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Comunicado sobre las huelgas en Francia - 8 de diciembre 2019

Aviso : No pudimos hacer verificar la traducción de este documento por compañeros de idioma castellano lo cual puede dificultar su lectura y, peor aún, provocar errores políticas. En tal caso, llamamos nuestros lectores a que se refieren a la versión francesa.

La prensa internacional apenas menciona el movimiento de huelga y las manifestaciones masivas que afectan a Francia y que paralizan, en particular, el transporte, los trenes, los autobuses, el metro y los aviones desde el jueves 5 de diciembre. Las huelgas también afectan a muchos sectores del sector público, al igual que algunas empresas privadas, donde hoy en día es mucho más difícil declararse en huelga. Por lo tanto, este comunicado tiene por objeto, por una parte, proporcionar información "internacional" (ciertamente incompleta) y, por otra, hacer una primera evaluación y elaborar orientaciones políticas inmediatas para esta movilización y compartirlas con el mayor número posible de compañeros

1) Revueltas sociales y luchas proletarias en todos los continentes, Francia no es una excepción

Esta movilización proletaria tiene lugar en un contexto internacional de revueltas populares - la mayoría de las cuales se oponen directamente a la pobreza y la miseria [1] - que afectan a todos los continentes (y que no podemos enumerar aquí). En todas partes, las burguesías nacionales responden cada vez más, si no sólo, con una represión masiva, violenta y sangrienta, incluso en países "democráticos" como Chile y Francia. Esta dinámica de revueltas y luchas internacionales sólo puede fortalecer las conciencias y la determinación para luchar contra el capitalismo - por muy vagas y confusas que sean estas conciencias - en cada país. No hay duda de que promueve la lucha actual en Francia

2) Un año de luchas sociales en Francia

Desde la elección de Macron en 2017, el gobierno francés ha pasado brutalmente "ordenanzas" [sin pasar por el parlamento, o sea muy rápidamente, ndt], agravando las precarias condiciones de los contratos de trabajo (septiembre de 2017), y después ha atacado con éxito a los trabajadores ferroviarios de la SNCF y sus contratos específicos de trabajo (primavera de 2018) gracias al sabotaje de los sindicatos y a sus tácticas de dispersión de días de acción escalonados en el tiempo. Apenas seis meses después del fin del movimiento ferroviario, la ruptura del movimiento "interclasista" de los chalecos amarillos sorprendió a todos y no cabe duda de que también fue un intento de responder a la impotencia de luchas anteriores por su componente "asalariado" o proletario. El hecho de que, tras las violentas manifestaciones de diciembre de 2018, sin ningún tipo de control sindical o político, un gobierno se viera obligado a ceder a algunas de las exigencias de los chalecos amarillos, el primer retroceso (aunque muy relativo) desde 1995, dejó su huella en la mente de la gente, en particular de algunos de los trabajadores ferroviarios todavía bajo el golpe de su doloroso fracaso.

Desde entonces, y hasta hoy, algunos miles de chalecos amarillos siguen manifestándose en toda Francia todos los sábados a pesar de la represión sistemática y violenta. Además de varios conflictos locales y limitados, los hospitales y especialmente los servicios de emergencia han estado en "huelga" - aunque sigan prestando atención - durante varios meses y los trabajadores de los hospitales se han manifestado en varias ocasiones. Ambos movimientos, incluido el primero, siguen siendo populares y cuentan con el apoyo de la mayoría de la población, según las encuestas realizadas hasta la fecha.

3) De septiembre a finales de octubre: de la huelga masiva en la RATP a las huelgas salvajes en la SNCF.

