Revolución o Guerra N° 2

(Septiembre de 2014)

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Ucrania, Medio Oriente, África... pasos hacia la guerra imperialista generalizada

Ucrania, Israel-Gaza, Siria, Irak, Afganistán, Libia, Mali, República Centroafricana... la lista de las guerras locales mortíferas se alarga y amplifica inexorablemente desde hace varios meses. El capitalismo -en particular las grandes potencias, es decir las grandes “democracias”- multiplica las guerras sangrientas y siembra la muerte por cientos de miles en las que la mayor parte de las víctimas son civiles, mujeres, niños, viejos, padres de familia; o incluso jóvenes obligados frecuentemente a enrolarse en tal o cual ejército, cuando no se trata simplemente en milicias locales manipuladas y mantenidas por tal o cual potencia imperialista.

El lenguaje utilizado por los medios de difusión y sobre todo por los Estados y la clase dominante se liberan del lenguaje diplomático y toma cada vez más acento guerrero: “La experiencia nos ha enseñado que dialogar con el presidente Putin, es perder el tiempo” (Adam Michnik, Le Monde, 26 de julio de 2014). O también el primer ministro británico, Cameron, al enviar una carta a la OTAN en la cual estima que “los aliados de la OTAN (...) deberían ponerse de acuerdo sobre cómo podemos mantener una presencia robusta en Europa Oriental (...) para que Rusia comprenda bien que ni la OTAN ni sus aliados se dejarán intimidar. (...) El equipamiento y los materiales deberían estar en posición de antemano en los lugares clave para permitir el reforzamiento de la fuerza de respuesta de la OTAN, porque es claro que Rusia ve a la OTAN como un adversario” (BBC, 2 de agosto de 2014). “La paz europea esta en juego” según el ministro alemán de asuntos exteriores, Steinmeier (Der Spiegel, 28 de julio). Las celebraciones alrededor del desembarco aliado en Francia en junio de 1944 y las de la declaración de guerra de agosto 1914 fueron la ocasión para hacer paralelismos con la situación actual, en particular la política imperialista llevada a cabo por la Alemania nazi hasta 1939 con la de la Rusia de Putin actual.

A este lenguaje guerrero se suman campañas incesantes y renovadas contra el terrorismo y la ausencia de democracia en ciertos países (las dictaduras probadas como Siria o Corea del Norte pero también en las “democracias autoritarias” como la Rusia de Putin o también China). Por ejemplo, “el ministro de defensa británico, Michael Fallon, acusó a Rusia de patrocinar al terrorismo” (Der Spiegel, 22 de julio) luego de la destrucción del avión malasio en el cielo ucraniano. Entre los supuestos aliados occidentales, las mismas acusaciones, más apagadas, se siembran con regularidad -la violencia antidemocrática del Estado norteamericano y de sus servicios secretos, las “complacencias europeas” denunciadas por los norteamericanos ante el terrorismo, el antisemitismo e incluso ante las autocracias como la de Putin: “el antisemitismo aumenta en Europa ante el conflicto Israel-Gaza” titula el New York Times del 1° de agosto.

Pero sobre todo, todos los Estados, pequeños o grandes pero todos obligados a desarrollar políticas imperialistas, se arman cada vez más. La aparente baja en las cifras oficiales de gastos armamentistas para 2013 se debería principalmente “al retiro de los americanos de Irak y Afganistán” y no correspondería en nada a una bajo de las políticas de armamento y desarrollo del militarismo cuyo crecimiento ¡se ha duplicado desde 2004! Es sobre todo en Asia que los gastos hace explosión: “Pekín -que podría rivalizar con Washington en el plano militar de aquí a 2050, según el informe anual del Instituto internacional de estudios estratégicos- ha gastado 7,4% más en 2013 (esto es 188 mil millones de dólares según la estimación del SIPRI) y los diferendos territoriales con China han incitado a algunos de sus vecinos a acrecentar los créditos a los militares. ’Las inquietudes de Japón en cuanto a la potencia militar creciente de China, se añaden a la política nacionalista del gobieno nipón, y han conducido a Tokio a poner fin a la baja a largo plazo y progresiva de sus gastos militares’ ha señalado Sam Perlo-Feeman” (director de SPIRI, [1] reproducido por Les Échos, 14 de abril de 2014).

