Revolución o Guerra N° 2

(Septiembre de 2014)

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Toma de posición sobre las plataformas de la TCI y de la CCI (Stavros)

A continuación reproducimos la crítica y los comentarios del camarada Stavros sobre las plataformas de la Corriente Comunista Internacional y de la Tendencia Comunista Internacionalista que fueron redactados en marzo de 2014. Posteriormente, y luego de haber tomado contacto también con la TCI, el camarada ha planteado su candidatura a nuestro grupo. Pero independientemente de esta adhesión, esta contribución representa, así lo estimamos, una especie de inventario del campo proletario tal como se encuentra en el presente. En efecto, varios elementos que adhieren a las posiciones de la Izquierda comunista histórica tienden a situarse políticamente detrás de una u otra de las plataformas de estas dos corrientes. [1]

Asimismo, los comentarios de Stavros se inscriben en un proceso necesario, actualmente, que debería ver converger a los elementos más serios de la Izquierda comunista histórica con el fin de emprender las discusiones que conduzcan al reagrupamiento de estos diversos elementos. Con la agravación de las tensiones interimperialistas y las tentativas de resistencia del proletariado a nivel de las luchas económicas, más que nunca es la hora de la alternativa histórica “Revolución o Guerra”. Y para el primero de los dos términos, el partido de clase internacional e internacionalista es indispensable, a fin de orientar las luchas económicas del proletariado hacia su plena conciencia política.

De las dos tendencias que se oponen diametralmente en el campo proletario en la hora actual, es decir la tendencia partidista y la que tiende a la vez hacia el academismo y hacia un consejismo más o menos formal, nos dirigimos a la primera: tal es, o debería ser, según el GIIC, la prioridad de los diferentes elementos que se reivindican de las posiciones proletarias tal como son reflejadas fielmente tanto por la TCI como la CCI: el reagrupamiento de nuestras fuerzas políticas en un partido, única muralla del proletariado contra la burguesía que se le opone.

A este respecto, varias de las cuestiones planteadas por Stavros, en esta discusión que él ha emprendido con nosotros, no han sido aún zanjadas -ni siquiera abordadas- en el interior del GIIC. Nosotros, sin embargo, pensamos que estas cuestiones no constituyen una demarcación tan importante entre la TCI y la CCI como para impedir que un elemento valioso tome parte en una u otra de estas organizaciones (olvidemos la deriva stalinista actual de la CCI oficial). La hora es, pues, de delimitar el terreno sobre el cual el proletariado debe lucha, dicho de otra manera, las posiciones básicas de la izquierda comunista. Las particularidades programáticas de estas dos corrientes, por importantes que sean, tales como la teoría de la decadencia y la de las crisis del capitalismo, no representan el mismo reto cuando la lucha se acelera y las condiciones se vuelven cada vez más propicias para la alternativa histórica.

Sol, mayo de 2014.


Toma de posición sobre las plataformas de la TCI y de la CCI (Stavros)

La mayor parte de las posiciones contenidas en las plataformas de la CCI [2] y de la TCI [3] coinciden ampliamente. Comenzaré señalando los acuerdos. La CCI y la TCI están ambas de acuerdo en la naturaleza contrarrevolucionaria de la democracia burguesa, de los sindicatos, de las luchas de liberación nacional, del capitalismo de Estado con apariencia de socialismo, así como sobre todos los “partidos obreros” que dan un apoyo “condicional” a estos Estados. De manera similar, rechazan como colaboracionistas de clase y contrarrevolucionarios a los frentes unidos o populares con grupos izquierdistas, ya sea bajo la bandera del antifascismo o de la unidad de la izquierda. Rechazan también la autogestión bajo el capitalismo. Tanto la CCI como la TCI afirman igualmente el carácter proletario de la revolución de octubre de 1917 en Rusia. Finalmente, los dos grupos se reclaman de los elementos internacionalistas de la Segunda Internacional que formaron la Tercera Internacional, así como de los elementos de la Tercera Internacional (particularmente de la izquierda italiana, pero también de las izquierdas holandesa y alemana) que lucharon contra la desviación hacia el oportunismo (es decir, la apertura al reformismo) y el abandono del internacionalismo proletario (socialismo en un sólo país).

