Revolución o Guerra n°12

Número especial sobre el campo proletario y su devenir - Julio 2019

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Informe del 1o Congreso de Emancipación - Nuevo Curso

Seguimos el informe del 1o Congreso de Emancipación publicado en la página web de Nuevo Curso con nuestra posición al respecto, que hemos comunicado en forma de carta a los compañeros. Al leer las actas del congreso y nuestra carta, el lector comprenderá que NC-Emancipación se encuentra en una encrucijada entre su reivindicación - que consideramos prematura - de continuidad histórica con la IVa Internacional y las posiciones programáticas que la fundaron y de otra parte las posiciones de clase, ligadas a la Izquierda comunista, que Nuevo Curso ha defendido de manera consecuente hasta la actualidad.

El GIIC.

Informe del 1o Congreso de Emancipación - Nuevo Curso

Los días 21, 22 y 23 de junio hemos realizado el primer congreso de Emancipación con la participación de compañeros y núcleos llegados de tres países. El congreso constituye Emancipación como organización mundial e internacionalista.

Situación del capitalismo

El capitalismo actual es el producto de un siglo ya de decadencia. Durante este tiempo ha frenado y deformado el desarrollo de las fuerzas productivas. Culminada la extensión fundamental del mercado mundial, la acumulación solo podía avanzar en medio de una vorágine de guerra, despilfarro, destrucción cualitativa y cuantitativa, degradación del elemento humano: las relaciones sociales, las libertades y la cultura. Todo cuanto era sagrado para la propia burguesía -individuo, ciencia, artes…- se ha descompuesto tensionado por un sistema que solo sabe crecer -cuándo lo consigue- sobre los escombros de los lemas de progreso de la burguesía en su juventud.

En 2007 estalló una crisis solo comparable a la primera gran crisis económica del periodo de decadencia. La destrucción -ya masiva y cotidiana de fuerzas productivas- no se vio compensada por la exuberancia característica de cada comienzo del ciclo de acumulación. El resultado fueron masas gigantescas de capital sin destino mientras las empresas se declaraban insolventes; millones de parados buscando trabajo mientras fábricas y negocios cerraban en masa; casas abandonadas mientras millones de personas, de China a España, solo podían elegir entre hacinarse o vivir en la calle; tecnologías abandonadas mientras se incrementaban los ritmos y jornadas de trabajo. Y finalmente, cuando tras más de diez años, las cifras de resultados del capital recuperaban de nuevo las alturas perdidas -no sin haber ganado un buen bocado a la remuneración del trabajo- la saturación del mercado mundial ante la ausencia de destinos para capitales que circulan en el vacío del capital ficticio, se traduce en guerras comerciales y de divisas y en los primeros conatos de una nueva recesión.

En esta década el capitalismo ha sido incapaz de reiniciar los mecanismos que harían posible una nueva huida hacia el crédito. Los mercados que esperaban encontrar -o dopar- en Asia y Africa se han revelado ilusorios y la recuperación de los índices de acumulación parece haber topado con un techo.

La situación global no es ni siquiera la misma de hace diez años. No solo los mecanismos de la banca central no tienen ya márgen de maniobra sino que la capacidad para crear cohesión social en torno a las necesidades del capital nacional están significativamente mermadas por las batallas internas de la propia burguesía y los años de movimientos desesperados -y estériles- de la pequeña burguesía.

El único camino en el que la burguesía mundial parece encontrar su salida, pasa por la apropiación directa de las coberturas y los magros ahorros de los trabajadores -sistemas de pensiones, salud y educación- y el incremento de la explotación en términos absolutos: más horas reales de trabajo por salarios totales pagados menores. El capital fuerza la realización de la plusvalía utilizando al estado que debería amortiguar sus contradicciones, azuzándolas.

Situación de la clase trabajadora

Sin embargo, que el capital encuentre cada vez más obstáculos en su ciclo de acumulación no significa que el capitalismo esté en peligro. La explotación puede continuar siempre empeorada. Las condiciones objetivas que hacen posible la transformación revolucionaria de la sociedad están dadas desde hace un siglo. Las condiciones subjetivas, la consciencia de la clase universal capaz de imponer un sistema basado en las necesidades humanas universales, es independiente del curso de la crisis.

