Revolución o Guerra N° 1

(Febrero 2014)

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Tesis sobre la situación histórica

Aprobadas en la Conferencia de constitución del Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, Noviembre de 2013

Presentación de las Tesis sobre la situación histórica - Diciembre de 2013

Estas tesis se redactaron a fin de abrir una discusión entre dos elementos pertenecientes a la herencia programática de la Izquierda Comunista, y posteriormente participar en la fundación de un nuevo grupo en el seno de ésta. De hecho, este reagrupamiento entre la FICI y los CIK significa la supresión de dos grupos para constituir uno, que se inscribe de forma inmediata en el campo internacional, mas bien que en el local, y que desea favorecer la discusión en el seno de los elementos de la Izquierda Comunista; y ello a fin de participar en la elaboración del programa proletario. Porque quien dice programa del proletariado dice también necesidad del Partido de clase internacional e internacionalista: y dice también que ese Partido está cruelmente ausente en los momentos de grandes ataques de la clase capitalista sobre la clase obrera; en la hora de las medidas de austeridad aplicadas a escala planetaria; también en la hora en la que el proletariado se opone cada vez mas a estas medidas, por todo el globo, impidiendo a la burguesía imponer totalmente sus caprichos bélicos, mientras que sin embargo es incapaz de asumir por si mismo su responsabilidad histórica, al ser demasiado débil la conciencia de clase que le anima.

Así para participar en el reagrupamiento y en la elaboración del programa comunista hay que estar en disposición de poder instrumentar, en una primera etapa, un debate entre los elementos que comparten las posiciones marxistas a fin de favorecer el reagrupamiento en torno a estas posiciones. Esto es lo que la FICI y los CIK se han dedicado a hacer en el curso del último año, y que ha concluido positivamente en la creación de un nuevo grupo. Consideramos que es una etapa importante porque aquí no se trata de un grupo adhiriéndose a otro, (por ejemplo, el GIS a la TCI), sino más bien de dos grupos que decidieron preferible disolverse a fin de crear un nuevo ’órgano’. Por ello, el GIIC se inscribe en la perspectiva de un reagrupamiento aún más amplio, reclamándose de la corriente partidista.

Para ello nos hemos dotado de un documento de orientación, las Tesis sobre la situación histórica, en torno al cual discutir. Nos ha permitido la discusión seria y el acuerdo sobre las bases y la necesidad de un nuevo grupo. La actualidad que reflejan estas tesis redactadas en julio de 2013 puede haber evolucionado, pero su esencia permanece: decadencia del capitalismo, permanencia de la guerra burguesa, incapacidad momentánea para una u otra clase de imponer explíitamente su programa al día de hoy. Hoy vivimos el fracaso irreversible y definitivo del sistema capitalista, y el sobresalto abierto con la crisis de 2008 no ha sido mas que una confirmación. La única ’solución’ de la burguesía mundial es la guerra generalizada. Pero, para alcanzar este objetivo, les es necesario (como sucedió en las dos primeras guerras mundiales) no solamente preparar la próxima guerra, sino sobre todo derrotar al proletariado. Y esto implica necesariamente un enfrentamiento de clase de gran nivel. Esto es lo que hoy nos espera.

Diciembre 2013.


Tesis sobre la situación histórica- Julio de 2013
(Aprobadas en la Conferencia de constitución del Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, Noviembre de 2013)

1) « La historia de toda sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases » (Manifiesto Comunista, 1848). Estos últimos años y sobre todo la primera parte de 2013 han venido a verificar este principio esencial del marxismo, la teoría revolucionaria del proletariado. El año 2013, hasta la fecha ha conocido una agudización de las movilizaciones obreras y la cadena de países afectados aumenta y se propaga por todos los continentes, de Europa hacia Asia - España, Grecia, Portugal, Turquía...hasta China - en África - Egipto, África del Sur -, América - Brasil... - Esta dinámica de luchas y revueltas es la respuesta de la clase proletaria a los ataques cada vez mas fuertes que la burguesía de todos los países se ve obligada a realizar, de manera redoblada y simultánea tras los nuevos terribles sustos de la crisis abierta en el capitalismo en 2008, la llamada crisis de las ’subprimes’, y que posteriormente no ha hecho mas que aumentar y profundizarse sin fin. El capitalismo tiene urgencia por traspasar el peso de su crisis a la clase obrera, al igual que es urgente para cada capital nacional defender sus intereses contra otras naciones capitalistas dentro de una competencia cada vez mas exacerbada por el hecho mismo de la evolución de la crisis, y que solo puede desembocar en rivalidades capitalistas aún mas brutales y bárbaras hasta su suprema expresión: la guerra imperialista mundial. El capitalismo no puede ofrecer como perspectiva al conjunto de la humanidad más que una elección: guerra imperialista generalizada ó revolución comunista.

« La decadencia del capitalismo está marcada por la intensificación de las contradicciones inherentes a su naturaleza, por una crisis permanente. La crisis encuentra dos fuerzas sociales antagónicas en presencia, la burguesía, clase del capital, que vive de la plusvalía, y el proletariado cuyos intereses de clase explotada, que le impulsan a oponerse a su explotación, llevan a la única posibilidad histórica de superación de la explotación, de la competencia, de la producción de mercancías: una sociedad de productores libremente asociados. La crisis actúa sobre estas dos fuerzas históricamente antagónicas de manera diferente: impulsa a la burguesía hacia la guerra, y al proletariado hacia la lucha contra la degradación de sus condiciones de existencia. » (Revue internationale, n°15 de la CCI, 1978, El curso histórico).

En 2013, el plazo se aproxima y la alternativa histórica se adivina cada vez mas concreta y real para millares de seres humanos y para las clases sociales en presencia. Como el peso de la preparación de la guerra generalizada es soportado también por el proletariado, las luchas de resistencia de este contra los efectos de la crisis económica tienden simultáneamente a la oposición a la lógica guerrera. Por ello el curso de la lucha de clases pasa por enfrentamientos masivos entre ellas. Estos enfrentamientos también serán decisivos, porque a medida que la clase explotada y a la vez clase revolucionaria sea derrotada o no, la dinámica de la lucha de clases resultante de la nueva relación de fuerzas se orientará hacia un extremo u otro de la alternativa histórica. El proletariado, la clase del porvenir, detenta las claves del dilema histórico.

