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Tesis sobre el significado y las consecuencias de la guerra imperialista en Ucrania

(2 de marzo 2022)

Publicamos el siguiente texto sin esperar al próximo número de nuestra revista. Sin embargo, no es un volante de intervención inmediata ni un comunicado, aunque también puede servir como tal. En efecto, la gravedad de la situación, la guerra en Europa y las convulsiones que está provocando a todos los niveles, nos obliga a establecer lo más rápidamente posible puntos de referencia y de orientación en el tornado que se está levantando. La conmoción, la incredulidad y el sentimiento de impotencia ante la guerra son factores de confusión, desorientación y pánico, que pueden conducir a la desmoralización y la desesperación, e incluso al abandono de las posiciones de clase. Nuestro documento se presenta en forma de algunas tesis, en sí mismas bastante modestas y limitadas, pero que consideramos nuestro deber presentar como texto de referencia y orientación y someter a la crítica de todos. En este caso, y a pesar de la extrema debilidad de nuestras fuerzas – y todo el campo proletario no es mucho mejor en este nivel –, constituyen un esfuerzo para desarrollar un "método y trabajo de partido". Por último, hay que señalar que estas tesis se escribieron cuando la guerra en Ucrania todavía está en marcha y las tropas rusas aún no han entrado en Kiev. Sea cual sea el futuro y el resultado final de esta guerra, ya es posible y, sobre todo, necesario, extraer una serie de lecciones e hitos que marcan la nueva situación y todo el periodo venidero. Ya marcan el camino que el proletariado tendrá que recorrer para enfrentar los masivos enfrentamientos de clase que el conjunto de las clases capitalistas dominantes protagonizan ahora inevitablemente por las necesidades de la guerra imperialista. Por lo tanto, las sometemos a la reflexión y a la crítica de todas las fuerzas comunistas que se quedan fieles al principio del internacionalismo proletario; y como punto de referencia y orientación para todos los grupos políticos y los individuos militantes aislados y, tal vez, desorientados.

« Los socialistas han condenado siempre las guerras entre los pueblos, por considerarlas actos de barbarie y vandalismo. Pero nuestra actitud ante la guerra es, por principio, diferente de la de los pacifistas burgueses (partidarios y predicadores de la paz) y los anarquistas. Diferimos de los primeros porque comprendemos la inevitable ligazón de las guerras con la lucha existente entre las clases dentro de cada país, porque comprendemos la imposibilidad de poner fin a las guerras sin suprimir antes las clases y sin instaurar el socialismo. »

(Lenin, Los principios del socialismo y la guerra, 1915)

1) La alternativa histórica de revolución o guerra, principal factor de la situación

La tesis del comunismo – el comunismo es la negación de todas las formas de socialismo en un solo país a la manera estalinista o maoísta – de que el capitalismo es la guerra, como principio en sí mismo, se está volviendo realidad. Una realidad dramática. Es asesina para millones de ucranianos y decenas de miles de jóvenes conscriptos rusos y sus familias; económicamente devastadora para el proletariado y la población rusa; cargada de sacrificios para el conjunto del proletariado europeo que, pagando ya la crisis, tendrá que pagar el rearme generalizado del "viejo continente"; y finalmente, las consecuencias de la guerra en Europa agravarán la crisis económica del capital con una mayor miseria generalizada en todos los continentes. Podemos retomar la tesis de Lenin de 1915 para hoy :

« El período del capitalismo relativamente pacífico ha pasado para siempre. El imperialismo ha significado para la clase obrera una inaudita agudización de la lucha de clases, miseria, desempleo, elevación del costo de la vida, reforzamiento de la opresión de los trusts, militarismo y la reacción política que se intensifica en todos los países, incluso los más libres. » (Lenin, Proyecto de resolución de la Izquierda de Zimmerwald [1], 1915)