La dinámica del capitalismo conduce a una guerra imperialista generalizada

Todo indica que el mundo capitalista se prepara para la multiplicación y la agravación de las rivalidades imperialistas, tanto en el plano local como a escala planetaria. Todo indica que la burguesía se prepara para las guerras y, al final, para la guerra imperialista generalizada. Y si lo dudamos, cada vez más ideólogos y estrategas burgueses se expresan sobre el tema con cada vez menos reservas, hasta el punto en que el New York Times no ha dudado en publicar un artículo vomitivo al respecto:

“La lentitud continua del crecimiento económico en las economías de renta elevada ha provocado interrogaciones entre los economistas. Estos han examinado la debilidad de la demanda, las inequidades crecientes, la competencia china, la sobrerreglamentación, lo inadecuado y el agotamiento de las nuevas ideas tecnológicas como posibles causas. Sin embargo, otra explicación para el crecimiento lento llama ahora la atención. Es la persistencia y la esperanza de paz. El mundo no ha tenido tantas guerras recientemente, al menos según los criterios históricos. Algunas de los encabezados de los diarios recientes sobre Irak o Sudán del Sur dan una imagen de nuestro mundo como muy sangriento, pero las pérdidas humanas actuales palidecen a la luz de las decenas de millones de personas muertas en las dos guerras mundiales durante la primera mitad del siglo XX.” (Tyler Cowen, New York Times, 13 de junio de 2014; negritas nuestras).

La guerra imperialista generalizad, la tercera guerra mundial, es la solución para los capitalistas “esclarecidos”. Las cosas son dichas con claridad. El cinimos de la clase capitalista no tiene límite.

La guerra acelera la tendencia a la bipolarización imperialista

¿La guerra generalizada como nueva fantasía de periodistas? ¿Elucubración de economistas? ¿O una hipótesis abstracta entre otras? ¡Nada de eso! Su proceso está de hecho ya en curso, y las guerras actuales lo revelan y aceleran la clarificación y la definición de los alineamientos imperialistas de las diferentes potencias. No son los conflictos en sí lo que hay que observar, sino más bien las líneas de fractura imperialista que aparecen ahora por un punto u otro, a la superficie de este océano de conflictos y acontecimiento diplomático de todo tipo. Son las rivalidades y los alineamientos entre las mayores potencias imperialistas lo que hay que observar para comprender a qué catástrofe conduce el capitalismo al mundo, si el proletariado revolucionario se lo permite.

El cumplimiento y la realización final de la tendencia a la bipolarización imperialista alrededor de dos polos principales es una condición indispensable para el desencadenamiento del holocausto capitalista. Pero esta tendencia está ya en marcha desde hace cierto tiempo y se expresa cada vez más claramente con ocasión de cada nuevo conflicto mortal. Había aparecido abiertamente durante el rechazo germano-franco-ruso a secundar la intervención militar estadounidense-británica contra el Irak de Saddam Hussein en 2003. Desde entonces, esta tendencia a una polarización imperialista alrededor de dos grandes polos, Estados Unidos por un lado, la Unión Europea bajo el liderazgo de Alemania por el otro, no ha sido desmentida a pesar del mantenimiento de la OTAN, de las declaraciones diplomáticas entre los supuestos “aliados” que le acompañan, y su oposición a países como Rusia e incluso como China. Las diferentes guerras locales de estos últimos meses son a la vez un producto y un factor acelerador de esta tendencia. ¡Que se juzgue!