De hecho, desde que comenzó la crisis, solo durante los últimos tres años de teórica recuperación, hemos visto movimientos de masivos de clase (Tamaulipas en México, Jerada en Marruecos, Heft Tappeh en Irán) y conatos de afirmación de de las necesidades humanas genéricas ahogados en movimientos de la pequeña burguesía (Gilets Jaunes).

Sin embargo, sigue en pie una idea fundamental que fue causa en parte y en parte reflejo, de la derrota de las luchas de los 70 y 80: la lucha de los trabajadores solo tiene opciones cuando hay beneficios para el capital; es decir que la lucha no es viable frente a un uso concreto del capital que no sea rentable.

Bajo esta formulación se esconde la supeditación de la necesidad a los resultados de la acumulación, de la Humanidad y el trabajo frente al capital. Es un veneno mortal que sigue activo y que se levanta sobre una ilusión mil veces promovida por el estado, la burguesía y el izquierdismo: tomar las divisiones funcionales del capital en empresas y aplicaciones del capital, por entes independientes entre sí, como si el capitalismo fuera algo que ocurriera en la empresa y no en la sociedad, como si el sistema no fuera tal sino la mera suma, la agregación de explotaciones particulares. Ni la acumulación y la explotación ni las necesidades humanas, se dirimen empresa a empresa, sino en el resultado económico, social y político de conjunto de la explotación de una clase por otra como un todo.

En este momento esa explotación como clase, se está intensificando bajo la forma de la apropiación directa de las pensiones, el abandono de los sistemas de salud y formación que formaban parte de las condiciones de partida de la explotación, el aumento de las jornadas reales y la homogeneización de los salarios hacia abajo, tendiendo a reducir no solo el porcentaje de la producción accesible mediante el salario, sino los salarios totales pagados.

Es decir, la burguesía y el estado comprimen aún más la contradicción fundamental del sistema: su incapacidad para aumentar proporcionalmente a las demandas de la acumulación el consumo de los trabajadores, forma histórica que toma la satisfacción de sus necesidades en el capitalismo.

Por eso, necesita más que nunca acompañar esa elevación de grado de las contradicciones de clase con bálsamos ideológicos que lo recuperen y reorienten. Organiza campañas ideológicas para encuadrar a los trabajadores en torno a causas supuestamente comunes con retorno secundario para la burguesía. Se trata de reforzar el dominio mejorando la posición del negocio.

Por ejemplo, la campaña sobre el cambio climático -organizada directamente a través del aparato educativo del estado- tiene como principal función vender una nueva unión sagrada por el clima… pero también sirve de ariete ideológico a las burguesías europeas en su lucha contra China y EEUU. La campaña que está instaurando desde hace tres años al feminismo como ideología de estado, no solo divide a los trabajadores en el centro mismo de trabajo, afirmando intereses contrapuestos en función del sexo, sino que sirve a la burguesía para ofrecer un ámbito de rebeldía subvencionada y una nueva oportunidad de colocación a la pequeña burguesía en rebelión.

La connivencia y el apoyo del izquierdismo a estas campañas, su utilización por los restos del stalinismo (incluido el trotskismo stalinizado) como forma de actualización ideológica, no es en absoluto casual. Los profetas del capitalismo de estado recuperan papeles protagonistas -desde la Syriza griega al FIT argentino, pasando por insumisos, podemitas y bloquistas- como profetas de las nuevas ideologías de estado… cuando el capitalismo de estado -hoy universal- necesita fuerzas extraordinarias para mantener, con presión, el encuadramiento que genere la ilusión de una cohesión social ya imposible.

Situación del partido revolucionario

Desde el Manifiesto de 1848, los comunistas llamamos partido al conjunto de pequeñas minorías conscientes que hacen suya la perspectiva histórica de la clase: el comunismo como sociedad universal, desmercantilizada y abundante. Fuera de los momentos revolucionarios -y aun dentro de muchos de ellos- el partido solo puede ser partido en devenir, partido en formación que tiende a convertirse en la expresión centralizada y universal de la perspectiva de lucha de la clase.