Para todos aquellos que seguía ignorándolo a pesar del agravamiento de las tensiones imperialistas y la creciente militarización, la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Europa levantan el velo sobre la realidad del mundo capitalista actual y el futuro que ofrece a la humanidad: el de la guerra imperialista generalizada. El año 2020 marcó la ruptura histórica que hizo del agravamiento de la crisis – y por tanto de la competencia económica exacerbada – el factor acelerador de las tensiones y de la polarización imperialistas. En este sentido, el grado alcanzado por la crisis y el impasse resultante para el capital, hace que la dinámica de la guerra imperialista generalizada, que hasta entonces era sólo una perspectiva que jugaba un papel todavía indirecto – si se puede decir así – en el curso de los acontecimientos, sea hoy un factor directo e inmediato en las políticas, las decisiones, las reflexiones de los gobiernos y las clases capitalistas de cada nación y potencias imperialistas. La guerra en Ucrania es la primera ilustración clara y evidente de esto para todos. Está en el centro de las preocupaciones y políticas de todos los gobiernos. Se convierte así en un factor directo de la política dirigida por cada burguesía contra el proletariado, por lo que es una preocupación para todos los proletarios y un factor adicional, vuelto directo, de la lucha de clases.

La guerra en Europa confirma otra tesis fundamental defendida y llevada por la mayoría de los grupos de la Izquierda Comunista internacional. La humanidad, sometida al modo de producción capitalista y a la dictadura de la clase capitalista, se enfrenta a la siguiente alternativa histórica: revolución proletaria internacional o guerra imperialista generalizada.

2) Actualidad de la guerra imperialista en Europa

« Parecía poco probable que la guerra volviera a estallar en el corazón de Europa. » (el periódico alemán Der Spiegel, 25/2/22)

La guerra imperialista está ahora en el centro de Europa. Viene a golpear directamente el corazón histórico del capitalismo y, por tanto, a las fracciones del proletariado que tienen más experiencia histórica. La real e innegable polarización imperialista chino-estadounidense de los últimos años parecía haber desplazado los retos históricos centrales, tanto imperialista como revolucionaria – la lucha de clases – en la zona Indo-Pacífica; el viejo continente europeo quedando marginado y relegado a un segundo plano. La guerra en Ucrania y las consecuencias que tendrá, y que ya tiene, sobre el proletariado internacional y, en particular, sobre el europeo, devuelve a Europa al centro de la situación histórica... tanto en términos de guerra imperialista como de lucha de clases. Porque, no sólo la guerra en Ucrania toca directamente, incluso en sus carnes, a los proletarios de Rusia y Ucrania, sino que también afectará muy rápidamente al proletariado de Europa. Aunque sólo sea por un agravamiento de la crisis causada esta vez directamente por la guerra y mientras la economía ya se agotaba, unos meses después de la reanudación de la producción mundial post-confinamiento debido al covid.

Crisis y guerra que se alimentan mutuamente y viceversa, en una espiral que ahora se acelerará, se convierten hoy en una realidad experimentada directamente por el proletariado internacional y, con él, por las poblaciones. La relación entre el proletariado y la guerra pasa a ser tan directa como con la crisis capitalista, y por tanto un elemento y un factor de la situación y del curso histórico. Por estar directamente enfrentado a la guerra, por tener lugar en Europa y por su experiencia histórica, el proletariado de Europa tiene y tendrá una responsabilidad particular y central en los enfrentamientos masivos que se están produciendo.

3) Actualidad de las amenazas de guerra nuclear en Europa

« Tras su reunión con Emmanuel Macron el 8 de febrero, [Putin] amenazó explícitamente con utilizar el fuego nuclear: “No tenemos el mismo poder que la OTAN. Sin embargo, tenemos armas nucleares.” El 24 de febrero, el día de la invasión de Ucrania, advirtió que aquellos “que intenten interferir con nosotros deben saber que la respuesta de Rusia será inmediata y llevará a consecuencias que nunca habéis conocido.” A lo que el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia respondió con un “Vladimir Putin también debe entender que la Alianza Atlántica es una alianza nuclear”. » (periódico francés Le Figaro, 24 de febrero)

La guerra imperialista que golpea directamente el centro histórico del capitalismo mundial lleva la amenaza de la guerra nuclear al viejo continente. De ser arma de disuasión como lo fue durante la Guerra Fría después de la Segunda Guerra Mundial hasta la implosión del bloque del Este y la URSS, la posesión de armas nucleares por parte de Rusia, la OTAN, Francia y Gran Bretaña se está convirtiendo en arma de amenaza.