2) Desde 2008, las luchas obreras manifiestan una combatividad importante y masiva en todos los países. Pero están lejos de haber conseguido imponer una relación de fuerzas suficientes para obligar a la burguesía y a su Estado a retroceder, aunque sea una mínima parte, siquiera en un solo país, en sus ataques cada vez más brutales contra las condiciones de vida y trabajo de los proletarios. Hoy, los combates obreros están marcados - por diversos y variados que sean - por su debilidad a nivel político, es decir, esencialmente al nivel de la conciencia de clase. En particular, cuando los más débiles de movimientos no caen en un terreno burgués - por ejemplo, el de las diversas reivindicaciones democráticas como los movimientos en Túnez en 2011 y en Egipto o también como el movimiento de los ’indignados’ en España - son incapaces de asumir el combate político contra las fuerzas del Estado, especialmente contra aquellas presentes y activas en las filas obreras, como los sindicatos y los partidos de izquierda, a fin de tomar en sus manos la extensión, la unificación y su generalización.

Es una muestra de que la conciencia de clase está poco extendida entre las grandes masas obreras. En particular, el hecho de que la esperanza o la ’vaga idea’ de otra ’sociedad’ posible, es decir, del comunismo, haya sido borrada en gran parte de las conciencias obreras, no permite alimentar y guiar el indispensable combate político de clase, incluyendo las denominadas luchas ’económicas’ inmediatas y cotidianas, contra las fuerzas del Estado burgués. La perspectiva revolucionaria del comunismo, al ser la única portadora de la destrucción del orden capitalista, es indispensable para que la clase obrera pueda realmente adoptar y desarrollar de forma duradera los únicos métodos de lucha verdaderamente eficaces para la afirmación y el ’éxito’ de las luchas cotidianas y reivindicativas del proletariado. Efectivamente, estos métodos que se definen y están determinados por las consignas ’históricas’ de insurrección obrera, de destrucción del Estado capitalista y de dictadura del proletariado, rompen justamente con el orden capitalista en términos de contenido, de medio, de forma y de objetivo a cada episodio o momento, por mínimo que sea, de la lucha proletaria.

3) La minoría comunista, por su debilidad numérica, su falta de influencia en la clase y su dispersión es otro signo tangible de esta debilidad. Efectivamente, productos y factores históricos de la lucha de clase proletaria, los grupos y organizaciones comunistas, al igual que el partido comunista cuando existe, son las expresiones mas elevadas de la lucha de clases, y por ello la vanguardia política del proletariado; « desde el punto de vista teórico, tienen la ventaja sobre el resto de la masa proletaria de comprender las condiciones, la marcha y los resultados generales del movimiento obrero » (Manifiesto Comunista). Portadores conscientes de la perspectiva comunista y organizados en consecuencia, garantes de la vía y de los medios que llevan a ese desarrollo revolucionario, la realidad de su influencia y de su presencia, y muy especialmente la existencia real del partido en la clase obrera es a su vez una expresión de la realidad de la relación de fuerzas entre las clases, y del grado de extensión de la conciencia de clase. Pero como reflejo o producto de una relación de fuerzas entre las clases, las expresiones mas elevadas de la conciencia clasista deben convertirse en factor activo y primero de ésta, y de la evolución de esta relación de fuerzas, asumiendo y luchando por la dirección política de su clase.

« La lucha de clase proletaria exige una agitación concentrada, iluminando las diferentes etapas de la lucha desde un punto de vista único, y atrayendo en cada momento toda la atención del proletariado sobre las tareas que le interesan en su conjunto. Esto no puede ser realizado sin un aparato político centralizado, es decir, dentro de un Partido político » (Resolución sobre el papel del partido comunista en la revolución proletaria, 2° congreso de la Internacional Comunista, 1920).

Por eso, desde hoy, es responsabilidad particular de esta minoría política tender a unir sus fuerzas, no solamente para influir lo máximo posible sobre los actuales combates del proletariado, sino sobre todo para participar en preparar la formación del futuro partido de clase internacional e internacionalista.

La decadencia del capitalismo: guerra imperialista y crisis permanente

4) El estallido de la primera Guerra mundial en 1914 marca una ruptura radical en la vida del capitalismo. « Las contradicciones del sistema mundial, anteriormente escondidas en su seno, se revelan con fuerza inaudita en una formidable explosión: la gran guerra imperialista mundial (...) Ha nacido una nueva época. Época de desagregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado » (Plataforma de la Internacional Comunista, 1919). Tras casi un siglo, la segunda Guerra mundial y la permanencia de los conflictos locales a lo largo de todo el siglo XX, así como la sucesión y la naturaleza de las crisis económicas cada vez mas devastadoras han verificado ampliamente la afirmación de la teoría marxista, según la cual « en un cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, ó, lo que no es mas que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales permanecían mudas hasta ahora. De las formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se conviertes en ataduras. Se abre así una época de revolución social » (Prefacio a la Crítica de la economía política, Karl Marx). El capitalismo ha entrado en su fase de declive histórico, en su fase de decadencia.

5) Según esto, en las crisis cíclicas que conoce el capitalismo en su fase ascendente, cada « ciclo dividido en una sucesión de periodos de actividad media, de prosperidad, de sobreproducción, de crisis y de depresión » (Crisis y ciclos en el capitalismo agonizante, Bilan, n°10, Mitchell, 1934, órgano de la Fracción de izquierda del PC de Italia), se impone una crisis permanente caracterizada por un ciclo de crisis-guerra-reconstrucción-nueva crisis. Cada nueva ’rotación’ del ciclo se manifiesta por una nueva crisis ’económica abierta’ mas profunda y mas amplia que la precedente y por una nueva guerra imperialista aún mas devastadora y mas bárbara. En el período de declive, « el punto de ruptura del ciclo [ya no es] la crisis, ’solución momentánea y violenta que restablece momentáneamente el equilibrio roto’ (Marx) » (ídem) sino la guerra imperialista generalizada. El factor determinante de este ciclo infernal es el ’momento-guerra’ el que impone su dinámica a otros momentos del ciclo.

