Revolución o Guerra n°15

(16 de mayo 2020)

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Tampoco pudimos traducir, por falta de fuerzas, el texto de la revista "Bilan" #18 de la Fracción italiana de la Izquierda Comunista sobre el "Estado proletario", que está presente en las versiones francesa e inglesa.

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¿Por dónde empezar? (Lenin, extractos, 1901)

En el mismo momento en que el capitalismo expone al mundo la miseria y las masacres que nos promete, ¿por dónde empezar? Rápidamente, nos estamos quedando sin espacio: dada la situación de dispersión del campo proletario, que puede compararse con la situación de los socialdemócratas rusos en 1900, el siguiente artículo de Lenin sirve de referencia y guía: el periódico regular como organizador colectivo y « despertar (...) la pasión por las denuncias [1] políticas ».

¿Por dónde empezar? (Lenin, extractos, 1901)

"¿Qué hacer? ": tal es la pregunta que, durante los últimos años se hacen con particular insistencia los socialdemócratas rusos. No se trata de escoger el camino a seguir (como sucedía a finales de la década del 80 de principios de la del 90), sino de saber qué pasos prácticos debemos dar en un camino determinado y cómo debemos darlos. Se trata de un sistema y de un plan de actividad práctica. Y hay que reconocer que esta cuestión del carácter de la lucha y de los procedimientos para llevarla a cabo, cuestión fundamental para un partido práctico, sigue sin resolver y suscita todavía serias diferencias, que revelan una lamentable inestabilidad y vacilación del pensamiento. Por una parte, está aún muy lejos de haberse extinguido la tendencia "economista", que procura truncar y restringir el trabajo de organización y de agitación política. Por otra, sigue levantando orgullosamente la cabeza la tendencia de un eclecticismo sin principios, que se trata a cada nueva "moda", no sabiendo distinguir entre las exigencias del momento y las tareas fundamentales y necesidades constantes del movimiento en su conjunto. Como es sabido, esta tendencia ha andado en Robócheie Dielo [2]. (…).

Desde luego, Robócheie Dielo invoca en vano el nombre de Liebknecht. En 24 horas se puede modificar la táctica de agitación en algún problema especial, se puede modificar la táctica de realización de algún detalle de organización del partido, pero cambiar, no digamos en 24 horas, sino incluso en 24 meses, el punto de vista que se tenga sobre problema de si hace falta en general, siempre y absolutamente, la organización de combate y la agitación política entre las masas, es cosa que sólo pueden hacer personas sin principios. Es ridículo hablar de situación distinta, de una alternación de periodos: el trabajar para que se cree una organización de combate y se lleve a cabo una agitación política es obligatorio en cualesquiera circunstancias "grises y pacíficas", en cualquier período de "decaimiento del espíritu revolucionario". Y más aún: precisamente en tales circunstancias y en tales periodos es especialmente necesario el trabajo indicado, porque en los momentos de explosiones y estallidos es ya tarde para crear una organización; la organización tiene que estar preparada, para desarrollar inmediatamente su actividad. "¡Cambiar de táctica en 24 horas!". Más para cambiar de táctica hay que empezar por tener una táctica, y si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier circunstancia y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan de actividad sistemática, basado en principios firmes y aplicado rigurosamente, único plan que merece el nombre de táctica. (…).

En otras palabras: el cometido inmediato de nuestro partido no puede ser el llamar a todas las fuerzas con que cuenta a atacar ahora mismo, sino el exhorto a formar una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y de dirigir el movimiento, no sólo nominalmente, sino en la realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y fortalecer los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo. (…).

A nuestro juicio, el punto de partida para la actuación, el primer paso práctico hacia la creación de la organización deseada y, finalmente, el hilo fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ensanchar incesantemente esta organización, debe ser la creación de un periódico político para toda Rusia. Antes que nada, necesitamos un periódico. Sin él sería imposible desarrollar de un modo sistemático una propaganda y agitación fieles a los principios y extensivas a todos los aspectos, que constituye la tarea constante y fundamental de la socialdemocracia y es una tarea particularmente vital en los momentos actuales, en que el interés por la política, por los problemas del socialismo se han despertado en las más extensas capas de la población.

Nunca se ha sentido con tanta fuerza como ahora la necesidad de completar la agitación dispersa, llevada a cabo por medio de la influencia personal, por medio de hojas locales, de folletos, etc., con la agitación regular y general, que sólo puede hacerse por medio de la prensa periódica. No creo que sea exagerado decir que el grado de frecuencia y regularidad de la publicación (y difusión) de un periódico puede ser la medida más exacta de la solidez con que esté organizada entre nosotros esta rama de nuestra actividad de combate, la primordial y más urgente. Además, necesitamos un periódico destinado precisamente a toda Rusia. Si no sabemos, y mientras no sepamos, coordinar nuestra influencia sobre el pueblo y sobre el gobierno por medio de la palabra impresa, será utópico pensar en la coordinación de otras formas de influencia, más complejas, más difíciles, pero, en cambio, más decisivas.