Es tanto más creíble y aterrador cuanto que la existencia de las llamadas bombas nucleares tácticas, con un corto radio de acción y de consecuencias, ofrece todo un abanico y una progresión de su uso que podría “autorizar” a una de las potencias nucleares que pierden pie en la guerra convencional a aventurarse a recurrir a ella. Esto abriría el camino para una escalada catastrófica hacia la destrucción de la humanidad en su conjunto. Por lo tanto, se ha roto el tabú del uso de armas nucleares en Europa: « Tenemos que reorientarnos completamente, dice un oficial militar de la OTAN. No sólo con las fuerzas convencionales, sino también con nuestra doctrina de disuasión nuclear. » (Der Spiegel, op.cit.)

La cuestión que se plantea al proletariado no es, pues, su relación con la guerra imperialista en general, sino su relación con la guerra imperialista generalizada y nuclear; su relación con la perspectiva y con las fuerzas sociales portadoras de la guerra generalizada, es decir, las fuerzas del capital, empezando por los aparatos del Estado capitalista.

4) Dinámica de una creciente polarización imperialista

« En el cuarto día de su guerra contra Ucrania, Vladimir Putin ya había conseguido dos hazañas el domingo 27 de febrero: hacer que la OTAN volviera a ser relevante y convertir a la Unión Europea en una organización capaz de proporcionar ayuda militar a un país extranjero. » (periódico francés Le Monde, editorial del 28 de febrero)

La guerra en Ucrania confirma y refuerza, acelera, los alineamientos imperialistas que ya estaban en marcha. Ante la unanimidad de las potencias occidentales en su contra, a Rusia sólo le queda buscar el apoyo de China, su único apoyo (relativo) en esta ocasión, y reforzar la alianza ya establecida con ella basada en intereses económicos y geopolíticos comunes, en particular con Estados Unidos y la OTAN [2] - dejaremos de lado la Siria de Assad o Irán ; así como la prudente neutralidad de la India, otra potencia nuclear. Tampoco atenúa los contrastes imperialistas globales, los de la nueva polarización mundial Este-Oeste en devenir. Tanto es así que la Armada estadounidense se vio obligada a enviar inmediatamente un buque de guerra para que surcara el estrecho de Taiwan, advirtiendo así a China de que, a pesar de la guerra en Europa, el poder imperialista estadounidense no bajaba la guardia en la zona del Indo-Pacífico. [3]

Pero más importante aún, los países de Europa Occidental, incluidos los más partidarios de una soberanía europea independiente o distinta de la influencia de Estados Unidos, se han visto obligados por el estallido de la guerra a ponerse del lado de Estados Unidos y Gran Bretaña, hasta el punto de agruparse, o incluso ser forzados en el caso de un país como Francia, y actuar bajo la bandera de la OTAN. Militar, política e ideológicamente – democracias occidentales frente a iliberales, o incluso dictaduras, en el Este – la guerra de Ucrania acentúa esta polarización en curso, bloqueando así cualquier deseo inmediato de autonomía europea, o incluso de distanciamiento de Estados Unidos. Sin prejuzgar el futuro de los alineamientos imperialistas, la actual dinámica de polarización, a su vez acelerada, constituye un paso – un momento adicional especialmente significativo – hacia la guerra generalizada

Si la guerra en Europa ya ha provocado una aceleración de la dinámica general de polarización, también ha provocado un giro en el alineamiento de las potencias europeas del continente. Es demasiado pronto para saber si este cambio, para alinearse detrás de Estados Unidos dentro de la OTAN, incluida Francia, es a corto o a largo plazo. Incluso si resultara ser a corto plazo, momentáneo, el hecho es que la actual polarización ante la invasión rusa de Ucrania representa un paso importante en la dinámica hacia la constitución de bloques imperialistas para la guerra generalizada. De hecho, la historia nos enseña que este proceso nunca es lineal, ni definitivo, hasta el estallido de la propia guerra. El pacto germano-soviético – o Ribbentrop-Molotov – no se firmó hasta el 23 de agosto de 1939, apenas unos días antes de la invasión alemana de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, y del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y supuso un giro total en la política de alianza de la URSS con Francia y Gran Bretaña en nombre del antifascismo. En este sentido, no se excluye del todo que, a largo plazo, pueda surgir finalmente un polo imperialista europeo que proponga otra configuración que la que, la más probable hoy, se organiza en torno al eje sino-americano, con vistas a una guerra generalizada.

