Revolución o Guerra n°11

(Semestral - Febrero 2019)

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Respuesta de la TCI (8 de Febrero 2019)

Al momento de finalizar este número de la revista, recibimos una respuesta de TCI después del envio previo de nuestros comentarios. Nos parece aún más importante publicarla sin demora – con el acuerdo de la TCI – ya que proporciona precisiones políticas para aclarar cuales son los acuerdos y los desacuerdos.

Estimados compañeros,

Creemos que vuestra crítica al artículo se ve debilitada por ideas preconcebidas que os han llevado a leer lo que no es y a distorsionar lo que es. Además, existe el estilo CCI habitual del que no os podéis prescindir.

No nos interesan en absoluto los errores cometidos por la CCI con respecto al curso histórico. Como decimos en el texto, no hay ciclos predeterminados, sino sólo las relaciones de fuerza entre las clases que determinan un ciclo y no otro. Nada más una aclaración : el error de la fórmula según la cual el curso histórico era hacia la revolución se debía no sólo a la sobre-estimación de 1968, sino también al hecho de que el estalinismo, el maoísmo y el estudiante pequeñoburgués, que dominaban en su interior, se confundían con un momento político que, en cualquier caso, era ’positivo’ a causa de la lucha y que, en su momento, habría dado paso al verdadero internacionalismo proletario a través de un camino ya marcado por el Espíritu Santo. El habitual enfoque idealista.

Pero vayamos al grano. Nos acusáis de concebir la futura "guerra mundial" como una generalización de episodios de guerras locales. Tal como están las cosas en la actualidad, hemos utilizado el término generalización de los focos de guerra como una posible transición hacia una guerra general que primero prevé la expansión de lo que ya existe, y luego pasa a una confrontación directa y general (global). Hemos utilizado deliberadamente un sinónimo de guerra mundial porque este término, que con demasiada frecuencia se utiliza mal, debe utilizarse con moderación porque la próxima guerra, si la hay, será diferente de las otras dos por los frentes, por su número, por los métodos de guerra y, sobre todo, por la participación de las masas. Por lo tanto, la guerra mundial o guerra generalizada indica una confrontación directa entre los actores imperialistas. Pero hoy, por el momento, todavía estamos en la primera fase. Nos advertís diciendo que hay una gran diferencia entre una serie de guerras locales en las que los imperialismos no se enfrentan directamente y otra en la que la confrontación mortal es directa. Todos sabemos que una guerra mundial, banalmente, implica un choque directo de los imperialismos y no sólo una serie de guerras indirectas, no es casualidad que usáramos el adjetivo "bizarra" [extraño, ndt] (que obviamente habéis olvidado) para acompañar el concepto de guerra mundial. Esto es extraño precisamente porque hoy los grandes imperialismos que alimentan las guerras no se enfrentan directamente como en los dos episodios anteriores de la guerra mundial. Su comportamiento está más relacionado con el de la ’Guerra Fría’ que con el de una guerra directa y generalizada. En consecuencia, la guerra generalizada puede ser sinónimo de guerra mundial, que no debe confundirse, por supuesto, con episodios de guerra local, aunque los actores imperialistas sigan siendo los mismos. Pero estamos aquí en la polémica por la polémica.

El segundo punto en cuestión. Foto o película. El artículo simplemente dice que tal como están las cosas (la relación de fuerza entre las clases), lo más probable es que sea una solución de guerra, pero añade que las cosas pueden cambiar (no es casualidad que demos el ejemplo de la revolución rusa nacida durante la Primera Guerra Mundial), y es en esta perspectiva sobre la cual pretendemos trabajar y no en la primera, mientras seguís atribuyéndonos la visión estática de la foto y no de la película, haciendo de la primera metáfora el tema sobre el que intervenir de manera polémica, ignorando de manera culpable la segunda sobre la que proyectamos el análisis de todo nuestro artículo y no sólo de éste.

Cuando decimos que la solución más probable hoy en día, con las relaciones de fuerza actuales, es la guerra, no excluimos que una reanudación de la lucha de clases, y sólo ella, pueda revertir las relaciones de fuerza actuales y abrir el camino a un proceso de confrontación cuyos resultados nunca son predecibles. Sólo la lucha de clases, la lucha proletaria, puede dar, bajo ciertas condiciones, un cambio en las relaciones de fuerza entre las clases.

En cuanto al tercer punto, creemos que se trata de una mistificación. Daremos una breve respuesta porque no queremos volver a discutir lo que hemos dicho mil veces en otros documentos. Tomar una frase y distorsionarla en una dirección no es correcto. « "O el proletariado mundial logrará escaparse de las cadenas del nacionalismo, de los mil mecanismos de guerra que el imperialismo desata cada día, o de la explosión de una de las muchas burbujas especulativas – quizás debido al aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal – será suficiente para intensificar y generalizar el drama de las guerras existentes y convertir el mundo en un enorme cementerio". Esta fórmula nos parece al menos torpe » [1].