Nuestro movimiento, tanto en el sentido ideológico como en el sentido práctico, en materia de organización, se resiente, sobre todo, de dispersión, de que la inmensa mayoría de los socialdemócratas están casi totalmente absorbidos por un trabajo puramente locales, que limita su horizonte, el alcance de su actividad y su aptitud y preparación para la clandestinidad. Precisamente en esta dispersión deben buscarse las más profundas raíces de la inestabilidad de las vacilaciones de que hemos hablado más arriba. Y el primer paso adelante para eliminar estas deficiencias, para convertir los diversos movimientos locales en un solo movimiento de toda Rusia, tiene que ser la publicación de un periódico para toda Rusia. Por último necesitamos sin falta un periódico político. Sin un órgano político, es inconcebible en Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento político. Sin él, es absolutamente irrealizable nuestra misión de concentrar todos los elementos de descontento político y de protesta, de fecundar con ellos el movimiento revolucionario del proletariado. Hemos dado el primer paso, hemos despertado en la clase obrera la pasión por las denuncias "económicas", por las denuncias de atropellos cometidos en las fábricas. Debemos darle el paso siguiente: despertar en todas las capas del pueblo, que tengan un mínimo de conciencia, la pasión por las denuncias políticas. (…).

La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, educar políticamente y a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandístico colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos sectores, les ayudan a distribuir el trabajo y observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado. Mediante periódico y en relación con éste, se irá formando por sí misma una organización permanente, que se ocupen no sólo del trabajo local, sino también de la labor general regular, que habitué a sus miembros para seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre las distintas capas de la población, a elaborar los medios más adecuados para qué el partido revolucionario influya en estos acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar un suministro normal de materiales al periódico y la normalidad de su difusión obliga ya a crear una red de agentes locales del partido único, de agentes que mantengan animadas relaciones entre sí, que conozcan el estado general de las cosas, que se acostumbren a cumplir sistemáticamente las funciones parciales de un trabajo realizado en toda Rusia y que prueben sus fuerzas en la organización de distintas acciones revolucionarios. Esta red de agente servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada para establecer una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente firme para saber proseguir sin desmayo su labor en todas las circunstancias y en todos los ’virajes’ y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste concentrar toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado.

Hoy se plantea ante nosotros la tarea relativamente fácil de apoyar a los estudiantes que se manifiestan en las calles de las grandes ciudades. Mañana se nos planteara, quizás, una tarea más difícil, por ejemplo, la de apoyar un movimiento de obreros parados en una región determinada. Pasado mañana tendremos que estar en nuestro puesto para tomar parte de un modo revolucionario en un alzamiento campesino. Hoy debemos aprovechar la agravación de la situación política, producida por el gobierno con su campaña contra los zemstvos. El día de mañana deberemos apoyar la indignación de la población contra el desenfreno de tal o cual bachibuzuk zarista y ayudar -por medio del boicot, de una campaña de excitación, de una manifestación, etc.- a darle una lección que le obligue a una franca retirada. Semejante grado de disposición combativa sólo puede formarse por una actividad constante, que constituya la ocupación del ejército regular. Y si unimos nuestras fuerzas para asegurar la publicación de un periódico común, ese trabajo preparará y destacará no sólo a los propagandistas más hábiles, sino a los organizadores más experimentados, a los dirigentes políticos del partido más capaces, que puedan, en el momento necesario, dar una consigna para el combate decisivo y dirigido.

Para terminar, quiero decir unas palabras con el fin de evitar posibles confusiones. Hemos hablado, durante todo el tiempo, sólo de preparación sistemática, metódica, pero con esto no hemos querido decir en modo alguno que la autocracia puede caer exclusivamente por un asedio acertado o por un asalto organizado. Semejante punto de vista sería de un doctrinario insensato. Al contrario, es plenamente posible, e históricamente mucho más probable, que la autocracia caiga bajo la presión de una de esas explosiones espontáneas o complicaciones políticas imprevistas, que siempre se ciernen por todas partes. Pero ningún partido político puede, sin caer en el aventurerismo, basar su actividad en semejantes explosiones y complicaciones. Nosotros tenemos que marchar por nuestro camino, llevar a cabo sin desfallecimientos nuestro trabajo sistemático, y cuanto menos contemos con lo inesperado, tanto más probable será que no nos coja desprevenidos ningún "viraje histórico".

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Notas:

[1En lugar de "denuncia", la versión inglesa utiliza la palabra "exposure", o sea "exposición", mientras la versión franceza emplea "révélations", o sea "revelación". Por nuestra falta de manejo del español, no sabemos si "denuncia" corresponde con el significado político profundo de lo que defiende Lenin o si no reduce de manera considerable el tamaño de su ambito (nota de la redacción].

[2periódico "economicista" ruso de aquel entonces.