Según la configuración imperialista y sus líneas de fractura, cada proletariado, sea americano, chino, europeo o de otros continentes, será objeto de ataques cuya naturaleza capitalista y anti-proletaria será la misma, pero cuya intensidad, términos y terrenos serán diferenciados. La guerra en Ucrania y la polarización contra Rusia que provoca en el viejo continente implica responsabilidades primarias para el proletariado del continente frente a la guerra y distintos retos y posibilidades, según sea de Rusia, Ucrania y Europa Occidental.

5) Dilema de las burguesías europeas

« Estos espectaculares vuelcos alemanes y europeos tendrán consecuencias a largo plazo. Ante la tragedia de la guerra a sus puertas, Europa se dota por fin de medios para actuar como potencia geopolítica. Corresponde a los Estados miembros consolidar esta posición: lo necesitarán terriblemente » (Le Monde, editorial del 28 de febrero)

Antes de que estallara la guerra, las principales potencias europeas estaban atrapadas, encerradas en tenazas, por la polarización entre Estados Unidos y Rusia por la cuestión de Ucrania. Una vez la invasión rusa en marcha, los países de la Unión Europea sólo podían unirse a los Estados Unidos en la OTAN. Francia, el país más deseoso de que una soberanía europea no dependiente de Estados Unidos, tomó la delantera manejando mantenimiento del diálogo con Putin y discurso de firmeza, amenazando a Rusia con fuego nuclear a cambio. Aprovechando la presidencia francesa de la Unión Europea y el mando, desde enero, de la Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN, Francia, única potencia nuclear de la Unión Europea, está a la vanguardia de las medidas militares y pretende imponer un cierto liderazgo frente a sus aliados europeos.

Por el momento, la guerra en Ucrania ha obligado a Europa a unirse, superando las diferencias entre los países del antiguo bloque oriental, anti-rusos y pro OTAN, y los países occidentales. La dinámica de polarización entre China y Rusia, por un lado, los llamados países iliberales – un tema ideológico preparado para movilizar a los proletarios de América y Europa – y las democracias occidentales en torno a Estados Unidos, por otro, se vio reforzada por la guerra de Ucrania. De esta manera y ante el avance y las amenazas militares rusas, las contradicciones europeas, en particular las de Alemania que duda en asumir su papel histórico de potencia imperialista mundial, es decir, principalmente en el plano militar, parecen estar en proceso de superación. La reflexión y las opciones que la burguesía alemana tendrá que tomar, y parece que lo hará con urgencia, en los próximos meses, tendrán consecuencias para la relación América-Europa, la futura configuración imperialista y... para el proletariado europeo.

Una de las dificultades para las burguesías de Europa Occidental, es decir, del centro histórico del capitalismo, es imponer a la fracción del proletariado internacional con mayor experiencia de lucha obrera contra la crisis y también contra la guerra imperialista, el grado de sumisión indispensable para marchar a la guerra. No cabe duda de que ésta es también la principal dificultad de la burguesía alemana, debido a su particular historia. Pero lo mismo ocurre con las demás potencias europeas, sobre todo porque el proletariado de estos países no está dispuesto a aceptar el agravamiento de la miseria y la explotación capitalista, ni los sacrificios necesarios para desarrollar la economía de guerra y otros esfuerzos bélicos. De manera inmediata y como primera consecuencia de la guerra en Ucrania, el proletariado de Europa Occidental va a sufrir los efectos del aumento de los precios de la energía, del gas en particular indispensable para la calefacción, de una re-activación aún más fuerte de los precios y de la caída efectiva de los salarios. Lo que está en juego inmediatamente es la capacidad del proletariado de Europa Occidental de levantarse y reaccionar contra este empobrecimiento inmediato.