Esas minorías no nacen de la nada ni parten de cero. Emancipación nace del encuentro de un grupo de trabajadores que ante la apertura de una situación pre-bélica con el proceso que conduce a la declaración de independencia catalana, reaccionan ante la falta de voces internacionalistas que dijeran en alto lo que millones de trabajadores pensaban: no estamos dispuestos a ir a una guerra civil entre grupos burgueses, no vamos a morir ni por la patria española ni por la catalana. El desarrollo de esa posición de partida tan básica, tan aparentemente elemental, se nutrió luego de la reapropiación del trabajo y las posiciones del tronco principal del internacionalismo histórico.

Desde entonces hemos buscado relación con otras minorías internacionalistas en el resto del mundo, aspirando a establecer una coordinación de acciones comunes con vistas a un reagrupamiento mundial de revolucionarios.

Tareas de los revolucionarios

En un momento de lucha de clases como el actual, donde arrecia una nueva oleada de ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores y en el que, al mismo tiempo, el tiempo pasado impone un verdadero hiato generacional, una pérdida de la memoria de la última oleada de luchas, la tarea principal de los revolucionarios parte de la consigna:

  • Nuestras necesidades no dependen del beneficio del capital ni de las cuentas de los estados, es al revés: las luchas solo avanzan cuando imponen el criterio de necesidad sobre el del beneficio. No haremos sus cuentas, luchar paga. Este mismo reinicio significa confrontar con los sindicatos desde el primer momento, el de las formas de organización más básicas de la lucha de clases. Por eso los revolucionarios deben dar una batalla principal alrededor de las convocatorias de huelga sindical. Afirmando con claridad que:
  • No hay huelgas que lleguen a ningún lado sin asamblea que las dirija. La huelga no es una encuesta de opinión a la que se puede adherir o no individualmente, sino una decisión colectiva de todos.
  • Por asambleas reales y soberanas de todos los trabajadores de la empresa, sin divisiones por tipo de contrato o empresa contratadora y compromiso de todos con el resultado de sus decisiones. En los barrios y allá donde la estructura productiva sea de pequeñas empresas de servicios, hostelería, comercio, etc. lucharemos por asambleas de barrio de todos los trabajadores, incluyendo precarios, temporales, etc.

Consignas y posicionamientos inmediatos

El programa general que conduce de la lucha inmediata por las necesidades universales más básicas al proceso de abolición del trabajo asalariado y la liberación de las capacidades productivas de la Humanidad, sigue siendo válido tal cual los revolucionarios lo afirmaron desde los años 40. Nos remitimos para ello a la sección Tareas de nuestra época, del Pro Segundo Manifiesto Comunista, texto fundamental de nuestra corriente.

Afinando las consignas y líneas de intervención, Emancipación primará inmediatamente en los puestos de trabajo:

  • Reducción de jornada inmediata a 30 horas con el mismo salario neto mensual y reducciones progresivas hasta acabar con el paro.
  • No a las mochilas, ni los sistemas de capitalización de pensiones, por un sistema solidario y pensiones suficientes y calculadas exclusivamente en función de las necesidades individuales de cada uno.
  • Contra el cronometraje, las nuevas formas de destajo, las ETTs y las empresas multiservicio. En los barrios:
  • Cierre de las casas de apuestas, los «compro oro», las iglesias y cultos, los narcopisos y todos los agentes que impulsan la descomposición de nuestros barrios. Por la apertura de centros comunitarios de trabajadores, independientes del estado, los sindicatos y las mafias. En el debate político público y frente a las campañas de encuadramiento ideológico batallaremos:
  • Contra toda lucha que nos divida en categorías, sexo, origen, edad, raza, lengua materna o cualquier otra cosa, o pretenda que nuestros intereses y los del capitalismo -nacional o global- son iguales o convergentes.
Junio 2019

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