Sin embargo, deben subrayarse las diferencias entre los dos grupos, ya que no es solamente una cuestión de semántica, sino que tienen un significado político y programático. Aparte de la divergencia aparente sobre la evaluación de la relación de fuerzas entre las clases -la CCI es más optimista sobre esta cuestión, teorizando que la burguesía no ha sido capaz de imponer su solución histórica de guerra generalizada sobre el proletariado- las principales divergencias son: su concepción del papel concreto y la organización de la vanguardia revolucionaria, su explicación sobre el desarrollo de la crisis del capitalismo y su periodización, y finalmente la naturaleza del periodo de transformación del capitalismo al comunismo, es decir, el periodo de transición.

Sobre la cuestión de la vanguardia revolucionaria, tanto la CCI como la TCI están de acuerdo sobre la necesidad de la creación de un partido comunista internacional y centralizado -como expresión de la organización política de la parte más consciente de la clase obrera- antes de la emergencia de una situación revolucionaria. El objetivo de ésta es combatir las mistificaciones ideológicas de la burguesía que se manifestarán seguramente en tales situaciones, por ejemplo en una situación de dualidad de poder cuando hay una amplia generalización y politización de la lucha de los trabajadores mediante la formación de los consejos obreros y también luego de la conquista del poder por los consejos obreros. La CCI y la TCI están de acuerdo asimismo sobre el hecho de que el partido no puede sustituir a la clase. Según la plataforma de la CCI sobre la organización de los revolucionarios: “Como parte de la clase, los revolucionarios no pueden, en ningún momento, sustituir a ésta, ni en sus luchas en el seno del capitalismo ni, con mayor razón, en el derrocamiento de éste o en el ejercicio del poder. De manera similar, para la TCI: “su tarea [del partido] será batirse por una perspectiva comunista en los órganos de masa del poder proletario (soviets o consejos). Sin embargo, el partido seguirá siendo una minoría de la clase obrera y no el sustituo de la clase en general. La tarea de edificar el socialismo corresponde a la clase obrera en su conjunto. Es una tarea que no puede ser delegada, ni siquiera a la vanguardia más consciente de la clase.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre estos dos grupos en cuanto al papel de la organización de los revolucionarios? Parece que es una diferencia de énfasis. La TCI pone más énfasis en el liderazgo revolucionario del partido comunista y el papel activo que sus militantes tomarán durante el asalto de la clase obrera contra el capitalismo y su Estado: “su principal tarea. Esta es ganar a las masas para el programa comunista y de conquistar la dirección política de la lucha con el fin de conducir hacia el derrocamiento revolucionario del Estado capitalista. La revolución será, pues, un éxito, solamente si la organización revolucionaria -el partido comunista poniéndos al frente de la clase- se ha desarrollado y preparado adecuadamente para su propio asalto frontal contra los enemigos políticos del programa revolucionario. Para la CCI, “La organización de los revolucionarios (cuya forma más avanzada es el partido) es un órgano necesario que la clase se da para el desarrollo de la toma de conciencia de su devenir histórico y para la orientación política de su combate hacia ese devenir.” Sobre la base de mi comprensión de su plataforma respectiva, la TCI pone mayor énfasis sobre el liderazgo activo, que debe llevar a cabo el partido revolucionario inmediatamente antes y durante el periodo de la dictadura del proletariado. Aquí, yo estoy de acuerdo con la posición de la TCI según comprendo, mientras que la posición de la CCI puede tender a una interpretación del partido considerado solamente como un grupo de propaganda.

