Revolución o Guerra n°14

(Semestrial - Febrero 2020)

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La huelga en la General Motors en los Estados Unidos (Workers Group, 1o de noviembre 2019)

Los camaradas del Workers Group de Estados Unidos publicaron el siguiente artículo que saca un balance de la huelga en las fabricas de General Motors del pasado otoño. Así pues, en el país donde supuestamente todos los blue collar obreros votaron por Trump, ¡aún habría luchas obreras! Esa es la primera lección de esta huelga. Los camaradas dejan muy clara la alianza de los sindicatos con las empresas automotrices de Norte-América y el Estado capitalista. También muestran las limitaciones que han sufrido los trabajadores en esta lucha, especialmente su incapacidad para luchar contra el dominio del sindicato sobre la lucha.

Desde entonces, los camaradas han publicado una segunda parte de su artículo [1]. Esta parte no vuelve realmente sobre la huelga, sino que sólo trata de la cuestión sindical en general y de la organización que deben tener los trabajadores en lucha. Si no compartimos la visión que presenta a los sindicatos « como negociadores y mediadores » de la fuerza de trabajo frente al capital – para nosotros los sindicatos tienen hoy sobre todo un papel político antiobrero al servicio del Estado capitalista –, estamos de acuerdo con los medios organizativos que los camaradas proponen en este artículo. Esperamos poder volver a ello en un próximo número.

Revolución o Guerra.

Solidaridad, "sacrificios" y sabotaje
(Workers Group, 1° de noviembre 2019, 1a Parte)

La humillante derrota de los trabajadores de GM ofrece muchas lecciones sobre los sindicatos de hoy y las luchas obreras de mañana. El fin de la huelga de 40 días de la United Auto Workers (UAW) contra General Motors ha causado ira y frustración entre muchos trabajadores de la industria automotriz en los Estados Unidos, que se preguntan qué se debería hacer ahora.

Cuando la huelga comenzó el 16 de septiembre, muchos de los más de 49.000 trabajadores de la industria automotriz del sindicato UAW no sólo estaban a favor de la acción, sino que también tenían muy claras sus reivindicaciones y lo que considerarían una victoria : el fin del sistema de contratos diferentes para los trabajadores fijos, el fin del creciente número de trabajadores temporales al darles un estatus permanente, el retroceso de las concesiones otorgadas a la empresa por la UAW en los acuerdos de empresa desde 2007, el compromiso de no cerrar más fábricas y la garantía de que los nuevos productos fabricados en los Estados Unidos serían fabricados por trabajadores de la UAW. Modestas, estas reivindicaciones habrían sido los primeros logros que los trabajadores habrían obtenido en las negociaciones desde finales de los años 70.

Además, debido a la práctica de la "negociación piloto" [pattern bargaining], no sólo los trabajadores de GM, sino también los de Ford y Fiat Chrysler se habrían beneficiado de la satisfacción de estas reivindicaciones.

Sin embargo, pronto quedó claro que las reivindicaciones de los trabajadores de la industria automotriz – su apoyo abierto e inequívoco a sus colegas con contratos temporales, su creencia de que más de una década de "sacrificio" para mantener a GM a flote después de su quiebra y el rescate del gobierno debería ser recompensado, y así sucesivamente – no eran compartidas por los líderes de la UAW escogidos para negociar con la dirección de GM. Esto no debería haber sorprendido a nadie que esté familiarizado con la UAW.

La realidad es que la UAW, como institución sindical, nunca ha querido convocar una huelga ; lo hizo bajo el miedo y la presión. Pero no estamos hablando de miedo y presión de los propios trabajadores de la industria automotriz, sino de miedo y presión resultantes de la investigación en curso del gobierno federal sobre los estrechos vínculos entre los dirigentes de la UAW y la dirección de los tres grandes fabricantes americanos de automóviles, los Big Three.

En los últimos años, numerosas investigaciones sobre hechos de corrupción, malversación y soborno por parte de altos responsables de la UAW desde líderes regionales hasta al corazón de la mera sede del sindicato, se han acercado peligrosamente al presidente del sindicato Gary Jones. Varios ex presidentes, vicepresidentes y funcionarios regionales han sido acusados o nombrados como "testigos asistidos" [persons of interest] por los tribunales por su papel en la utilización de los fondos sindicales para su propio enriquecimiento o en la obtención de sobornos para asegurar acuerdos de empresa.

Las investigaciones erosionaron tanto la moral y la confianza de los trabajadores de la industria automotriz que la UAW estaba en problemas y dispuesta a hacer cualquier cosa para restaurar aunque sea una pequeña parte de la confianza en su liderazgo, incluyendo el uso de la huelga, aunque fuertemente orquestada y controlada.

En muchos sentidos, la huelga, tal y como se organizó, fue poco más que un teatro. La UAW dio a GM tiempo suficiente para acumular una reserva de vehículos y otros productos necesarios para ayudarles a superar el paro. Cuando la acción comenzó, GM tenía un sólido suministro que podía durar 87 días. En otras palabras, ni siquiera una huelga de dos meses y medio habría debilitado la capacidad de GM para vender vehículos con las opciones deseadas, permitiéndole seguir generando beneficios sin tener que pagar la electricidad necesaria para producir los vehículos (ya sea mano de obra para los trabajadores del automóvil o electricidad para la maquinaria).

Además, ahora está claro que la huelga estaba condenada al fracaso. No sólo porque, como de costumbre, fue impulsada por la "política de mando" [injunction politics] que ha privado a los trabajadores de su capacidad de ganar batallas contra las clases explotadoras durante décadas, pero también porque nunca tuvo la intención de perjudicar a la empresa o a sus accionistas (la UAW siendo una gran empresa). Las reivindicaciones de los trabajadores nunca han sido consideradas seriamente como parte de la agenda, sino como una herramienta de propaganda para mantenerlos "en línea".