6) La guerra imperialista determina así todas las características que el capitalismo en declive debe adoptar. La primera de estas características, que aparece con fuerza para nunca desmentirse, es la creciente dominación del Estado sobre el conjunto de la sociedad y en particular en el aspecto económico. Las necesidades para asumir el esfuerzo de guerra durante el primer conflicto mundial han impuesto al capital el desarrollo y la dominación del capitalismo de Estado.

El ciclo propio de la decadencia no se ha desmentido desde entonces: crisis de 1929-segunda Guerra mundial-reconstrucción de posguerra-nueva crisis desde el final de los años 60 hasta nuestros días. La amplitud de las destrucciones de 1939-1945 explica en gran medida la duración del período de reconstrucción, los denominados ’30 Gloriosos’. Igualmente, el desarrollo del capitalismo de Estado explica en gran medida la ’lentitud’ del desarrollo de la crisis desde el fin de los años 60. En efecto, mediante medidas ’estatales’ que permiten burlar la ley del valor, las principales potencias imperialistas han conseguido retrasar y mantener en el tiempo, desde los años 70 hasta la actualidad, y en el espacio, desde el corazón histórico del capitalismo a toda la periferia, las primeras y mas evidentes manifestaciones de la crisis, antes de que volvieran hoy como un boomerang a golpearlas.

7) El capitalismo de Estado no es por tanto un factor de superación del estancamiento económico del capitalismo, sino, por el contrario, su expresión, y en fin, un factor agravante del mismo. « En realidad, la intervención desordenada del Estado no se realizaría más que para secundar la actividad perniciosa de los especuladores, para conseguir introducir la confusión mas completa en la economía capitalista, cuando esta se encuentra en su período de decadencia. Quitar a los trusts los medios de producción y de transporte para transmitirlos a la ’nación’, es decir, al Estado burgués, es decir, al más ávido y mas potente de los trusts capitalistas, no es detener el mal, sino convertirlo en ley común » (Manifiesto del 2° Congreso de la I.C., 1920)

El modelo mas perfeccionado de capitalismo de Estado no ha sido el ruso de la URSS, ni el chino de Mao Tse-Tung, sino el modelo norteamericano. Consiguiendo la mejor fusión del capital privado y del capital estatal, los Estados Unidos se han convertido en el modelo mas perfecto de capitalismo de Estado. Incluso los años de Reagan (1980) - santón del ’liberalismo económico’ - han manifestado una creciente dominación del Estado sobre todos los engranajes y todos los planes de la sociedad, empezando por la dimensión económica, sin ir mas lejos mediante el Banco Federal, su crédito, el endeudamiento y el uso del dólar, y mediante el desarrollo increíble del militarismo, en particular de la producción de armamento durante esos años, bajo su demanda y su dirección. El capitalismo de Estado es sobre todo la expresión de la única perspectiva que el capital puede ofrecer desde principios del siglo XX, debido a su incapacidad para resolver y superar su estancamiento económico: la guerra imperialista y la destrucción masiva de fuerzas productivas. Y también en este aspecto, los Estados Unidos son la expresión mas acabada.

8) La esencia de las medidas ’capitalistas de Estado’, que han conseguido retener en el tiempo y en el espacio las consecuencias de la crisis, no era de orden económico sino de orden político, aunque también se orientaran a responder a las consecuencias económicas de la crisis. La guerra, expresión del imperialismo dominante y respuesta política por excelencia, como único resultado, es la manifestación de la ausencia de cualquier solución a la crisis del capital. De esa manera, las medidas adoptadas desde finales de los años 60 y que en lo esencial han consistido (además de ataques masivos contra el valor fuerza de trabajo, es decir contra el proletariado) en un incremento generalizado y masivo del endeudamiento que ha permitido mantener artificialmente la economía capitalista, han vuelto a golpear con violencia en 2008 el núcleo histórico del capitalismo constituido por las principales potencias imperialistas, con una montaña de deudas generalizadas que no serán jamás reembolsadas. Esas medias estatales orientadas a responder a la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción capitalistas no han hecho más que trasladar en el tiempo la contradicción y agravarla más aún. Su estallido únicamente puede desembocar en la destrucción masiva, mediante la guerra imperialista generalizada, del exceso de fuerzas productivas que no pueden ser contenidas por las relaciones capitalistas.

9) La crisis que estalla en 2008 y las respuestas dadas por el capital son un condensado de las políticas económicas efectuadas por el capitalismo de Estado desde los años 70. El que los cinco últimos años resuman los cuarenta precedentes, que hayan conocido el mismo recorrido y los mismos proceso, manifiesta la amplitud y la gravedad de la crisis actual; la parálisis en la que el capitalismo se encuentra en el plano económico ante los vencimientos: los trucos con la ley del valor solo sirven para un tiempo, y éste está cada vez mas superado.

El estallido de la crisis inmobiliaria en EEUU en 2008 - por tomar solamente un ejemplo particular de la crisis del capital - ha sido la consecuencia de la creación de un mercado artificial a fin de sostener la actividad económica. Al endeudamiento de particulares que, a su término, eran incapaces de devolver su préstamo, ha venido a añadirse, de forma agravante y explosiva, la especulación financiera sobre los títulos de estas deudas, ¡ incluyendo aquellos valores que apuestan sobre la incapacidad de reembolso de los prestatarios ! Todo ello ha creado una burbuja financiera que ha acabado explotando y que ha puesto en peligro no solo aquellos bancos directamente implicados, sino todo el sistema bancario internacional al estar todo el sistema financiero comprometido en la especulación.