¿Y sobre la forma de la organización de los revolucionarios? Para la CCI, el proceso de construcción del partido revolucionario es centralizado desde el inicio: “las fracciones o grupos que trabajan por su reconstitución tienden necesariamente hacia una centralización mundial. Ésta se concreta en la existencia de órganos centrales investidos de responsabilidades políticas entre cada uno de los congresos, ante los cuales son responsables.” Si bien estoy de acuerdo con la necesidad de una coordinación centralizada de la minoría revolucionaria incluso antes de que la organización haya madurado suficientemente hasta el punto que sería justificado llamarle partido, pienso que el peligo -en particular en un periodo de calma social relativa- es cuando estos órganos centrales tratan de ejercer una influencia indebida sobre sus diversas secciones (micromanagement), en el sentido del reclutamiento y la intervención de las diversas secciones en su región. Sobre la cuestión de la adhesión de las diferentes secciones al programa político como un todo, no puede haber duda. De manera similar, hay que subrayar la importancia de la centralización de la organización en su papel de esclarecedor de la clase, mostrándole el desarrollo globar de la actualidad y las lecciones de su lucha. Sin embargo, es vital que los órganos centrales no traten de imponer artificialmente una homogeneidad política por lo alto. Esta homogeneidad no tiene significado más que si es el resultado de debates y discusiones entre todas las diferentes secciones y miembros. Esto presupone que no solamente todos los militantes comprenden las posiciones políticas del partido, sino que comprenden también los fundamentos metodológicos (materialismo dialéctico). En el caso en que los órganos centrales intenten el “micromangement”, ello es con frecuencia un indicador de prácticas de reclutamiento oportunistas, porque se vuelve necesario imponer un control de antemano de arriba abajo con el fin de evitar la dilución de las posiciones políticas. Si bien estoy por el centralismo, no creo que pueda ser un centralismo vertical o un gurú del comité central infalible que ordene desde lo alto y demande una disciplina militar. Por el contrario, el centralismo y la disciplina son voluntarios y producto de la clarificación política y el debate.

La posición de la TCI parece ser que el futuro partido centralizado será el resultado de la consolidación de diferentes secciones que trabajan ya en conjunto. “La formación del Partido internacional del proletariado pasará por la disolución de las diversas organizaciones ’nacionales’ que han trabajado en conjunto y que están de acuerdo con la plataforma y el programa de la revolución. El Buró Internacional Por el Partido tiene como objetivo ser el centro de coordinación y de unificación de estas organizaciones”. Si bien comprendo por qué la TCI tiene esta posición -a saber, la experiencia única y su integración en la clase por cada sección en su contexto regional- creo que un peligro reside en la posibilidad de tolerar una falta de coordinación entre las diferentes secciones con anterioridad a la centralización, de la cual la TCI defiende su carácter indispensable. Además, no es claro para mí por qué las secciones territoriales deberían estar divididas según una base nacional. Aún más peligrosa es la posibilidad de permitir variaciones nacionales en la comprensión y la aplicación del programa político. Sin embargo, no estoy diciendo que los peligros puestos en evidencia más arriba representen un estado de hecho (no conozco suficientemente el funcionamiento interno de la TCI), solamente son escollo sobre los cuales la TCI debería estar vigilante con el fin de prevenirlos. Además, considerando que la TCI afirma que es vital que haya un partido internacionalmente centralizado ya formado antes del inicio de un periodo revolucionario, ¿cuál será la señal del comienzo del proceso de centralización? Es prácticamente como si nos dejara entender que ese proceso se realizará por sí mismo, de manera orgánica o emergente, en tanto que requiere la participación activa y concertada de todas las diferentes secciones del grupo como prioridad inmediata. Por lo demás, una organización internacional que es centralizada, es más apta para asignar sus recursos y sus esfuerzos para intervenir racionalmente en la clase sobre la base de su programa, que una organización dividida en varias secciones nacionales autónomas. Tal como lo comprendo, su posición es que un aumento de la conciencia de clase y de la lucha conducirá al proceso de centralización de las fuerzas prorrevolucionarias que actualmente se encuentran fragmentadas y sin raíces en la clase. Hay que orientarse y encontrar el equilibrio entre el hecho de no querer imponer arbitrariamente el centralismo desde arriba y la necesidad para la organización revolucionaria de coordinar su intervención.