Las diferentes guerras en Medio Oriente, de Irak a Israel-Gaza, pasando por Siria, y apenas más alejado Afganistán, han mostrado a su vez el debilitamiento de la fuerza imperialista estadounidense a pesar de su superioridad militar aún aplastante. ¡Hasta Israel se autoriza empresas militares sin el aval de los Estados Unidos! [2] Francia, Rusia, y con frecuencia de manera apenas más discreta Alemania, aprovechan sus vínculos históricos y sus aliados locales del momento -Qatar, Líbano para la primera, Siria para la segunda, Turquía, Irán para la tercera(?)- para volver al juego imperialista de esta región, de la que habían sido prácticamente excluidas, y minar aún más la influencia norteamericana. Por ejemplo, la iniciativa franco-alemana para sostener una conferencia en París el 26 de julio para lograr un cese al fuego en Gaza, expresa este nuevo “dinamismo” europeo que, sin embargo, está consciente de sus posibilidades por el momento. [3] Entre tanto, las poblaciones son atacadas, acorraladas frente a la muerte, la miseria, el exilio, el terror...

En África, donde la sangre y los combates se extienden por la gran parte central del continente, del este al oeste, de Sudán a Nigeria, pasando por Mali, la República Centroafricana, etc., Francia juega el papel de gendarme de Europa contra la presencia china y... estadounidense -a pesar, una vez más, de los discursos comúnes contra el terrorismo islamista y por la democracia, como pudo aparecer con el apoyo diplomático y logístico norteamericano a la intervención militar francesa en Mali. “Europa no puede dejar actuar sola a Francia en África”, declaró el ministro alemán de asuntos exteriores Steinmeier (Der Spiegel, 28 de enero de 2014) y, de hecho, Alemania participa en la intervención militar francesa en África.

En Asia, las tensiones crecientes en el Mar de China, atizadas a la vez por las provocaciones de Corea del Norte y las pretenciones territoriales y marítimas de China, han provocado ya varios incidentes militares con Japón y Corea del Sur e inquietado a los otros vecinos como Vietnam. Todos se lanzan en políticas militaristas que ven una explosión de los gastos militares. Los alineamientos imperialistas en esta región del mundo se delinean muy claramente. El dinamismo imperialista chino obliga a Japón y Corea del Sur -sin olvidar Taiwán- a responder en el plano militar y a ligarse cada vez más a los Estados Unidos, mientras que “el triángulo estratégico Rusia-China-India se consolida. El acercamiento [actual, según nosotros] entre Rusia y China, confirmado durante la reciente visita del presidente Putin a China, consolida una importante reorientación del paisaje estratégico internacional. (...) La creciente avenencia entre los dos vecinos ha sido motivada en gran parte por la política anglo-americana de enfrentamiento económico y militar, que se vuelve cada vez más agresiva (...) Por otra parte, la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA), que se llevó a caba el 21 de mayo en Shangai, ofreció un contrapeso a la política de la OTAN y de los Estados Unidos que abiertamente busca encerrar tanto a Rusia como a China” (sitio web de la prensa burguesa Solidaridad y progreso, 27 de mayo de 2014 [4]).

Ucrania, epicentro de la agravación de las rivalidades y alineamientos imperialistas

Pero es sobre todo en Ucrania donde las cuestiones fundamentales de la situación imperialista mundial se cristalizan. Un juego imperialista entre tres se lleva a cabo en Ucrania desde el fin de la URSS: por un lado, los Estados Unidos, persiguiendo su objetivo imperialista en la región con miras a controlar a Rusia y mantenerla aislada de Europa, si no es que en conflicto con ésta, ha impulsado a los dirigentes ucranianos pro-occidentales para que avancen prometiéndoles la entrada en la OTAN -como lo hicieron con Georgia por ejemplo. Del otro lado, Rusia, una vez más, no podía aceptar que Ucrania a su vez se volviera miembro de la OTAN o un Estado asociado de la Unión europea. Esta posibilidad era impensable para la burguesía rusa, tanto por el hecho de que su principal base militar marítima del Mar Negro -que desemboca, pues, en el Mediterráneo- pertenece a Ucrania (Crimea), como el que difícilmente podría aceptar ni un poco de control sobre sus exportaciones de gas, de las cuales gran parte pasan por Ucrania (la otra pasa por el Mar Báltico con Alemania) [5].