Que los capitales se orienten cada vez mas no hacia la esfera de la producción, sino hacia la esfera financiera y en gran parte especulativa, es una expresión particular de una de las contradicciones fundamentales e insolubles del capitalismo, y que el marxismo ha sacado a la luz: este fenómeno significa que la tasa general de beneficio, cuya tendencia es necesariamente a la baja - baja acelerada considerablemente estos dos últimos decenios por el desarrollo de la informática y de Internet - y que se ve agravada por la competencia en los mercados, es notablemente insuficiente para asegurar el indispensable proceso de acumulación de capital. Y ello a pesar de que - lo que en si mismo es un factor - el proletariado haya visto reventar su explotación así como la plusvalía que le es arrancada por el capital. El aumento, general y enorme, de la productividad del trabajo, uno de los medios que cada capitalista utiliza para hacer frente a la disminución de beneficios, no hace más que agravar y acelerar la tendencia al descenso de la tasa de beneficio general, exacerbando así la contradicción.

10) La respuesta que el capital ha dado a la crisis de 2008 y al riesgo de explosión del sistema bancario y financiero mundial que hubiera paralizado brutalmente toda la economía capitalista ha sido una respuesta ’política’, haciendo trucos otra vez con la ley del valor: los Estados han decidido reflotar los bancos, incluso nacionalizándolos, a fin de evitar la catástrofe inmediata. Una respuesta ’económica’, respetando la ley del valor, hubiera sido la de dejar caer los principales bancos mundiales en una cascada de quiebras. Únicamente la acción de los Estados podía permitir la adopción de estas medidas que no respetan las leyes económicas del propio capitalismo.

Pero esta respuesta, a su vez, no ha hecho más que agravar el mal desplazándolo a un nivel superior y ampliado, sin ni siquiera resolver la fragilidad de fondo de los abundantes bancos que permanecen bajo la amenaza de bancarrota y de desaparición. Ha tenido como consecuencia un endeudamiento multiplicado de los Estados, de todos los Estados en todos los continentes, que ya estaban fuertemente endeudados a causa de las políticas seguidas desde los años 70. La especulación se añade a lo que ya era en sí un problema para, a su vez, participar en su agravación y aceleración ’apostando’ sobre las deudas de los Estados. Los mismos procesos que había llevado a la crisis de las ’subprimes’ han llevado a la ’crisis de la deuda soberana’, es decir, de los Estados.

11) Hoy, a la altura del año 2013, la recesión iniciada en 2008 se generaliza partiendo de los países del núcleo capitalista hasta países de la periferia. Los denominados ’emergentes’ ven como su economía se ’ralentiza’. Mientras China se presentaba como un nuevo Eldorado, que iba a llevar al mundo hacia una nueva era de prosperidad, la única cuestión que hoy preocupa seriamente a los economistas y a otros ideólogos burgueses es el saber si su economía aterrizará ’brutalmente ó suavemente’. Europa está en recesión y la crisis de deudas sobernas de la Unión Europea ha sido sobre todo la ocasión para que la potencia alemana imponga de forma duradera y sin competencia su liderazgo político - es decir, imperialista - sobre la Europa continental. Los Estados Unidos están metidos en una huída hacia delante en el endeudamiento generalizado y la emisión de papel moneda - bajo una u otra forma - la cual manifiesta a su vez su particular debilitamiento ante los principales rivales imperialistas, y la parálisis del capital en su conjunto. Lejos de resolverse, o atenuarse, la crisis abierta y brutal del capital se afirma cada vez más y se extiende de forma ineludible al mundo entero.

12) Solamente los comunistas tienen la capacidad de denunciar esta parálisis y los políticos - y la propaganda - que la acompañan. Porque solo la teoría del proletariado revolucionario esta en disposición de evidenciar las contradicciones insuperables del capitalismo y su ’impasse’ histórico.

« Las condiciones burguesas de producción y cambio, el régimen burgués de la propiedad, la sociedad burguesa moderna, que han hecho surgido tan potentes medios de producción y de cambio, recuerdan al mago que ya no sabe dominar los poderes infernales que ha invocado. (...) Cada crisis destruye regularmente no solamente una masa de productos ya creados, sino también una gran parte de las propias fuerzas productivas ya existentes. Una epidemia que en cualquier otra época hubiera parecido un absurdo se abate sobre la sociedad, la epidemia de la sobreproducción. La sociedad se encuentra repentinamente trasladada a un estado momentáneo de barbarie; se diría que una hambruna, una guerra de exterminio han cortado todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen anonadados. ¿Por qué? Porque la sociedad tiene demasiada civilización, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio. (...) El sistema burgués se ha hecho demasiado estrecho para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo supera la burguesía estas crisis? Por un lado, destruyendo mediante la violencia cierta masa de fuerzas productivas; por otro, conquistando nuevos mercados y explotando a fondo los antiguos. ¿A que conduce esto? A preparar crisis mas generales y mas formidables, y a disminuir los medios de prevenirlas. Las armas de las que se ha servido la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven hoy contra la propia burguesía ». » (Manifiesto Comunista)

Únicamente esta teoría, el marxismo, puede desvelar las mentiras de la burguesía sobre el estado de su economía, sobre su fracaso histórico y sobre la realidad de sus políticas, para enfrentarse a la conciencia de clase sobre la irreconciliable oposición entre capital y trabajo, entre burguesía y proletariado.

Vigencia de la guerra imperialista generalizada

13) Cuanto más se profundiza la crisis, tanto mas las exacerban las rivalidades imperialistas y mas los ejes imperialistas, sus líneas de fractura, tienden a separarse y polarizarse. Esta polarización está determinada por la necesidad de conformar bloques imperialistas para una guerra generalizada. Esta dinámica de polarización imperialista se afirmó a lo largo de los años 30, por un lado en torno a la Alemania nazi y por el otro en torno a las viejas potencias coloniales, Gran Bretaña, Francia, reagrupadas en torno a los Estados Unidos. Pero la configuración - general - de los bloques imperialistas no se decidió más que en el estallido mismo de la guerra en 1939, firmando la URSS por ejemplo el pacto germano-soviético (un cambio de alianzas de 180 grados) apenas unos días antes de la invasión alemana de Polonia. Que los bloques imperialistas no están hoy, en 2013, aún constituidos no significa por tanto que la guerra imperialista generalizada no sea uno de los dos términos de la alternativa histórica, ni que no sea un tema en la agenda del capitalismo, ni mucho menos un riesgo para el proletariado.