Es en este clima latente de lucha e ira que el gobierno ha anunciado un nuevo ataque a las pensiones para este invierno. En septiembre, una primera huelga de 24 horas tuvo lugar en los transportes, metros, autobuses y trenes de cercanías de París (RATP) contra las amenazas sobre su proprio sistema de pensiones. La movilización fue masiva (85% de los huelguistas) paralizando la región de París. Frente a esta nueva expresión de combatividad, y en este clima general, los sindicatos fijaron un día de acción para.... ¡el 5 de diciembre, tres meses después! Probablemente con la esperanza de que bajara la fiebre. Pero sobre todo, que esto daría tiempo suficiente para que todo el aparato estatal, el gobierno y los sindicatos, por supuesto, pero también las fuerzas políticas, especialmente las de izquierda, los medios de comunicación, se organizaran, para fijar el momento y el campo, imponer las demandas en particular que les convienen mejor, y así asegurar que los sindicatos controlaran los eventos.

Es esta planificación, este momento y este terreno que las huelgas salvajes que estallaron en la SNCF en octubre empezaron a poner en riesgo. El tráfico nacional de trenes se paralizó por primera vez dos o tres días después de un accidente ferroviario el 16 de octubre, y los TGV de la red occidental fueron bloqueados tras una semana de huelga salvaje en el centro de mantenimiento de Châtillon. En este clima "social tenso", los trabajadores ferroviarios trataron de abrir una brecha en el sistema que todo el aparato estatal, dirigido por el sindicato, establecía para controlar la situación hasta el día de huelga del 5 de diciembre y los días siguientes. No sólo existía la posibilidad de adelantarse a la táctica sindical, sino sobre todo la posibilidad de arrastrar a otros sectores a un movimiento "incontrolado" e "incontrolable" por parte de la burguesía.

Por eso nos pareció en este preciso momento necesario e incluso esencial apoyar y llamar tanto como pudiéramos a los ferroviarios de Châtillon para que extendieran su huelga y a los demás sectores para que se unieran a ellos. Por eso reproducimos el folleto del PCI-Le Proletaire del 1 de noviembre, que defendía la misma orientación y publicamos nuestro comunicado [2] que lo acompañaba.

Desbordado en el centro de Châtillon desde el inicio de la huelga del lunes, el sindicato radical SUD ha conseguido mantener su control sobre los otros dos centros de mantenimiento de la región parisina, evitando así el bloqueo nacional de los trenes de alta velocidad, organizando unos paros temporales y delegaciones ante la dirección local durante la semana de la huelga de Châtillon. Y esto hasta el lunes siguiente. En lugar de un firme llamado a la huelga y el envío de delegaciones masivas a otros sectores para alentarlos a unirse a la huelga de inmediato. Por su parte, la dirección cedió a las exigencias específicas del centro de Châtillon. El momento (la posibilidad concreta) de la extensión pasado, aislados de manera inmediata, los trabajadores de este centro volvieron a trabajar no sin haber "ganado algo" sobre sus reivindicaciones locales. Pero el episodio, el momento, la oportunidad habían pasado.

4) El día del 5 de diciembre

Este intento fallido, signo de las fuerzas y debilidades del proletariado en Francia, de sus capacidades y límites en ese momento, permitió que todo el aparato estatal recuperara el control y centrara toda su atención en la preparación de la jornada de huelga del 5 de diciembre. Cuanto más se acercaba la fecha, más improbable era que hubiera un verdadero desafío al control de los sindicatos sobre el calendario -esperando pasivamente el día 5 - y sobre el terreno - discusiones permanentes entre el gobierno y el sindicato, incesantes programas de talk show en los medios de comunicación sobre la imposibilidad de mantener los actuales sistemas de pensiones, etc..... - de la movilización. Cada día que pasaba, el listón se volvía demasiado alto para el proletariado en Francia, incluso para un sector, o sus sectores más combativos, para contrarrestar la movilización de todo el aparato estatal burgués. Se ocupó todo el campo de las posibles posiciones: desde los llamados sindicatos "reformistas" dispuestos a discutir un nuevo sistema de pensiones hasta los más radicales "que exigen" la retirada del proyecto; desde los llamados a una huelga de 24 horas sólo para el 5 para unos hasta una huelga ilimitada para otros.

