionable sinceridad de sus miembros, no ocuparan realmente el campo de la lucha.


Milicianos negros del NFAC (No Fucking Around Coalition, sic!)...

El peligro que algunos no ven es que las identitarios de izquierda reúnen a los proletarios en un terreno falso para luego ser aplastados por el martillo de la represión de la policía federal en conjunto con las milicias de derecha. Más tarde, tal vez bajo un gobierno democrático, se aprobaría una serie de leyes ’destinadas a corregir la desigualdad racial’ y se declararía una victoria para el progreso. Una derrota desmoralizante tendría un significado histórico e internacional debido a la importancia fundamental del proletariado en Estados Unidos para oponerse al empuje de la burguesía estadounidense hacia una guerra imperialista a gran escala. Si sectores combativos de la clase obrera estadounidense, llamados a formar la ’vanguardia industrial’, por ejemplo, fueran aplastados en un terreno falso y divididos según líneas raciales, podría dificultar mucho más la oposición, mediante huelgas en sectores estratégicos para la economía de guerra, por ejemplo, a la campaña de guerra del imperialismo estadounidense dentro de los propios Estados Unidos. Esto podría imponer una nueva relación de fuerza que tendería a resolver el dilema histórico a favor de una guerra imperialista generalizada. Para evitarlo, la clase obrera debe movilizarse en su propio terreno, porque así puede desarrollar una lucha de masas que amenazaría directamente la base fundamental de la sociedad capitalista, la producción de mercancías, y en el campo político plantea en última instancia la necesidad del ejercicio del poder estatal por medio de la dictadura proletaria. En las luchas, la vanguardia política de la clase obrera debe ser clara en denunciar el insidioso papel del identitarismo y el anarquismo para desviar al proletariado de su terreno de clase y llevarlo a callejones sin salida.


... y blancos marchando y enfrentándose en las calles de las ciudades americanas. Todos vienen armados con ametralladoras y se provocan unos a otros delante y con los ojos y el consentimiento de la policía y el Estado.

Observaciones finales

El reproche de que pasamos demasiado tiempo y esfuerzo demostrando el carácter reaccionario del izquierdismo pasa por alto el punto crucial de que estas son las ideologías a las que se enfrenta el proletariado. El falso amigo más importante hoy en día no es el izquierdismo de la época de la Guerra Fría, cuando la defensa de la URSS era obsoleta, sino precisamente el identitarismo y el anarquismo, las actuales formas burguesas de llevar al proletariado detrás de la mistificación democrática y el Estado, cualesquiera que sean las intenciones de los militantes individuales de izquierda. Hoy en día, en los Estados Unidos, esto llega a enfocar sobre la campaña presidencial, el terreno democrático, a favor y en contra del ’fascista Trump’, para animar a todo el mundo a votar. La crítica que se nos dirige también pasa por alto el hecho de que las luchas, más o menos explícitamente proletarias o interclasistas (populares), ya sea que se desarrollen en la calle o en el lugar de trabajo, cualesquiera que sean sus diferentes naturalezas y dinámicas, son espacios políticamente contestados en los que las organizaciones comunistas y el Partido deben intervenir para defender las perspectivas históricas de clase.

Como ya se ha mencionado, el terreno de la lucha de clases es un factor decisivo. La cuestión de la dinámica de la lucha de clases no puede reducirse simplemente a una cuestión de dirección política, aunque esta dirección política sea en última instancia una condición sine qua non de la revolución social. Las organizaciones políticas comunistas no pueden cambiar el terreno de clase de la movilización por la sola fuerza de voluntad. No podemos transformar una movilización basada en la identidad en una movilización proletaria, de la misma manera que sería imposible transformar un movimiento nacionalista en una movilización proletaria.

Existe una relación dialéctica entre la situación histórica objetiva y el factor subjetivo que se expresa en las luchas del proletariado y la actividad de las vanguardias revolucionarias. La influencia de estas últimas en el proletariado no sólo está en función de su fuerza numérica, sino también de la corrección de las orientaciones propuestas, del terreno en el que se movilizan los trabajadores, así como del contexto histórico objetivo en el que actúan. Todo depende de la dinámica de la lucha de clases, de si la burguesía se ve obligada por la crisis del capitalismo a intensificar la explotación (como ocurre actualmente) o si hay un período de relativa prosperidad, si estalla un desastre natural o provocado por el hombre al que la clase dominante responde con negligencia e incompetencia criminal, o por su insensibilidad (como ocurre actualmente), y toda una serie de otros factores, entre los cuales las iniciativas de la clase dirigente no son los menos importantes, la intervención de los revolucionarios tendrá una mayor o menor influencia en el curso de los acontecimientos.