14) La cuestión de la guerra imperialista afecta directamente al desarrollo de la extensión de la conciencia de clase entre las grandes masas trabajadoras. « La preparación de la guerra imperialista supone para el capitalismo el desarrollo de una economía de guerra en la que el proletariado, evidentemente, aguanta el mayor peso de la carga. Por ello, ya desde que lucha contra la austeridad se opone a estos preparativos, demostrando que no está preparado a soportar los sacrificios aun más terribles que la burguesía le demandará en una guerra imperialista. En la práctica, la lucha de clase, aunque sea por objetivos limitados representa para el proletariado una ruptura de la solidaridad con ’su’ capital nacional, solidaridad que precisamente se le exige manifestar en la guerra. Expresa igualmente una tendencia a la ruptura con los ideales burgueses como la ’democracia’, la ’legalidad’, la ’patria’, el falso ’socialismo’, para cuya defensa se llamará a los obreros a hacerse masacrar y a masacrar a sus hermanos de clase. Permite, en fin, desarrollar su unidad, condición indispensable de su capacidad a oponerse, a escala internacional, a los ajustes de cuentas entre bandidos imperialistas. » (Revue internationale #18, 1929, 3° congreso de la CCI: el curso histórico).

15) La ideología capitalista quiere manipularnos indicando que las auténticas líneas de fractura imperialista se desplazan hacia Asia y China, en oposición a los Estados Unidos y a los países occidentales. No hay nada de eso. Desde la segunda Guerra mundial, China ha jugado siempre - incluso cuando era considerada un país tercermundista - una potencia imperialista regional. Y su participación en la guerra mundial y posteriormente en todos los conflictos imperialistas que han continuado, nunca se ha aventurado más allá de Asia. Y lo mismo es aplicable a otra potencia como Rusia. Se puede afirmar hoy que ni una ni otra podrán postularse como candidatos para asumir el rol de cabeza del bloque; su oposición por ejemplo, contra la intervención norteamericana en Irak en 2003 les ha obligado a posicionarse del lado europeo, manifestando su incapacidad para tener una posición y una política autónoma alternativa, en aquel importante conflicto de los años 2000.

16) Desde la guerra en Irak, las oposiciones y los principales contrastes imperialistas se reflejan cada vez mas en conflictos y disputas, con un lado en el que están los principales países europeos reunidos alrededor de Alemania (aunque estos procesos se den con sus contradicciones y sus oposiciones internas en tal o cual país, aunque este proceso es sobre todo resultado de la evolución de una relación de fuerzas internas) y por otro lado los Estados Unidos, apoyados por los principales países anglosajones, especialmente la ’isla europea británica’.

El resto del mundo, los demás países capitalistas, potencias o no, pero coincidentes en su política imperialista independientemente de su tamaño y de sus pretensiones, se ven cada vez mas obligados, especialmente en los principales conflictos, a pronunciarse a favor de uno u otro polo, y otra vez el ejemplo de Irak ilustra esto. Esta obligación es el único medio para poder disponer una mí,nima defensa de sus intereses, evitando dejarse pillar en medio de los dos grandes conjuntos rivales. El ’cada uno para sí’ no es contradictorio con la tendencia a la polarización y a la formación de bloques imperialistas, es decir, la tendencia hacia un nuevo orden imperialista. Es por el contrario uno de estos momentos del proceso hacia la guerra generalizada, así como la paz no es mas que otro momento de la guerra imperialista para el capitalismo.

17) Desde el punto de vista de la dinámica hacia la constitución de bloques imperialistas, la permanencia de dos grandes bloques establecidos con una configuración que, en su esencia, fue determinada desde los años 50 hasta finales de los años 80, con la URSS de un lado y los EEUU de otro lado como cabezas de bloque, representa una especie de anomalía histórica. Debido a su específica historia desde 1917, la Rusia devenida estalinista se encontró en un lugar que nunca hubiera debido o podido ocupar. Y (otra anomalía histórica que se deduce de lo anterior) Alemania se mantuvo dividida en dos durante todo este período, impidiendo así que encontrara su lugar en el juego imperialista. La degeneración estaliniana de la revolución proletaria de octubre de 1917 tuvo así como consecuencia indirecta la interrupción del orden ’natural’ (es decir, histórico) de las rivalidades imperialistas.

Desde la desaparición de la URSS y el fin de los bloques surgidos de la segunda Guerra mundial, las líneas de fractura imperialista histórica, ó ’clásica’, se han vuelto a afirmar. Frente a los Estados Unidos, primera potencia imperialista, pocas potencias imperialistas pueden pretender disputar a la burguesía americana su supremacía mundial. Desde 1989, solo Alemania surge como potencia imperialista con capacidad de imponerse como cabeza de un futuro bloque imperialista. Eterna potencia imperialista contradiciendo el orden y la supremacía establecida por su propia historia, la burguesía alemana está realizando su viejo sueño: establecer su liderazgo sobre el conjunto de, o al menos sobre los principales, países del continente europeo. Y así, a la cabeza de un bloque europeo, poder disputar la supremacía imperialista mundial.