Por su parte, la Unión europea bajo la dirección de Alemania busca sobre todo lograr hacer entrar a Ucrania bajo su “sombra económica”, y de allí política, al asociarla a la Unión Europea. Y, asimimso, oponerse a la política estadounidense hasta el punto en que, antes incluso de que el conflicto estallara, la secretaria de Estado norteamericano, Victoria Nuland, clamaba: “¡Que la Unión europea se vaya al carajo!” (7 de febrero de 2014). En efecto, para Alemania: “Siempre hemos mantenido contactos con Moscú y los continuaremos, porque requerimos de ellos (...) Las relaciones políticas, económicas y sociales entre Europa y nuestro vecino ruso son mucho más estrechas” que las de los EUA (Steinmeier, Der Spiegel, 28 de julio). Si bien los Estados Unidos tomaron parte ampliamente en los enfrentamiento de la plaza Maidan de Kiev, que llevaron al anterior presidente Ianoukovitch a dimitir, posteriormente fueron prácticamente excluidos de las discusiones y negociaciones entre los diferentes partidos ucranianos y Rusia. Es bajo la égida de la Unión Europea, de Alemania y sus aliados cercanos, que se discutieron y definieron la instalación del nuevo poder y el problema de la anexión de Crimea por Rusia. “Estas dos últimas semanas, no he dejado de prestar toda mi atención ni un segundo a la crisis ucraniana. Los ministros de asuntos exteriores de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania llegaron a un acuerdo sobre la vía del cese al fuego a principios de julio en Berlín” (Steinmeier, Der Spiegel, 18 de julio) -la importancia aquí no es que este cese al fuego sea hasta hoy un fracaso en sí de los Estados Unidos, sino el hecho de que... estos (y Gran Bretaña) fueron excluidos de esta reunión, y que el ministro alemán lo declara con fuerza.

Con gran perjucio de los Estados Unidos, que desde entonces no han cesado de elevar las amenazas contra Rusia, de impulsar hacia la guerra, y de hacer presión sobre los europeos con el fin de hundir una cuña entre estos y Rusia: “Después de la caída del vuelo de Malaysia Airlines en Ucrania oriental, los llamados de Washington a imponer duras sanciones contra Moscú aumentan. Varios gobiernos aún dudan, abriendo la vía a la próxima gran disputa transatlántica” (Der Spiegel, 22 de julio).

Para el imperialismo norteamericano lo que se juega es importante: evitar un reforzamiento del peso de Alemania y, alrededor de ésta, de los principales países de la Unión europea, tanto en Europa como en el escenario mundial; y no ver nuevamente anunciado ostensiblemente el eje Berlín-Moscú-París que apareción en 2003 durante la guerra de Irak. La afirmación de la potencia europea y de su atracción a la vez frente a países como Ucrania y Rusia, significaría ante los ojos del mundo entero que Europa alrededor de Alemania es una alternativa imperialista creíble ante la dominación norteamericana y una etapa en su dinámica de debilitamiento histórico que vive desde hace ya 20 años.

Cualquiera que sea el resultado del conflicto en Ucrania, éste marcará una nueva etapa -sin duda tan significativa como la oposición germano-francesa de 2003 a la guerra en Irak- de la tendencia a la bipolarización imperialista que impone inelcutablemente la perspectiva de la guerra imperialista generalizada.