Otra diferencia importante entre la CCI y la TCI es su comprensión de las causas de las crisis capitalistas y su periodización del capitalismo. La TCI no tiene ambigüedad en su análisis de las causas de las crisis capitalistas; es la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esto es una consecuencia del cambio en la composición orgánica del capital que pasa de una parte menor a una mayor de capital constante, en relación al capital variable. Por otra parte, para la CCI, hay dos dinámicas entrelazadas que explican las crisis: “Al generalizar sus relaciones al conjunto del planeta y unificar el mercado mundial, éste [el capitalismo] ha alcanzado un grado crítico de saturación de las mismas salidas que le habían permitido su formidable expansión en el siglo XIX. Cada vez más la dificultad creciente para el capital de encontrar mercados o realizar su plusvalor, acentúa la presión a la baja que ejerce sobre su tasa de ganancia el crecimiento constante de la proporción entre el valor de los medios de producción y la de la fuerza de trabajo que los pone en marcha”. Aunque esto pueda parecer una diferencia menor, esta diferencia está llena de implicaciones para la estrategia de los comunistas. Por ejemplo, una explicación de las crisis como siendo solamente el resultado de la saturación de los mercados, se presta a una comprensión de las crisis como un aspecto permanente de esta fase del desarrollo. Esta afirmación estaría en contradicción con los ciclos de acumulación observables durante el siglo XX, ciclos que pueden explicarse a la luz de la tendencia de la tasa de ganancia a bajar. Esta posición (saturación de los mercados) subestima la habilidad del marketing así como del crédito para crear nuevos mercados para las mercancías capitalistas. Sin embargo, la posición de la CCI es evidentemente más elaborada que sólo rechazar llanamente la pertinencia de la teoría de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y de apoyarse únicamente en la “saturación de los mercados”.

Una diferencia más entre la CCI y la TCI es la manera de conceptualizar los diferentes periodos del desarrollo capitalista. En la plataforma de la CCI, el periodo de la modernidad capitalista comienza con la Primera guerra mundial y es llamado decadencia del capitalismo. Si bien la palabra decadencia no se encuentra en la plataforma de la TCI, el término se menciona en su sección “Sobre nosotros”. En su plataforma, la TCI habla también de “medios de producción... en tanto que propiedad del capital financiero, la cual es la forma real del capital en la época imperialista”. Esta comprensión me parece completamente coherente con la noción de decadencia capitalista.

Sin embargo, la CCI incluye el concepto de descomposición en su comprensión de la decadencia: “resulta, como para toda otra sociedad en decadencia, un hundimiento y una descomposición crecientes de las instituciones sociales, de la ideología dominante, del conjunto de los valores morales, de las formas de arte y de todas las otras manifestaciones culturales del capitalismo”. Además de ser sin duda empírica y manifestamente falso, esto parece ser un añadido innecesario (con poco o ningún valor explicativo o predictivo) a la teoría de la decadencia. ¿Acaso la monarquía absoluta en el feudalismo decadente mostraba signos de descomposición? La institución de la monarquía absoluta no se descompuso, no se debilito por sí misma. Era necesario que fuera destruida por la revolución burguesa. Lo mismo para el capitalismo decadente. En ausencia de la revolución proletaria, podemos esperar nuevas formas de totalitarismo, no una sociedad en putrefacción donde reine el cada uno por su lado. Los otros aspectos de la teoría de la descomposición parecen pertenecer más bien al idealismo pequeñoburgués que al materialismo dialéctico.

La CCI planteó que la lucha de clases entraba en un periodo decisivo. Esto se apoyaba en la combatividad creciente de la clase obrera en las huelgas económicas de esta época. Debido a su falta de politización y generalización, la clase obrera no era capaz de afirmar su poder colectivo ni de representar una amenaza para el Estado. La clase obrera no adquiere conciencia de sí. La CCI sobreestima la capacidad del proletariado para resistir a la mistificación ideológica burguesa y a la represión estatal. Luego del fracaso de los “años de la verdad”, la CCI revisó la teoría de la decadencia para incluri una nueva categoría: la “descomposición”, en la cual ninguna de las clases puede imponer de manera decisiva sus intereses políticos. Desde el punto de vista de la CCI, este periodo se caracteriza por “una descomposición creciente de las instituciones sociales, de la ideogía dominante, de los valores morales, de las formas de arte y de todas las otras manifestaciones culturales del capitalismo”. El problema con esta visión es que subestima la dominación extensa de la burguesía y vuelve obscuro el dilema planteado por el capitalismo decadente: revolución proletaria o guerra imperialista.