18) La afirmación del polo imperialista ’europeo-germánico’ está pues en curso. Pero está lejos de poder rivalizar con el otro polo norteamericano en el plano que, por el momento, marca la diferencia: el plano militar. Aunque particulares, la situación del capital alemán y las dificultades/contradicciones de su burguesía resumen la situación y las mismas dificultades/contradicciones ante las que el mundo capitalista y la clase burguesa, en su conjunto, se enfrentan:

- por una parte, y pese a una economía de guerra que no se ha interrumpido desde los años 30 - otra particularidad del capitalismo de Estado y de la decadencia capitalista -, la burguesía debe intensificar aún mas su economía de guerra y sus gastos militares. Eso no puede realizarse más que al precio de una explotación cada vez mayor del capital vivo, de la fuerza de trabajo, en resumen de la clase obrera (y, claro está, una voluntad de encadenarla ideológicamente al Estado burgués), cuando ésta no ha dejando nunca de ver como sus condiciones de trabajo y de existencia - el valor de su fuerza de trabajo - eran atacadas y disminuidas a causa de la crisis;

- por otra, el capitalismo se enfrenta a un proletariado internacional que hoy tiende a resistir a los ataques ideológicos y económicos masivos que cada vez sufre más, y que, por ello, tiende a dirigirse contra el incremento de las economías de guerra, y a oponerse a ellas de forma objetiva.

19) « Las contradicciones del sistema mundial, anteriormente escondidas en su seno, se hacen presentes con una fuerza inaudita en una formidable explosión: la gran guerra imperialista mundial. (...) Pero en la medida en que, tomando cada Estado separadamente, se reemplazaban los procedimientos anárquicos de la producción capitalista por la organización capitalista, las contradicciones, la competencia, la anarquía, alcanzaban en la economía mundial una mayor intensidad. La lucha entre los Estados conquistadores mas importantes conducía, con una necesidad inflexible, a la monstruosa guerra imperialista » (Plataforma de la Internacional Comunista, 1919).

Únicamente los grupos comunistas, armados de la teoría marxista, y especialmente el partido comunista cuando éste está constituido, están en disposición de desvelar lo inevitable de las rivalidades imperialistas y su destino, la guerra generalizada, como única respuesta capitalista a la crisis. Solo ellos son capaces de desvelar las mistificaciones y las mentiras, las manipulaciones y provocaciones utilizadas en el juego imperialista. Solo ellos son capaces de reconocer las trampas ideológicas y políticas (las cuestiones democráticas, antiterroristas, ó antifascistas, etc.,) que pretenden atar a los proletarios a la defensa del Estado nacional con cualquier tapadera, democrática ó ’socialista’.

El curso histórico se dirige hacia enfrentamientos masivos entre las clases.

20) Hoy, en 2013, la guerra imperialista generalizada y la revolución proletaria son las dos únicas opciones históricas. Si desde hace casi 70 años estas dos opciones nunca se han planteado de manera inmediata (especialmente la opción proletaria, porque la ’guerra fría’ y sus principales crisis fueron una muy reales) el aceleramiento brutal de la crisis económica desde 2008 acerca velozmente la actualidad inmediata y concreta de este dilema histórico.

21) desde 1968 (final de reconstrucción de posguerra y resurgimiento de las luchas proletarias) la dinámica de la lucha de clases ha conocido diferentes fases en función de la evolución de la relación de fuerza entre clases:

- el proletariado internacional, aún quedando en su inmensa mayoría sometido a la ideología burguesa, ya no se adhiere a las grandes cuestiones de ésta, y ha protagonizado numerosos combates contra los efectos de la crisis (final de los años 60 y principios de los 70, fin de los años 70 y principios de los 80, en particular de 1984 a 1988) , que tampoco ha conseguido elevar hasta hacer retroceder de manera significativa a la burguesía en sus ataques, y menos aún a perfilar su perspectiva revolucionaria;

- la burguesía tampoco ha conseguido por su parte, y pese al éxito de sus ataques principalmente en el aspecto económico contra el proletariado, a deshacer a éste completamente como en los años 30, y adherir a sus grandes mayorías a los puntos ideológicos democráticos y nacionalistas de diferentes tipos, que preparan la guerra imperialista generalizada.

22) La mayor victoria del capital sobre el proletariado en este período ha sido el resultado de la ofensiva ideológica y política desplegada por la burguesía tras la desaparición del bloque imperialista del Este y el hundimiento de la URSS estaliniana. Estos dos acontecimientos, que forman uno solo, tuvieron dos consecuencias:

- la desaparición del bloque imperialista rival, es decir, el bloque del Oeste bajo liderazgo norteamericano;

- una ruptura en la dinámica de la lucha de clases comenzada en 1968.

La desaparición de la URSS y el final definitivo del mito del socialismo estaliniano (aun cuando ya estaba fuertemente debilitado desde 1968) han sido aprovechados por la burguesía internacional para lanzar campañas ideológicas masivas sobre el fracaso del comunismo, sobre la victoria de la democracia y del capitalismo, incluso sobre la apertura de una época de paz y de prosperidad (Bush padre) y el ’fin de la historia’. Estas campañas, que han perdurado a lo largo de los años 90 e incluso la primera década del siglo siguiente han provocado un fuerte descenso de la combatividad obrera, principalmente en los años 90, y sobre todo un profundo desconcierto entre el proletariado. Con la desaparición del estalinismo, la burguesía ha conseguido borrar momentáneamente de las consciencias obreras la perspectiva de ’una sociedad diferente’. Esta desaparición (o considerable debilidad) de la perspectiva del comunismo, cualesquiera que hayan sido las comprensiones y las esperanzas más o menos confusas o mistificadas, ha afectado a la clase obrera hasta el punto de bajar notablemente sus luchas en intensidad y en contenido de clase. Esto último se ha caracterizado por una vuelta de la ideología y las prácticas sindicales en particular, que habían salido de los decenios anteriores particularmente desacreditadas.

23) El año 2001, además del comienzo de una polarización imperialista provocada por los Estados Unidos merced a su política guerrera, tras los atentados que ’sufrieron’ ese año, marca un punto de inflexión en la dinámica de la lucha de clases. El proletariado en Argentina reaccionó masivamente durante el invierno 2001-2002 ante la miseria que provoca la quiebra del capital nacional. A continuación, la década del 2000 ha conocido una lenta tendencia a la recuperación de luchas a escala internacional, tendencia que se ha acelerado brutalmente a partir de la crisis económica de 2008 y los ataques aún más masivos y brutales que el capital ha dirigido contra la clase explotada.