A medida que el abanico de posibilidades se fue reduciendo, el reto más obvio se redujo a la participación masiva en la huelga y las manifestaciones del día 5 y.... a la renovación de la huelga al día siguiente. Pero también allí el terreno era ocupado por todo el aparato sindical, incluyendo a los izquierdistas.

Este estrechamiento del espacio proletario de lucha fue aún más evidente durante la manifestación parisina (no podemos abordar las numerosas manifestaciones masivas, entre un millón y un millón y medio de manifestantes, en otras ciudades que también vieron, para algunos de ellos, enfrentamientos con la policía). Desde el principio, la manifestación de París fue bloqueada por la policía. Los enfrentamientos estallaron rápidamente a la cabeza de la procesión. Habían black blocs y chalecos amarillos. Pero, una vez más, muchos manifestantes se juntaron a la "cabeza de procesión" ["tête de cortège"], ante y fuera de las procesiones sindicales, y a pesar de los tiros de gas, de las granadas explosivas y del riesgo de los flash ball. Sin embargo, esta "procesión de cabeza" que se niega a marchar detrás de los sindicatos no ofrece, o ya no ofrece si fuese capaz de hacerlo en otras movilizaciones del pasado - 2016 en particular -, cualquier perspectiva para las movilizaciones. Lo constatamos claramente en 2018, cuando, en respuesta a las provocaciones de la policía, había participado de hecho en el bloqueo de la manifestación de los trabajadores ferroviarios del 22 de marzo de 2018 [3], que debía juntarse con la manifestación, sin duda organizada por los sindicatos, de los trabajadores de los servicios públicos. Al centrarse en los enfrentamientos físicos con la policía - el hecho de que cada vez más manifestantes se nieguen a ceder a la represión es en sí mismo un hecho positivo -, la posibilidad de transformar estas manifestaciones callejeras masivas en un momento de extensión o unidad es sofocada por el humo de los gas y ensordecedora por el estallido de las granadas. Y, el 5 de diciembre, por el sistema de sonido instalado dentro de la procesión de cabeza, fuera de la procesión sindical, por, obviamente, militantes radicalizados del sindicato SUD, y probablemente en gran medida trotskistas del NPA.

5) La intervención de los revolucionarios para el 5 de diciembre

En estas condiciones y antes del día 5, nos pareció inútil - nos hemos preguntado - hacer una intervención particular sobre la convocatoria de huelga y su renovación, que se hubiera sumada a todas las demás provenientes de sindicatos, sindicatos locales, grupos políticos de izquierda y izquierdistas e incluso de fuerzas revolucionarias.

Entre ellas, el PCI-Le Prolétaire y la CCI publicaron cada uno un folleto, Pour la lutte de classe ouverte contre les attaques capitalistes ! [nada más en francés] y Aunemos nuestras luchas contra los ataques de nuestros explotadores [4] que avanzaban orientaciones generales correctas para la lucha y consignas con miras a su desarrollo y su unificación general, y que compartíamos de manera general. Decidimos distribuir uno de los dos folletos durante nuestra participación - y distribución de nuestra revista - en la manifestación del 5 de diciembre en París. Estábamos dudando entre los dos. Finalmente elegimos el primero, el del PCI, por la siguiente razón : además de ser mucho más corto y más parecido a un folleto de agitación, llamaba a « los trabajadores a hacerse cargo de su lucha » por « la huelga ilimitada y sin preaviso legal, [la] organización independiente de la lucha, los comités de huelga elegidos y revocables, los piquetes o la ocupación de locales para detener efectivamente la actividad, la extensión del movimiento a otras empresas, etc.». Mientras que el folleto de la CCI insistía en que « sólo la unión en asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que realmente decidan sobre la dirección del movimiento, puede constituir la base de una lucha unida » (subrayamos). La diferencia puede parecer pequeña, incluso insignificante para muchos y puede no tener un impacto real en la intervención en este mero momento de esta lucha. Sin embargo, uno se le da un contenido concreto y político a la organización de la lucha : la organización de los trabajadores, en este caso las Asambleas Generales (AG), debe estar al servicio de la lucha. En este sentido, no puede ser un prerrequisito para la lucha misma. La otra posición, la de la CCI, abre la puerta al fetichismo de la autoorganización al situar a las AG como una condición sine qua non de la lucha, al hacer de la autoorganización la receta a seguir [5].