Las políticas agresivas y provocadoras de la clase dominante americana – a través del uso de la violencia y las políticas de identidad – representan la primera batalla significativa de los enfrentamientos masivos de clase en los que nos encontramos ahora. En lugar de esperar a que el proletariado responda en su propio terreno de clase a la crisis económica capitalista que la pandemia ha hecho tan repentina y brutal, ha aprovechado la oportunidad de los recientes asesinatos policiales de negros para tomar la iniciativa política e ideológica de llevar las inevitables revueltas y disturbios sociales a su terreno de democracia/autoritarismo, racismo/antirracismo, privilegio blanco/negro, etc. En esta primera batalla, cuyos desafíos políticos van mucho más allá de la situación americana, el papel de las fuerzas revolucionarias es ya un punto crucial para el futuro y para el resultado de las confrontaciones internacionales masivas de clase que se están desarrollando.

Antes de que podamos considerar seriamente la posibilidad de convertirnos en una vanguardia efectiva, una vanguardia reconocida como tal por los trabajadores en lucha y capaz de ejercer una influencia decisiva en el curso de los acontecimientos, debemos lograr una unidad de principios entre los revolucionarios que sólo puede alcanzarse mediante un proceso de aclaración de los intereses históricos objetivos del proletariado y mediante una decantación simultánea de los elementos revolucionarios, que formarán entonces el Partido de clase, del pantano izquierdista e idealista.

Stavros, 2 de Septiembre 2020

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Notas:

[2. Según el Wikipedia español "El término política prefigurativa es un término de origen anarquista generalizado en diversos movimientos de activistas, y que, en resumen, se describe como los modos de organización y tácticas realizadas que reflejan con exactitud el futuro de la sociedad que se busca. Es un concepto relacionado al de acción directa y semejante al de ética de la acción. Los anarquistas se refieren a esto como ’la construcción de un nuevo mundo en la cáscara del viejo’, tomando un lema clásico de la IWW. Si es un grupo con el objetivo de eliminar las diferencias estratificadas de clase, la política prefigurativa exige que no haya diferenciación de clase dentro de ese grupo, por lo que hay que hacerlas a un lado. El mismo principio se aplica a la jerarquía: si un grupo lucha contra la supresión de algunas o todas las formas de jerarquía en la sociedad en general, la política prefigurativa demanda hacer lo mismo dentro de su grupo."

[4. Idem (NYT).

[6. Según una revisión de la historia que está de moda en los Estados Unidos, la Revolución Americana no tuvo un carácter progresivo.

[7. En lo que respecta al trotskismo, el Word Socialist Web Site (wsws.org), por ejemplo, ha sido una especie de excepción en lo que respecta a las campañas de identitarismo de la burguesía, ya que las ha denunciado con regularidad. Sin embargo, esto no cambia su carácter contrarrevolucionario, como lo demuestra su apoyo apenas velado al imperialismo ruso..

[8. ’Hace diez años, escribimos sobre el anarquismo internacionalista. Y defendimos las tendencias internacionalistas dentro del anarquismo como una expresión del internacionalismo proletario.’ Y luego citan el texto de aquella época: ’una parte del medio anarquista aspira sinceramente a la revolución y al socialismo, expresando una voluntad real de acabar con el capitalismo y el anarquismo’. (CCI, The Anarchist Communist Group Rejects Identity Politics... traducido por nosotros de la versión inglesa, https://en.internationalism.org/content/16885/acg-rejects-identity-politics-accepts-democratic-secular-state-israel).

[9. "La verdadera división no es tanto entre el marxismo y el anarquismo en sí mismo, sino entre los revolucionarios que ven un futuro como un colectivo cooperativo sin clases y sin Estado, y los que reivindican el título de marxista o anarquista pero que o bien defienden una versión distorsionada del capitalismo o bien son bastante felices de seguir un estilo de vida dentro de él sin cuestionar los fundamentos del Estado o la dominación de clase." (TCI, Marxism and Anarchism, traducido por nosotros del inglés, https://www.leftcom.org/en/articles/2013-11-09/marxism-and-anarchism).