24) Sin embargo, esa dinámica de lucha obrera permanece frenada a lo largo de la década por los efectos negativos de las campañas anticomunistas sobre la conciencia de la clase obrera. Por esta causa, las luchas inmediatas y las movilizaciones masivas, incluyendo las desarrolladas después de 2008, no han logrado separarse verdaderamente de los horizontes ideológicos y políticos del capitalismo.

Además, en aquellas ocasiones en las que el proletariado ha comenzado a enfrentarse mas directamente con el Estado y con sus fuerzas políticas - como en Grecia, por ejemplo - con el fin de paralizar su funcionamiento y la adopción de medidas anti-obreras, ninguna fuerza política proletaria, es decir, ninguna organización o grupo comunista ha estado en condiciones de cristalizar esta dinámica, de defenderla; y menos aún de asumir la dirección política avanzando orientaciones y consignas que permitieran a esta dinámica desarrollarse e imponerse en contra de sindicatos y partidos de izquierda. Ni en un plano inmediato y local. Ni en un plano general e internacional.

25) Es manifiesto que las campañas anticomunistas desde 1989 han igualmente afectado a las débiles (pero también reales) fuerzas comunistas que habían conseguido desarrollarse desde finales de los años 60. En primer lugar, se debilitaron en términos de convicción militante en la medida en que fueron numerosos los militantes cuyas convicciones y compromiso militante se debilitaron a causa del retroceso de las luchas obreras y especialmente de su pérdida de confianza en las capacidades del proletariado en la lucha por el comunismo. Luego, las campañas contra el comunismo favorecieron la penetración de la ideología burguesa en las filas de estas minorías bajo la forma de un oportunismo político particularmente agresivo y devastador.

El materialismo histórico quedó peligrosamente debilitado por la introducción de teorías idealistas y ahistóricas, hasta la sustitución por el valor y la referencia ’humana’ general de los criterios de clase, y hasta la puesta en cuestión de la lucha de clases como ’motor de la historia’. Los principios marxistas, tales como la huelga como arma de lucha del proletariado, fueron cuestionados. Las posiciones comunistas fueron bien revisadas, bien abandonadas, como por ejemplo la alternativa histórica guerra imperialista o revolución proletaria, como la denuncia del anarquismo como corriente política burguesa. En fin las campañas anticomunistas favorecieron la renovación y el desarrollo de ideologías democráticas - la fetichización del asambleísmo, de la ’auto-organización’ y de la democracia bajo diferentes variantes, como la de los ’indignados’ - y apolíticas de tipo anarquista y consejista, con posturas y políticas antipartido, anti-organización, anti-dictadura del proletariado, incluso en el mismo seno de las fuerzas y los grupos comunistas salidos de la Izquierda comunista.

Todo ello, además de la fragmentación teórica y política, ha favorecido el estallido y la dispersión de los grupos comunistas que ya estaban afectados por la ruptura orgánica con las organizaciones comunistas del pasado - y especialmente con la Internacional Comunista, y una gran parte de las fracciones de izquierda que se opusieron a su degeneración - y por el sectarismo. Hoy, las fuerzas de la Izquierda comunista que deberían expresar la conciencia de clase de la forma mas consecuente son muy débiles, tanto en ’número’ e influencia directa como en ’calidad’ y unidad. El indispensable partido comunista deberá construirse con esas fuerzas, o en todo caso con las más dinámicas de entre ellas, bajo su impulso y su iniciativa, actuando como factor activo y, si es posible, central. En caso contrario, en su ausencia, está el riesgo de fundarse sobre bases teóricas, programáticas y políticas insuficientes para poder enfrentar los vientos y las mareas provocadas por la violenta tempestad histórica que se presenta.

Una situación histórica y una dinámica favorable al proletariado

26) Hoy, la dinámica histórica juega sin embargo a favor del proletariado a pesar de sus importantes debilidades - residiendo la principal en el estado de sus minorías políticas de vanguardia, es decir, al nivel de su conciencia de clase y más en general a nivel de la perspectiva histórica del comunismo. La burguesía, obligada por la urgencia de su crisis económica, se encuentra enfrentada casi de manera simultánea al camino de la guerra y a la lucha de clases, no pudiendo postergar ni la una ni la otra. Se encuentra en una situación histórica frágil, porque nunca en la historia, la cuestión de la guerra y de la crisis, como expresiones de la derrota histórica del capitalismo y como expresiones de la necesidad de su destrucción, se han planteado al mismo tiempo ante los ojos del proletariado mundial. No puede, pues, jugar con una paz o con una prosperidad futura, para mistificar ó debilitar al proletariado. La crisis y la guerra - al menos la preparación de esta última - impone a la burguesía el redoblamiento de sus ataques, tanto económicos como ideológicos y represivos, contra el proletariado mundial. Esto no hace mas que aclarar la quiebra del capital y su perspectiva de guerra, la necesidad de oponerse a el, y en último término, destruirlo.

En este sentido afirmamos que el curso de la lucha de clases, su dinámica, se dirige hacia enfrentamientos masivos y decisivos desde el punto de vista de la alternativa histórica entre burguesía y proletariado.

27) El proletariado internacional se ve en la situación de retomar las clásicas armas que ha sabido desarrollar a lo largo de su historia; y esto pese a las tentativas de fuerzas burguesas para oponerse. A partir de su situación como clase explotada, a partir de los centros de trabajo y de producción, el proletariado encuentra su fuerza y su energía para efectuar sus luchas. Desde este punto de vista y a pesar de los enormes cambios en la explotación capitalista de estos dos últimos decenios - en particular por la existencia de un paro permanente masivo y por la dispersión de un gran porcentaje de fuerzas productivas ligada a los progresos técnicos e informáticos - la lucha obrera permanece igual y conserva las mismas formas, o mas exactamente, la misma dinámica: la que Rosa Luxemburgo había denominado la Huelga de Masas (1906) y que Trotsky también había descrito en su libro sobre 1905 y que corresponde a las condiciones de vida y de lucha del proletariado en el período de decadencia y en particular durante el desarrollo del totalitarismo del Estado burgués.