El otro elemento que nos pareció favorable a la elección del folleto del PCI fue su voluntad de presentar reivindicaciones que permitieran a todos los proletarios de Francia comprometerse y unirse en torno a ellas en la batalla actual: « ¡por el aumento general de los salarios, las pensiones y todos los mínimos sociales! Por la reducción de la edad de jubilación! ». Donde el folleto del CCI pide que las AG « planteen reivindicaciones que a todos nos conciernen: contra la precariedad, contra la disminución de plantillas, contra el incremento en los ritmos laborales, contra la pauperización...» es decir, reivindicaciones que no están directamente ligadas a la movilización y, por lo tanto, son abstractas y inútiles para su generalización real [6].

6) ¿ Y ahora, domingo 8 ?

Las huelgas se renovaron masivamente en el sector de los transportes, en particular en la RATP y la SNCF a partir del viernes 6. La continuación de la huelga ha sido desigual en otros sectores (por ejemplo, la educación). Desde la tarde del día 5, los sindicatos convocaron a otro... día de acción y manifestación para este martes. Se espera que el gobierno presente su proyecto el miércoles. El hecho de que los sindicatos se sintieran obligados a fijar otro día tan temprano demuestra que la voluntad de luchar hoy, abiertamente y sin demora, es fuerte en muchas capas del proletariado en Francia y que los sindicatos ciertamente no quieren ser desbordados. Por lo tanto, podemos suponer que la huelga continuará, de manera desigual según el sector, al menos hasta el miércoles y los anuncios del gobierno. Del mismo modo, ayer sábado, a pesar de la represión, se produjeron en muchas ciudades francesas numerosas manifestaciones de chalecos amarillos, a menudo compuestas de proletarios que se declararon en huelga el día 5, o incluso todavía en huelga. La prensa burguesa menciona de 10 a 15.000 manifestantes.

Ciertamente, la burguesía y sus sindicatos controlan a la situación; en particular, y con toda seguridad, esto seguirá así entre hasta el martes y el miércoles. Sin embargo, la voluntad de luchar es fuerte y se ha entablado una especie de prueba de fuerza con el gobierno. Y es también donde el proletariado puede entrar en un callejón sin salida. El riesgo para todos los proletarios es esperar simple y pasivamente con la esperanza de que el bloqueo de los transportes haga que el gobierno ceda en lugar de entrar en la lucha abiertamente. La participación en las manifestaciones callejeras es importante pero no suficiente. Si no hay una extensión real de la huelga a otros sectores que no sean el transporte, los sindicatos que ya dominan el timing [el ritmo, el tiempo] y el campo podrán "jugar" con el desgaste de los trabajadores ferroviarios y de la RATP, o incluso con los camioneros, para poder bloquear definitivamente esta movilización en su terreno y "sus demandas" y así derrotar y poner fin a la misma.

Sólo una entrada en lucha y una huelga renovable en otros sectores permitirá superar una huelga cuyo único objetivo se volviera el ’bloqueo de la producción’, un terreno en el que los sindicatos tendrán aún más control y manejo sobre el movimiento. Si hay una lección "positiva" que se puede sacar de los chalecos amarillos, es sin duda el hecho de que un movimiento "incontrolado, "fuera de control" - "incontrolado" para el aparato estatal y "fuera de control" por parte de los sindicatos - puede asustar a la burguesía y realmente hacerla retroceder. Para que esto ocurra, este movimiento debe ser controlado por los propios trabajadores, es decir, deben hacerse cargo de la lucha y de su extensión-unificación. Para ello, no pueden evitar disputar a los sindicatos la dirección de la lucha, las decisiones y reivindicaciones de acción, e incluso las tareas de negociación con el gobierno si es que se deben tener lugar.