"Torpe", vuestra interpretación no la es en absoluto. Aquí sólo queremos decir que en la actual fase de crisis del capitalismo mundial, el estallido de una burbuja especulativa es suficiente para agravar la situación económica, para generar nuevas guerras y su generalización ; es el viático para una tercera guerra mundial (guerra generalizada y no más generalización de episodios de guerra). Pero si el proletariado internacional no se libera del peso de la ideología burguesa, inevitablemente seguirá a su imperialismo. Pero no esperamos que esta conciencia del proletariado pueda hacerse espontáneamente (la gran ilusión). Todo esto se explica en la conclusión del artículo. Sólo con la presencia de un partido de clase revolucionario y comunista es posible que los movimientos espontáneos, que podrán expresarse con mayor frecuencia e intensidad a medida que la crisis se agudice, sean el terreno para la propia intervención del partido y la madurez política de las masas. Son las luchas que, con la dirección del partido, trascienden en el campo político y desmantelan los cimientos de la ideología burguesa, como el nacionalismo, como la guerra ’necesaria’ para exportar la democracia y como todas esas inanidades que cada burguesía elabora para hacer que el proletariado se suba en el tren de sus intereses. No esperamos que las masas se deshagan espontáneamente del nacionalismo, rechacen la guerra en lugar del racismo, decimos que esto se puede hacer sobre la base de una fuerte reanudación de la lucha de clases dirigida por el partido de clase. En nuestra historia, siempre hemos luchado contra el idealismo de la CCI, así como contra el mecanismo de un cierto bordiguismo que representaba los polos opuestos en estas cuestiones.

Sólo si la clase se mueve, aunque esté confusa, sin objetivos políticos, permaneciendo en el marco de las reivindicaciones, las vanguardias políticas (el partido en devenir) pueden dar una perspectiva política anticapitalista.

Finalmente, es una pura invención el que concibamos la función del partido sólo como un elemento de clarificación, así como es otra invención el atribuirnos la idea de que el choque revolucionario es entre la burguesía y el partido de clase. También aquí nuestras publicaciones políticas de 70 años han luchado contra el idealismo de la maduración autónoma de la conciencia de clase (ver siempre la CCI) y contra la visión autoritaria del partido bordiguista (substitucionista), prefiguración del socialismo, infalible y preparado para su dictadura. Nuestro esfuerzo dialéctico, si nos lo permitéis, es que el partido es el instrumento político de la lucha de clases, el portador de una táctica y una estrategia, el portador de una conciencia anticapitalista y de una alternativa social que no emerge espontáneamente de las luchas reivindicativas. Pero es en estas luchas donde el partido debe intervenir para desempeñar su papel como punto de referencia política.

En conclusión, nunca hemos apoyado una visión estática del proletariado como si fuera un sujeto pasivo. Creemos que sin una reanudación autónoma (de los sindicatos y de los llamados partidos de izquierda) de la lucha de clase, ningún partido puede llevar a cabo la revolución ; del mismo modo que ningún movimiento de protesta contra la burguesía, por duro y prolongado que sea, puede dejar los esquemas burgueses y el marco económico capitalista sin la presencia del partido de clase que lo conduce a la victoria sobre el estado capitalista.

Pero son viejas discusiones que ya hemos tenido en parte, pero que permanecerán para marcar nuestros planteamientos sobre la cuestión del papel del partido, sobre la conciencia de clase y sobre el marco dialéctico de la relación partido-clase. En este sentido, proponemos un pasaje de Onorato Damen, que nos parece especialmente claro.

« La formación y modificación de la conciencia humana, su transformación en voluntad y acción, es el reflejo a nivel de la vida social y política de lo que está ocurriendo en el subsuelo de la economía en un vínculo entre los factores determinantes y el mundo determinado de la superestructura, que a su vez lleva a cabo la acción de retorno sobre la base de un elemento indispensable para la realización de cualquier acontecimiento histórico. No existe ningún esquema geométrico o cálculo aritmético que pueda poner fin a este vínculo entre el mundo que determina y el mundo determinado en una fórmula siempre verdadera y siempre válida, independientemente del empuje que provenga del subsuelo de la economía y de los acontecimientos de la superestructura.

En nuestro caso, una adecuada y oportuna condensación de la conciencia revolucionaria y de la voluntad de actuar no siempre corresponde a condiciones objetivas. La crisis de la primera posguerra en Alemania e Italia fue una trágica demostración de un proletariado que instintivamente llevó a comprender la necesidad de la lucha por el poder y la falta de una dirección revolucionaria. La historia de las luchas obreras está llena de ejemplos de situaciones favorables en las que el proletariado siempre pierde el autobús de la revolución por la presencia de un Partido que no está adaptado a su tarea de dirección.

Este es el punto central, no sólo de la interpretación dialéctica, sino también de la naturaleza y función del Partido de Clase » (Onorato Damen 1952 Dalle “Cinque lettere’ [2]).

Saludos fraternales, la TCI (8 février 2019).

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Notas:

[1. Pasaje de nuestros comentarios en el que citamos un extracto del artículo de la TCI, nota del GIIC.

[2. Traducido por nosotros del italiano.