« La huelga es el medio de acción mas habitual en el movimiento revolucionario. Lo que mas frecuentemente la causa, de manera irresistible, es el alza de precios sobre los alimentos de primera necesidad. La huelga surge a menudo de conflictos locales. Es el grito de protesta de las masas impacientadas por los chanchullos parlamentarios de los socialistas. Expresa la solidaridad entre los explotados de un mismo país o de países diferentes. Sus divisas son simultáneamente de carácter económico y político. (...) Se calma, parece querer acabar, luego vuelve más bella, interrumpiendo la producción, amenazando al aparato gubernamental. (...) Esta huelga desordenada es una revista militar de las fuerzas revolucionarias, una llamada a las armas del proletariado revolucionario » (Manifiesto del 2° Congreso de la I.C.)

28) Cuando redactamos este documento (julio de 2013) los últimos desarrollos de las luchas obreras confirman la existencia de una dinámica que lleva a choques masivos. Desde principios de año, asistimos a una aceleración de la dinámica de huelga de masas desarrollada desde 2008: Egipto, Turquía, Brasil, España, Portugal, Grecia, son los países que han conocido las mayores movilizaciones este últimos meses y semanas. Desde esta fecha, aparte de las diversas luchas en otros continentes, todos los países de Europa y especialmente todos los países del arco mediterráneo, incluyendo las orillas africana y asiática, han conocido luchas masivas bajo una forma u otra, más o menos firmes, mas o menos claras en términos políticos, mas o menos en el terreno de la clase obrera opuesta a las trampas democráticas ensayadas - África del Norte, España con los ’indignados’... - pero todas viendo como los proletarios ocupaban las calles, manifestándose en masa, a veces yendo a la huelga, e incluso ocupar su fábrica o centro de trabajo, buscando siempre la solidaridad y la unificación de su movimiento, pasar de las reivindicaciones económicas a las reivindicaciones políticas, rechazar la represión y enfrentarse a la violencia de Estado.

29) Las últimas manifestaciones obreras, sobre todo en Brasil, parecen marcar una etapa en los procesos de toma de conciencia, especialmente en la toma de distancia respecto a la ideología dominante (el nacionalismo, el fútbol...), en el enfrentamiento político con el Estado burgués y con sus fuerzas políticas y sindicales. Las manifestaciones obreras de Brasil han surgido espontáneamente y los partidos de izquierda y los sindicatos han tenido que intentar correr tras estas movilizaciones, que no controlaban. Lo que es mejor, un importante número de manifestantes se oponían a la participación y a la presencia de los partidos de izquierda y de los sindicatos. Y mejor aún, la jornada de acción organizada por los sindicatos el 11 de julio fue un fracaso desde el punto de vista de la participación de grandes masas obreras. Lejos de significar un apoliticismo, como el movimiento de los indignados en España que recuperaba la mistificación democrática, esta desconfianza respecto a partidos de izquierda y sindicatos - siendo sus reivindicaciones claramente obreras, económica y políticamente - parece manifestar la voluntad de asumir el combate político contra las fuerzas burguesas presentes y activas en el seno del proletariado.

La dinámica de la lucha de clases, su dirección hacia grandes luchas entre clases, confirma y asienta esta tendencia a la consolidación autónoma, de clase, del proletariado como sujeto revolucionario, elevando las luchas proletarias en el plano político y de enfrentamiento con el Estado.

30) Siendo los portadores más consecuentes, en los aspectos teóricos, políticos e incluso organizativos, de la perspectiva comunista, los grupos comunistas son los únicos con posibilidad de acelerar y cristalizar estos procesos históricos; su actual estado de debilidad y de dispersión no modifica nada a estos efectos. Son los únicos que pueden presentar la alternativa histórica ’guerra ó revolución’, denunciando así el capitalismo y su perspectiva de guerra imperialista. Al mantener y plantear la perspectiva de insurrección obrera contra el Estado burgués y la perspectiva de dictadura del proletariado, son los únicos que pueden plantear los medios adecuados en cada momento para señalar y recorrer la vía hacia el comunismo.

Son también los más capacitados para poder defender y luchar por la afirmación del carácter de clase, potencialmente revolucionario, de las luchas actuales, por medio de la propaganda, de la participación activa y de la agitación en los combates obreros. Sus consignas, slogans y orientación de lucha, armadas de la teoría marxista sobre la crisis capitalista, sobre el Estado burgués y sobre la perspectiva del comunismo, deben llegar a ser episodios del armamento teórico y político del proletariado en conjunto, en sus enfrentamientos y su asalto político contra el Estado capitalista y las fuerzas políticas que lo defienden.

« No se trata únicamente de enseñar a las masas, menos aún de exhibir un Partido intrínsecamente puro y perfecto, sino desde luego de obtener el mejor rendimiento en el proceso real. Como se verá mejor mas adelante, se trata, mediante un trabajo sistemático de propaganda y de proselitismo, y sobre todo por la participación activa en las luchas sociales, de obtener que un número cada vez mayor de trabajadores vaya desde el campo de las luchas parciales por intereses inmediatos al terreno de la lucha orgánica y unitaria por la revolución comunista. Únicamente cuando una semejante continuidad de programa y de dirección existe en el Partido, le es posible no sólo vencer la desconfianza y las reticencias de proletariado, sino también canalizar y encuadrar rápida y eficazmente las nuevas energías conquistadas mediante el pensamiento y la acción común, para conseguir esa unidad de movimiento, condición indispensable de la revolución » (Tesis sobre la táctica del Partido comunista de Italia, denominadas ’Tesis de Roma’, 1922).

GIIC, noviembre de 2013.

(Publicado en http://igcl.org : 18 de enero de 2014)

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