Ese es el reto de los dos próximos días, probablemente hasta el miércoles y los anuncios del gobierno. Las cartas de esta movilización se redistribuirán indudablemente a favor de una u otra clase en función del desarrollo de las huelgas y manifestaciones entre ahora y entonces y de la dinámica de la evolución de la relación de fuerzas inmediata.

7) ¿Cuáles orientaciones y consignas de aquí al martes?

Para hacer que esta relación de fuerzas se fortalezca para entonces en favor del proletariado, presentamos algunas orientaciones que sometemos a reflexión y discusión. Aunque estas tendrán lugar después de este episodio particular de la lucha de clases, nos parece importante compartir nuestra experiencia y permitir que los grupos comunistas y los militantes revolucionarios de todos los continentes, no sólo en Francia o en Europa, reflexionen sobre las condiciones concretas y cambiantes de una intervención comunista en directo en una movilización proletaria masiva que aspire, con razón, a desempeñar un papel real de dirección política. Por supuesto, no limitarse a puntos generales y a menudo abstractos y tratar de dar respuestas inmediatas según los lugares y tiempos, presenta un riesgo mucho mayor de errores en el análisis y la orientación. Pero es precisamente compartiendo estas experiencias y sometiéndolas al escrutinio y la crítica que todas las fuerzas comunistas, incluidos nosotros por supuesto, podremos desarrollar nuestra capacidad de dirección política de vanguardia, es decir de partido.

- derecho a la jubilación al menos a los 60 años de edad, 37,5 años de cotizaciones para cobrar la tasa completa, ¡sin cualquier descuento!

- aumento general de los salarios, las pensiones y los denominados ingresos ’sociales’;

- renovación de la huelga siempre que sea posible;

- delegaciones masivas de sectores en huelga abierta a sectores no huelguísticos (especialmente en el sector privado, donde es más difícil hacer huelga) o parcialmente huelguistas y celebración de asambleas generales colectivas;

- reagrupamiento de los proletarios combativos y aislados en comités de lucha sobre la base del llamado a la huelga y el envío de delegaciones masivas para extenderla y las demandas unitarias


El GIIC, el 8 de diciembre 2019.

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Notas:

[1. No todas tienen el mismo significado. En particular, las manifestaciones independentistas en Cataluña y las manifestaciones democráticas en Hong Kong no tienen carácter ni perspectiva de lucha contra el capitalismo, aunque también son, a su manera, expresiones de la ruptura de las contradicciones capitalistas debido, en última instancia, a la crisis y al impasse económico del capitalismo.

[5. En el contexto de este comunicado, no podemos volver sobre nuestras críticas a las derivas de tipo consejista de la CCI en las luchas obreras, en particular su fetichismo de la autoorganización...

[6. A nivel de reivindicaciones, nos parece que los revolucionarios deben empujar aún más lejos a las que, justamente, avanza el PCI. Por ejemplo: volver a la jubilación a la edad mínima de 60 años, volver a los 37,5 años para tener una pensión al 75% del salario y, sobre todo supresión de cualquier descuento en todos los sistemas de pensiones; aumento de los salarios, las pensiones y los mínimos sociales. Nos parece que el descuento es la medida central sobre la cual todos los trabajadores, todos están afectados, podrían unirse y comprometerse en una lucha general que superaría la falsa oposición que la burguesía busca imponer entre los trabajadores de los diferentes sistemas de pensiones vigentes. Para todos los sistemas, el descuento se aplica a la pensión cobrada hasta el 5% (!) por cada año de cotización que falta, sabiendo que se debe cotizar 42 años. Sus consecuencias son terribles tanto para la edad de jubilación efectiva y diferida como para la cantidad a menudo miserable de la pensión que se cobra. Todos los proletarios, e incluso más allá, no pueden dejar de reconocerse en ella y hacer suya esta reivindicación unitaria.