Y luego se produjo el misterioso encuentro entre Mary Barra, directora general de GM, y sus principales colaboradores, por un lado, y Gary Jones, presidente de la UAW, y Terry Dittes, vicepresidente, por otro, unos días antes de que se anunciara el convenio colectivo. Poco se dijo o confirmó sobre esta reunión, pero lo que se reveló se centró en dos palabras que ningún trabajador quiere oír : Taft-Hartley [2]. Si los rumores son ciertos, la reunión era para informar a la UAW que si no se llegaba a un acuerdo rápidamente, el Presidente Trump habría invocado la ley Taft-Hartley sobre el "trabajo forzado" y ordenado a los trabajadores de la industria automotriz regresar a las plantas, con o sin acuerdo.

El problema con los sindicatos

Aunque los sindicatos representan sólo el 6,3% de todos los trabajadores fuera de los empleos públicos, siguen siendo considerados como el único medio eficaz para defender los intereses de clase en los lugares de trabajo. Esto es comprensible desde un punto de vista histórico, pero sin embargo es un problema central para los trabajadores de hoy en día.

Históricamente, los sindicatos eran considerados como un medio esencial para que los trabajadores se organicen y se defiendan contra los ataques diarios de las clases explotadoras. Desde los primeros sindicatos de corporación del siglo XIX hasta los sindicatos industriales y sindicales de los siglos XX y XXI, los sindicatos siguen siendo considerados como el único medio viable para garantizar y asegurar la seguridad del empleo y un mejor nivel de vida, aunque, en realidad, nada de esto se consigue realmente.

La aprobación de leyes como la Ley Nacional de Relaciones Laborales [National Labor Relations Act] ha cambiado fundamentalmente el carácter de los sindicatos. Ya no eran, o no podían ser, una expresión organizada de las reivindicaciones y deseos de los propios trabajadores. La "legalización" capitalista, con su laberinto de burocracia y regulaciones que obligaban a los sindicatos a responder a ellas, los convirtió en mediadores y negociadores colectivos del precio de la capacidad de un trabajador para hacer un trabajo. Así, en lugar de tener la misión principal de defender lo que los trabajadores han ganado en el pasado, su papel ahora es crear un trato ’justo’ con los explotadores en sus términos. La ’estabilidad’ y la ’equidad’ – y, sobre todo, la preservación de la ’competitividad’ capitalista – están a la orden del día. Malditos sean los trabajadores .

Además, el proceso de legalización ha excluido a los propios trabajadores del funcionamiento y la dirección de los sindicatos, y los altos cargos a nivel local están cada vez más (y ahora regularmente) ocupados principalmente por elementos de las clases explotadoras: abogados, expertos en ’relaciones laborales’, estadísticos profesionales y consultores. Ocasionalmente, incluyen algunos trabajadores que han trabajado durante unos meses en el taller, principalmente para hacerlos ’trabajadores’ y para camuflar este estado de cosas. ¿No es de extrañar que los meros empleados del aparato de las grandes centrales sindicales sean igualmente sometidos a los métodos más repugnantes de los sindicatos?

Esta transformación, que comenzó hace más de un siglo (los primeros blancos fueron los sindicatos de trabajadores ferroviarios), inició el proceso de integración de los sindicatos en el sistema capitalista como mediadores colectivos del mencionado precio de la fuerza de trabajo. Esta transformación también abrió las compuertas al flujo de la ideología de los explotadoradores dentro de la clase obrera, acelerándola e intensificándola.

El predominio del nacionalismo, del corporativismo y del chovinismo entre los trabajadores sindicalizados, así como la intensificación de la ideología que presenta a los trabajadores como "idiotas" e incapaces de dirigir las cosas por sí mismos, están específicamente diseñados para mantener las divisiones de clase que mantienen a todos los trabajadores en una situación de precariedad, miedo y subordinación.

Un excelente ejemplo de esto es la reacción de la UAW y de muchos trabajadores de la industria automotriz ante las huelgas salvajes de los trabajadores de las maquiladoras mexicanas contra los Tres Grandes [The Big Three]. El pasado mes de febrero, cuando decenas de miles de trabajadores de la industria automotriz se declararon en huelga en Matamoros, México, contra los bajos salarios y las horribles condiciones de trabajo en las fábricas – dos cosas de las que los trabajadores de la industria automotriz de los Estados Unidos y Canadá se han estado quejando desde el comienzo de la subcontratación – la respuesta de la UAW fue... ¡celebrar mítines nacionalistas ondeando la bandera estadounidense y llamando a un boicot de los productos fabricados en México! En un momento en que la solidaridad transfronteriza entre los trabajadores estadounidenses y mexicanos, que luchan por la misma reivindicación contra las mismas empresas, podría haber obstaculizado y debilitado a las Tres Grandes antes de las negociaciones de los contratos, la UAW reinforzo el control de los patrones al mantener a los trabajadores divididos entre nacionalidades e impedir una verdadera unidad.

El punto de vista del sindicato según el cual se puede obtener ganancias cuando las empresas son rentables sólo enlaza el bienestar y los intereses de los trabajadores con los de sus explotadores. Peor aún, mantiene a los trabajadores divididos entre ellos, incluso dentro de la misma industria. Las necesidades de la clase obrera están subordinadas no sólo a un sector de los capitalistas, sino incluso a un subsector, donde la humillación es la única forma de supervivencia aceptada.

Workers Group, 1° de noviembre 2019 (http://wp2p.workersgroup.org/).

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Notas:

[2. La Ley Taft-Harley le da al gobierno federal el « derecho a prohibir/parar una huelga que ponga en peligro la seguridad nacional ». (wikipedia francés).