Revolución o Guerra n°12

Número especial sobre el campo proletario y su devenir - Julio 2019

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Atolladero histórico y atolladero teórico : La teoría de la fase de la descomposición social (Fracción interna de la CCI, 2005).

Republicamos aquí un texto de la FICCI de 2005 que revisa rápidamente la génesis de la adopción de la teoría de la descomposición por la CCI en la década de 1990. Nos parece importante armar a las generaciones más jóvenes de revolucionarios, así como a los no tan jóvenes, contra esta teoría, que fue el vector teórico y político para la penetración de la ideología burguesa y pequeñoburguesa en la CCI y para el surgimiento de su curso oportunista que todos pueden ver hoy. Más allá de la capacidad de la propia CCI para poder introducir esta ideología en el campo proletario, no cabe duda de que, de una forma u otra, bajo una bandera u otra como la de la Descomposición, el oportunismo seguirá intentando penetrar en las filas y "pensamientos" comunistas. La lucha de la FICCI, con sus fortalezas y debilidades, contra la teoría de la Descomposición es una experiencia que puede ser utilizada hoy y en el futuro.
Este texto destaca cómo la descomposición sólo puede llevar a cuestionar la alternativa histórica, la perspectiva de una guerra imperialista generalizada y la noción de "curso histórico" que la CCI acaba de abandonar. También mencionó brevemente cómo fue posible introducir las nociones de
clanes – según la CCI, la fuente de todas las crisis organizativas desde el enfrentamiento entre Marx y Bakunin en la 1a Internacional – y el parasitismo. Finalmente, debe quedar claro para el lector que si bien compartimos la esencia de la crítica de la FICCI, el GIIC no se sitúa hoy en la misma lucha – la de fracción de la CCI – y que no necesariamente compartimos todos los puntos y argumentos que desarrolla este texto.

El GIIC

Desde hace unos tres lustros la Corriente Comunista Internacional ha sostenido la entrada del capitalismo en una nueva y última fase de su devenir: la fase de la descomposición social. [1] Originalmente, la CCI definió a ésta como una última etapa dentro de la decadencia del capitalismo, con ciertos rasgos nuevos y peculiares. Y, en efecto, a diferencia de la teoría de la decadencia, la cual es uno de los fundamentos de las posiciones de principio de la CCI y hunde sus raíces en el desarrollo del marxismo desde hace más de un siglo, [2] la teoría de la descomposición constituye un desarrollo teórico particular de la CCI, sin precedente en su fundamento, por más que la CCI haya intentado enlazarla con todo el desarrollo teórico anterior, y en particular con la teoría de la decadencia. En los últimos años, y de manera cada vez más acelerada, la teoría de la descomposición se plantea en términos contrapuestos no solamente a la misma teoría de la decadencia tal como fue desarrollada por la propia CCI, sino también en términos contrapuestos a los principios básicos del marxismo, [3] constituyéndose, desafortunadamente, como una expresión más de la tendencia hacia la degeneración política de esta organización.

Para la CCI la entrada en la fase de descomposición social tiene su causa fundamental en un “bloqueo” o atolladero histórico [4] en el que se habrían enredado la burguesía y el proletariado. Las tesis sobre la descomposición de 1990 giran precisamente sobre esta noción de bloqueo histórico como fundamento de la descomposición:

« 3. (...) el hundimiento durante dos décadas de la economía capitalista en una nueva crisis abierta, sin que la burguesía, por su incapacidad para alistar tras sus banderas a la clase obrera, pueda dar su propia respuesta a esa crisis: la guerra mundial ...
4. Ese último punto es precisamente lo nuevo, lo específico, lo inédito que, en última instancia, ha sido la causa de la entrada del capitalismo decadente en una nueva fase de su historia, la de la descomposición. La crisis abierta que se inicia a finales de los años 60, consecuencia del agotamiento de la reconstrucción de la posguerra, abre de nuevo la vía a la alternativa histórica de guerra mundial o enfrentamiento de clase generalizados hacia la revolución proletaria. Pero, contrariamente a la crisis abierta de los años 30, la crisis actual se ha desarrollado en un momento en el que la clase obrera no estaba sometida a la contrarrevolución. Por eso, con su resurgir histórico a partir del año 1968, dio la prueba de que la burguesía no tenía las manos libres para desencadenar una tercera guerra mundial. Al mismo tiempo, aunque el proletariado ha encontrado las fuerzas para impedir esa "solución", en cambio no ha encontrado todavía las fuerzas necesarias para echar abajo al capitalismo... a causa del ritmo de la crisis mucho más lento... a causa del retraso histórico en el desarrollo de su conciencia y de sus organizaciones políticas...
En una situación así, en la que las dos clases fundamentales –y antagónicas- de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, la historia sigue, sin embargo, su curso (...) Mientras las contradicciones del capitalismo en crisis no cesan de agravarse, la incapacidad de la burguesía para ofrecer a la sociedad entera la menor perspectiva y la incapacidad del proletariado para afirmar, en lo inmediato y abiertamente, la suya propia, todo ello no puede sino desembocar en un fenómeno de descomposición generalizada, de putrefacción de la sociedad desde sus raíces...
5. ... La situación actual se define, en cambio, en que la clase obrera no es todavía capaz de entablar ya el combate por su propia perspectiva ... la de la revolución comunista, pero también en que la burguesía es incapaz de proponer la menor perspectiva, ni siquiera a corto plazo, pues la capacidad que ésta demostró en el pasado, incluso en el periodo de decadencia, para limitar y controlar el fenómeno de descomposición va a desaparecer ante los golpes de ariete de la crisis...
6. Es así como, incluso si la fase de descomposición aparece como remate, como síntesis de todas las contradicciones y manifestaciones sucesivas de la decadencia capitalista ...
Esta fase de descomposición está determinada esencialmente por condiciones históricas nuevas, inéditas e inesperadas: la situación de bloqueo momentáneo de la sociedad, a causa de la "neutralización" mutua de sus dos clases fundamentales, lo que impide que cada una de ellas aporte su respuesta decisiva a la crisis abierta de la economía capitalista. Las manifestaciones de la descomposición, las condiciones de su evolución sólo pueden examinarse poniendo en primer plano ese aspecto»
(“La descomposición: fase última de la decadencia del capitalismo”. Revista Internacional 62, 1990. Los subrayados son nuestros).

La teoría de la descomposición define, pues, la entrada del capitalismo en una fase histórica nueva que abarcaría desde finales de los años 80 (el derrumbe del bloque del Este sería la marca definitiva de la entrada en ésta, aunque su origen sería años antes), hasta el final del capitalismo. Esta fase de descomposición, la última y definitiva del capitalismo, estaría causada por un fenómeno momentáneo: el atolladero en que se encuentra la alternativa histórica ofrecida por la burguesía y el proletariado y la burguesía de revolución o guerra, « la situación de bloqueo momentáneo de la sociedad, a causa de la "neutralización" mutua de sus dos clases fundamentales » (Revista Internacional 62).

En tanto que la CCI no perdía de vista que el “atolladero histórico”, la “neutralización entre las clases fundamentales” era un fenómeno temporal, el cual abriría paso a una nueva situación dinámica en que se expresara nuevamente de manera clara la vía hacia una solución histórica de la crisis capitalista (la guerra imperialista generalizada o la revolución proletaria internacional), dicha noción explicaba el periodo bisagra que efectivamente vivimos con la desaparición del viejo juego de bloques imperialistas (USA-URSS), que alejó momentáneamente la perspectiva de una tercera guerra mundial, y que produjo un tremendo retroceso en la conciencia y en las luchas del conjunto de la clase obrera.

Ahora bien. El problema fundamental con la teoría de la descomposición, es precisamente que ésta evolucionó al dejar de considerar el “atolladero histórico” como un fenómeno “momentáneo”, para considerarlo como un rasgo característico, como LA característica permanente de la fase histórica actual.

Es cierto que – en la sociedad o en la naturaleza – un fenómeno “momentáneo” puede ocasionar, dar paso a una situación “permanente”; en este sentido, ese “bloqueo momentáneo”, en cuanto causa solo podía entenderse como un punto de partida, como un “detonante” de la fase histórica nueva, pero de ninguna manera como la característica de dicha fase, pues de lo contrario se caería en el contrasentido lógico de que la situación “momentánea” sería, al mismo tiempo, “permanente”.

Desafortunadamente esta evolución se dio no como un debate abierto, no como dos posturas explícitamente diferentes en lucha, sino como una oscilación constante en las tomas de posición sobre la situación internacional y en las orientaciones de la CCI que, volviendo hacia atrás, puede ahora seguirse claramente a través de los editoriales de la Revista Internacional. Esta oscilación puede verse muy claramente, por ejemplo, en relación a la posibilidad o no de la formación de un nuevo juego de bloques imperialistas, y por tanto en relación a la posibilidad de que la burguesía pudiera o no marchar nuevamente hacia “su” solución a la crisis económica: la guerra imperialista generalizada. Durante varios años esta cuestión permaneció “abierta” en el seno de la CCI, aunque progresivamente fue ganando la idea de que, el “caos” y el “cada uno para sí” se impondrían sobre la tendencia a formar ese nuevo juego de bloques imperialistas.