Es al nivel de lo que revela el conflicto ucraniano que podemos comprender el significado de las tensiones diplomáticas y de las campañas cada vez menos discretas entre los Estados Unidos (apoyados por Gran Bretaña) y los europeos. Hace algunos años, los asuntos de espionaje se arrglaban en silencio, tras bastidores. Actualmente, la burguesía alemana (y europea) se aprovecha del espionaje de la NSA sobre los teléfonos personales de los miembros de los gobiernos -¡hasta el de Merkel estaba contolado!- para denunciar públicamente las prácticas norteamericanas. Esto ha llevado incluso a la expulsión del jefe de la CIA de la embajada norteamericana en Berlín el 10 de julio; una práctica que jamás se había visto entre los supuestos aliados de la OTAN y que corresponde a las prácticas de la guerra fría. Este asunto fue la ocasión para relanzar con mayor fuerza las campañas antiamericanas en Europa. Aquí también, Alemania se ha puesto a la cabeza de esta cruzada, tal como ha mantenido, con ayuda de sus principales socios europeos, la nominación de Juncker como presidente de la comisión europea, a pesar del chantaje y la amenaza británcia de retirarse de la Unión europea.

Por su parte, los Estados Unidos y su aliado británico no se han cansado de fustigar el espíritu “muniqués” y la complacencia de los europeos ante las dictaduras, Putin, el terrorismo y el islamismo. “Europa se ha vuelto el principal maná financiero de Al Qaeda, según el New York Times. En una encuesta publicada el 29 de julio, el periódico precisa que desde 2008, Al Qaeda ha recibido al menos 125 millones de dólares gracias a los rescates.” (Le Monde, 30 de julio). O también de poner en evidencia, y de paso hacer pagar una multa récord, la participación de los bancos europeos, suizo y francés especialmente, en actividades comerciales de países “enemigos” como Sudán, Irán, y Cuba, sometidos a un embargo estadounidense.

En breve, de cada “lado”, cuando la ocasión se presenta, se desarrollan y afinan los temas ideológicos y nacionalistas para arrastrar a las poblaciones y, sobre todo a la clase obrera, tras la defensa de “su” Estado y de “su” nación.

Con frecuencia se plantea un argumento contra la perspectiva de guerra generalizada: ningún rival potencial está a la altura de medirse militarmente contr la fuerza norteamericana. Globalmente es cierto, y esto es un elemento que aún falta a los países europeos, y particularmente a Alemania. Pero esto es también un factor dinámico, activo, que explica porqué la búsqueda de establecer una alianza duradera con Rusia y Francia, ambos países dotados de armas nucleares y fuerzas militares considerables. Apostamos, por lo demás, que Alemania -tal como Japón- no tardaría en superar su retardo rápidamente en este plano una vez cumplidas... las condiciones políticas, especialmente “nacionales”. Este argumento, que no desmiente la realidad de las contradicciones capitalistas e imperialistas que conducen a la guerra imperialista, es además relativo: “Colectivamente, Europa gasta anualmente 270 mil millones de dólares en defensa, apenas en segundo lugar después de los Estados Unidos. Nuestros aliados europeos poseen las mismas capacidades, o casi, que nosotros en varios dominios de la guerra entre ejércitos, incluidas las operaciones de caza táctica, la guerra naval de superficie y las operaciones especiales. En ninguna otra parte del mundo existe una concentración comparable de aliados listos para el combate, que hacen sus pruebas, y pueden desplegarse al lado de las fuerzas americanas”, según el general Philip Breedlove, comandante de las fuerzas norteamericanas en Europa, el 1° de abril de 2014 ante el congreso de EUA [6].

¿La marcha a la guerra generalizada está, pues, abierta? ¿Es inéluctable?

El curso guerrero parece imponerse a la burguesía como una evidencia. Como si estuviera (auto)-convencida de que nada podría impedirlo. Como si la censura masiva y deliberada sobre las luchas obreras -por débiles que sean, siguen siendo una realidad- en reacción a la crisis y a los sacrificios destinados a los proletarios mismo, hubiera logrado borrar esta realidad ante sus propios ojos. De golpe, obligada y excitada por la gravedad del atolladero económico y por la exacerbación de las rivalidades económicas e imperialistas, la clase dominante enfrenta -el proceso está ya en marcha- al proletariado internacional, a la vez y al mismo tiempo tanto en el plano de la crisis económica, como en el de la guerra. ¡Esto es inédito en la historia del capitalismo!