El último, y probablemente el más significativo de los puntos de divergencia entre la CCI y la TCI es su concepción de la naturaleza del period de transformación del capitalismo en comunismo, es decir, del periodo de transición. Para la CCI, “durante este periodo de transición del capitalismo al comunismo, subsisten las clases y capas sociales no explotadoras además del proletariado, que basan su existencia en el sector no socializado de la economía. Debido a esto, la lucha de clases se mantiene como manifestación de los intereses económicos contradictorios en el seno de la sociedad. Esto hace surgir, por lo tanto, un Estado destinado a impedir que estos conflictos conduzcan a su despedazamiento. Pero con la desaparición progresiva de estas clases sociales mediante la integración de sus miembros en el sector socializado, es decir con la abolición de toda clase social, el Estado mismo será llamado a desaparecer”. Sin embargo, esta idea parece alejarse de la concepción del Estado como instrumento de dominación de clase, así como de la idea complementaria de que el Estado tiene el monopolio de la utilización de la fuerza. Si existe un estado aparte de la dictadura del proletariado, ¿cómo entonces el proletariado va a tener el monopolio del poder político y la autoridad exclusiva del uso de la violencia y la represión que ello conlleva? La TCI no menciona ningún semiestado separado de la dictadura del proletariado. Además, la TCI ha sido altamente crítica sobre el punto de vista de la CCI acerca del periodo de transición: “La forma de ver las cosas por parte de la CCI resulta en las siguientes consecuencias: el Estado en el periodo de transición no es la dictadura del proletariado; el Estado de transición, gracias al poder mágico del espíritu santo encarnado en la alianza de todas las clases no explotadoras, todas las cuales mantienen igual derecho, al mismo nivel que los remanentes de la burguesía, debe mezclarse en el socialismo; la dictadura del proletariado, de acuerdo a esto, no es tal, ya que ejerce su fuerza en nombre de ninguna clase específica.” [4]

Sobre este tema, me pongo del lado de la TCI. Un Estado implica el dominio de una clase. La forma de este dominio en el periodo de transición es la dictadura del proletariado. Basado en mi entendimiento, la dictadura del proletariado es el dominio político centralizado exclusivo de la clase obrera. Esto toma la forma de organismos obreros que combinan el poder legislativo y ejecutivo. La tarea inmediata de la dictadura del proletariado (junto con la supresión de la reacción) es socializar la propiedad ya que la propiedad privada de los medios de producción de los productos socialmente necesarios implica acumulación privada del poder social. Una vez que la dictadura del proletariado se ha consolidado en las potencias capitalistas centrales y que la propiedad se ha socializado, la tarea es abolir la ley del valor, y los organismos obreros pasan de ser órganos políticos para la supresión de la burguesía, a órganos cuya tarea es administrar racionalmente la producción de acuerdo a un plan material coordinado centralmente. El proceso de extinción del Estado corresponde a esta transición de tareas políticas (represión, expropiación) a tareas administrativas (producción de acuerdo a un plan para satisfacer las necesidades). No veo la necesidad de incluir una entidad de un semiestado separado de los consejos. El monopolio del uso de la fuerza (es decir, el Estado) está en las manos de los consejos obreros. ¿Qué sucede entonces con los estratos de la sociedad no explotadores aparte del proletariado? Los campesinos y las poblaciones precarias han existido desde antes de la emergencia del capitalismo, mientras que el proletariado es una clase revolucionaria que emerge sólo con el capitalismo. Los estratos no explotadores aparte del proletariado encontrarán su expresión política en la medida en que sean progresivamente proletarizados, es decir, en la medida en que sean incluido en la producción socializada (en lugar de la pequeña producción o de subsistencia). Una de las principales tareas del periodo de transición será la inclusión en la producción socializada de esta parte de la población, que es estructuralmente excluida por el capitalismo.

A pesar de la aparente similitud entre los programas de la CCI y de la TCI, tienen importantes diferencias, entre las más notables la teoría de la CCI sobre la descomposición y la divergencia entre los dos grupos sobre la cuestión del periodo de transición. Sobre esta sola base sería difícil imaginar la unificación entre estos dos grupos. Esto sin contar la cuestión de la salud organizativa de estos dos grupos (por ejemplo, la apertura de la CCI al anarquismo, así como su reportado sectarismo y naturaleza monolítica), cuestiones que han sido discutidas en otra parte.

Stavros, marzo de 2014.

(Publicado en http://igcl.org : 9 de septiembre de 2014)

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Notas:

[1El Partido Comunista Internacional, aunque es otra organización histórica importante, representa un caso aparte para el GIIC con su posición sobre los sindicatos rojos o su adhesión a ciertas luchas de liberación nacional, como Palestina. Comparte, sin embargo, la misma herencia programática y se sitúa en el campo proletario.

[4Marxism or Idealism, our Differences with the ICC (TCI, Marxismo o idealismo, nuestras divergencias con la CCI).