Anteriormente, hemos dado ya cuenta de que la teoría de la descomposición ha evolucionado en los últimos años en el sentido de negar cada vez más la alternativa histórica de guerra imperialista generalizada o revolución proletaria mundial, alternativa que, sin embargo, originalmente la CCI trataba aún de compaginar con la teoría de la descomposición. Véase la cita de la Revista Int 62 transcrita más arriba, o ésta otra, con la que remata las tesis sobre la descomposición:

«17. ... la descomposición no debe llevar ... a adoptar frente a ella una actitud fatalista. La perspectiva histórica sigue abierta... la misma causa básica del desarrollo de la descomposición, o sea, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo, es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase... » (“La descomposición... “ Revista Internacional 62).

Pues bien. En la medida en que el bloqueo de la sociedad se expresa teóricamente, no ya como un fenómeno históricamente momentáneo sino más bien como una “constante”, ese “fatalismo” contra el que se prevenía la CCI en 1990, gana cada vez más terreno en sus tomas de posición y artículos:

El « fenómeno de descomposición generalizada es causada por el hecho de que, mientras las contradicciones del capitalismo se agravan, la burguesía es incapaz de ofrecer la menor perspectiva al conjunto de la sociedad y el proletariado tampoco está a la altura de afirmar de manera inmediata la suya propia... el proceso de destrucción de la humanidad, bajo los efectos de la Descomposición, aunque lento y solapado es irreversible...
Ahora, el proletariado está confrontado a una amenaza... de una "muerte a fuego lento" en la que la clase obrera sería cada vez más aplastada por este proceso de descomposición hasta perder su capacidad de afirmarse en tanto que clase, mientras que el capitalismo se hunde de catástrofe en catástrofe... »
(“Comprender la descomposición del capitalismo”, Revista Internacional 117, 2004).

Al volver sobre los elementos teóricos que dan sustento a este “fatalismo” político que invade cada vez más a la actual CCI, tuvimos que remontarnos hasta el origen de la teoría de la descomposición, para encontrar que detrás de ésta se encuentra también un atolladero, un callejón sin salida teórico del que no se puede escapar más que cuestionando la teoría misma de la descomposición, y sobre el que queremos llamar la atención ante todo a los camaradas de la CCI que aún no han perdido la capacidad de reflexionar, sobre el que deberían pronunciarse públicamente, haciendo abstracción, al menos por un momento, de que quienes lo enuncian son oficialmente considerados por la CCI tan sólo como lúmpenes, ladrones, gángsteres, tránsfugas, stalinistas, fascistas y soplones de la policía, y por tanto indignos de cualquier respuesta política argumentada. ¿En qué consiste, pues este atolladero teórico?

Hay en ésta teoría un contrasentido lógico, pues ¿cómo es posible que una fase histórica definitiva – es decir, duradera, permanente hasta el final del capitalismo – pueda tener como rasgo característico esencial, constante, un fenómeno momentáneo ?

A este contrasentido solamente puede suceder una de dos salidas :

O bien el impasse, el atolladero histórico – el cual se considera momentáneo, temporal – cede a una nueva situación dinámica, es decir a un nuevo curso abierto de la alternativa histórica de guerra o revolución; pero entonces la característica enunciada de la descomposición desaparece.

O bien, el atolladero histórico deja de ser “momentáneo”, se revela como una situación permanente. Pero entonces la alternativa histórica se desvanece (no hay posibilidad de una nueva guerra imperialista generalizada, y a la vez se alejan cada vez más las condiciones para la revolución proletaria); el capitalismo se hunde y la humanidad entra en un proceso irreversible de destrucción. Sin enunciarlo franca y claramente, es este el camino teórico que, sin embargo sigue la actual CCI.