Pero aún si el proletariado actualmente parece lejos de reaccionar a la altura de los ataques y los retos históricos, sigue siendo la única fuerza capaz de oponerse a los efectos de la crisis y a la perspectiva de la guerra, al oponerse al capitalismo a la vez como clase explotada y clase revolucionaria, trazando la vía para el derrocamiento de su Estado mediante la insurrección y la imposición de su propia dictadura de clase, y destruyendo de fondo y en conjunto el modo de producción capitalista, el salariado y la explotación, hasta el advenimiento de una sociedad sin clases, sin dinero, sin mercancías y sin guerra: el comunismo (lo decimos una vez más: esto es lo opuesto al stalinismo y a lo que proponen los izquierdistas de toda calaña).

Mientras el proletariado no se deje imponer estos sacrificios sin reacción, mientras no se deje arrastrar masivamente a los conflictos guerreros, la burguesía no tendrá las manos libres para desencadenar el holocausto. Y mientras la movilización obrera se mantiene en la exYugoslavia ayer despedazada por la guerra -en Bosnia en particular- desde febrero contra los efectos de la crisis y con la consigna de “abajo los nacionalismos”; el hecho de que “en el occidente de Ucrania, han estallado manifestaciones y revueltas contra la guerra y el militarismo. Los manifestantes indican que no quieren morir ni ver morir a sus hijos por los intereses de los oligarcas de Kiev” (citados por la carta “Somos las aves de la tempestad” según KRAS-AIT, 31 de julio de 2014), no puede sino impulsar a los revolucionarios y los proletarios conscientes a tener confianza en las capacidades de revuelta y revolucionarias de la clase obrera.

Para los grupos comunistas -mañana el partido-, expresiones más altas de la conciencia de clase y a este título llamados a jugar el papel de dirección política del combate histórico de su clase, la denuncia de la guerra imperialista es un elemento esencial de su intervención porque, al mismo título que la crisis económica capitalista, la guerra imperialista es un factor de lucha y de conciencia proletaria.

Jonas/RL, 3 de agosto de 2014.

(Publicado en http://igcl.org : 9 de septiembre de 2014)

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Notas:

[1Stockholm International Peace Research Institute (www.sipri.org).

[2Para un seguimiento particular de este conflicto, remitimos a nuestros lectores al artículo de la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI): The Ongoing Barbarism of Two Nationalisms: Hamas and Israel exploit their mutual weaknesses to revive their national agendas within the increasingly critical Middle East region.

[3“En Medio Oriente, los europeos no podemos actuar como su pudiéramos reemplazar a los EUA. Podemos contribuir a la discusión con la gente en el sitio sobre las condiciones necesarias para un cese al fuego y, con un poco de suerte, un retorno a las negociaciones acerca de una solución con los dos Estados. Pero los EUA y los vecinos árabes siguen siendo actores centrales en todo esfuerzo de paz. Les apoyaremos según nuestras posibilidades. Aunque los primeros esfuerzos para un cese al fuego no hayan tenido un buen éxito, el objetivo sigue siendo romper con la lógica militar” (Steinmeier, Der Spiegel, 18 de julio de 2014).

[5.- Remitimos al artículo de la TCI, Ukraine’s Crisis – Local Players and Imperialist Games , sobre la dinámica misma de los acontecimientos en la zona y el punto de vista de clase, que advierte a la clase obrera contra el apoyo a alguno de los campos nacionalistas presentes. La única “divergencia”, de segundo órden y ligada a las posturas y métodos de análisis distintos entre las dos corrientes históricas ligadas a la TCI-exBIPR y a la CCI “histórica” le’, que tenemos con los camaradas sobre ese artículo: el artículo no va tan lejos como nosotros en la afirmación del polo imperialista europeo alrededor de Alemania, ni evoca la dinámica hacia la guerra generalizada.

[6.- Véase el sitio www.eucom.mil , citado por www.lapresse.ca, revista canadiense en línea, 9 de agosto de 2014.