En los últimos años, en la CCI el dominio de la teoría de la descomposición se ha ido abriendo paso en detrimento del seguimiento del momento en que nuevamente el movimiento de las clases fundamentales traería de vuelta al escenario la alternativa histórica (abandono del análisis de la crisis económica, de las pugnas imperialistas que tendían a la formación de un nuevo bloque, desprecio hacia las expresiones de luchas obreras). Finalmente, cuando la situación histórica abría la posibilidad, en el 2001, con la reanudación de las luchas proletarias (Argentina, Francia, etc.) y la marcha hacia la guerra por parte de la burguesía (marcado por el derrumbe de las Torres Gemelas), de que esta contradicción encontrara una solución en un debate claro, franco y abierto, dicha posibilidad quedó clausurada al sobrevenir la nueva crisis organizativa de la CCI. Todavía en ese momento, el análisis alternativo sobre la reanudación de la lucha de clases y la marcha hacia la guerra, de los camaradas que posteriormente formarían parte de la fracción, era recibido con atención y simpatía por una buena parte de la organización.

Para 2004, la “Descomposición” (así, con mayúsculas) se ha vuelto para la CCI actual « el factor central de la evolución de toda la sociedad » (sic). Por lo tanto el atolladero histórico que inicialmente se definía solamente como “momentáneo” tiene que ser considerado ahora – explícita o implícitamente – como un fenómeno también permanente. De allí la tendencia cada vez más fuerte y abierta en las publicaciones de la CCI actual a menospreciar u ocultar todo acontecimiento que vaya en contrasentido de esa teoría y a desvanecer teóricamente la noción marxista de la alternativa histórica de guerra o revolución, por una visión que se aproxima no solamente a las teorías “derrumbistas” dentro del campo marxista, [5]sino incluso a las de las sectas fundamentalistas que pregonan la aproximación inevitable del fin del mundo.

Aún más. La facción liquidacionista que, a la postre se hizo de la dirección de la CCI, empezó a sustentar sus medidas “disciplinarias” en la teoría de que la descomposición social producía también una tendencia permanente a la formación de clanes dentro de la organización revolucionaria, por lo cual se requería de una “vigilancia” especial y de un combate permanente contra dichos clanes; pero con esta teoría se clausuró la posibilidad de la existencia no solamente de tendencias o fracciones sino de divergencias y debates contradictorios profundos; pues en adelante basta con etiquetar a cada divergencia, tendencia o fracción como “tendencia al clanismo”, para que ésta sea enterrada y sus representantes sean sancionados y “disciplinados”.

De allí que, aunque aún no ha modificado su programa político para incluir la teoría de la descomposición, ésta se ha convertido ya en un dogma, en un artículo de fe no criticable en el interior de la organización, tal como lo revela la nueva y “contundente denuncia” de la facción liquidacionista contra los elementos de la fracción quienes critican ahora dicha teoría, « después de haber votado durante años diferentes resoluciones donde la aceptaban ». En realidad, esta “denuncia” se vuelve contra los militantes actuales de la CCI, pues todos ellos también han votado todos estos años esas resoluciones; es decir ellos tampoco podrán abordar la crítica de la teoría de la descomposición en el marco “oficial”, sin correr el riesgo, a su vez, de ser renegados, veletas, adepto del “doble lenguaje”; por cuestionar su voto pasado. Serán conducidos entonces a un combate político abierto y frontal contra la facción liquidacionista, que forzosamente utilizará los mismos métodos, en el plano organizativo, utilizados contra nuestra fracción.

Dada la importancia de las cuestiones de principio actualmente traicionadas, dado el grado de revisión de las posiciones programátcias de la CCI, dado el abandono de las posiciones “clásicas” más elementales del movimiento obrero, todo combate interno que se pretenda consecuente, militante, comunista, no podrá ahorrarse un combate organizativo. Y no podrá darse de otro modo que manifestándose a través de la constitución de una minoría organizada en el interior de la CCI, en este caso en fracción… lo que precisamente ha sido liquidado y prohibido para siempre en 2001, mediante la política y los métodos utilizados por la facción liquidacionista y aceptados pasivamente por la mayoría de los militantes.

Fracción interna de la CCI, Febrero 2005, Boletin #30
(http://fractioncommuniste.org/index_esp.php).

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Notas:

[1. En la Revista Internacional 62, 3er trimestre de 1990, se publican las tesis sobre la descomposición, las que sintetizan la teoría de la descomposición que se venía discutiendo ya desde meses atrás.

[2. Lo que hemos tratado de mostrar en nuestra serie sobre la decadencia del capitalismo.

[3. Ver nuestro boletín 25/26.

[4. Nota para el hispanoparlante. El término acuñado originalmente en francés es impasse: El diccionario lo define como callejón sin salida; atolladero; punto muerto; estancamiento. Al español la CCI lo ha traducido también como bloqueo.

[5. Ver nuestro boletín 25/26.