6) Rearme del imperialismo alemán

« En sólo 30 minutos, el domingo, el Canciller alemán Olaf Scholz hizo añicos décadas de tradición en política exterior. Su discurso ante el Parlamento alemán marcó un giro decisivo. » (Der Spiegel, 28 de febrero)

La brutal decisión de romper con los fundamentos de la política imperialista alemana desde 1945 se tomó en unos pocos días. Reticente a la presión francesa para despejar el camino hacia una potencia militar europea y vacilante sobre sus consecuencias, en particular el dedicar una gran parte de su presupuesto a los gastos de armamento, la invasión rusa de Ucrania precipitó la decisión de la burguesía alemana. El 25 de febrero, el periódico alemán Der Spiegel ya titulaba « Un desastre militar y político: los calamitosos errores de la política alemana sobre Rusia. » [4] El editorial del mismo día sostenía que « Europa también debe reforzar su poder militar. Hace tiempo que se necesita una política de defensa común europea, también para hacernos menos dependientes de la protección estadounidense. (...) Los europeos deben ahora defenderse desarrollando lo que el presidente francés Emmanuel Macron llama "autonomía estratégica". » Luego, tres días después, se adoptó la decisión de rearmar a Alemania. « Alemania se encamina, pues, a un fuerte aumento de sus gastos militares en los próximos años, y Berlín se compromete ahora a liberar inmediatamente una partida de 100 billones de euros para modernizar su notoriamente infraequipado ejército, el Budeswehr: “A partir de ahora, de año en año, vamos a invertir más del 2% de nuestro producto interior bruto en nuestra defensa”, declaró el canciller ante la Cámara de Diputados, durante una sesión excepcional del Bundestag. » (Radio France Internationale, 27 de febrero)

La invasión rusa de Ucrania pone a la burguesía alemana en la obligación de asumir sus “responsabilidades” imperialistas de una manera más decisiva: rompiendo con lo que la prensa internacional llama un tabú, Alemania decidió primero enviar armas directamente a los ucranianos, lanzacohetes y misiles tierra-aire Stinger. « Esta decisión de Alemania marca una ruptura política. Las autoridades ucranianas han criticado duramente a Berlín en las últimas semanas por su negativa a suministrar armas. El gobierno alemán siempre se ha defendido invocando la política restrictiva seguida por el país desde la posguerra, que prohíbe la exportación de equipos "letales" a zonas de conflicto. Sin embargo, esta posición es cada vez menos defendible políticamente desde el inicio de la invasión rusa del país. » [5]

La ruptura y la decisión son, por tanto, históricas para el capital alemán. No cabe duda de que el poder económico de Alemania le permitirá adquirir rápidamente una fuerza militar importante que le permitirá mantener el rango imperialista del que la historia le ha dotado y, al mismo tiempo, le ha privado como resultado de las dos guerras mundiales. Este rearme alemán plantea ya una serie de preguntas, nuevas contradicciones: ¿cuál será el lugar de Alemania en la OTAN y frente a la OTAN? Hay pocas dudas de que esta decisión conducirá a la resolución del dilema de la OTAN o la autonomía estratégica europea, tal y como desea e impulsa Francia. ¿Qué elección de industria armamentística, la europea o la americana? ¿Cuál es el lugar respectivo de las industrias armamentísticas alemana y francesa – por nombrar sólo estas dos – en la preparación europea para la guerra generalizada? ¿Y los programas europeos, principalmente germano-franceses también, de aviones de combate y tanques del futuro, los programas SCAF y MGCS? Por último, el rearme alemán no dejará de plantear la cuestión del desarrollo de su propia arma nuclear, que nadie duda de que podrá adquirir muy rápidamente. El anunciado rearme de Alemania, de confirmarse, plantearía inevitablemente la perspectiva de un polo imperialista autónomo respecto a Estados Unidos y, por tanto, a largo plazo, rival de éste.

Desde el punto de vista de la configuración de los alineamientos imperialistas y de la polarización determinada y alimentada por la perspectiva de la guerra generalizada, el retorno de la guerra a Europa y el rearme alemán vuelven a poner, y pondrán, a Europa en el centro de la situación mundial tanto en el plano imperialista como en el de la lucha de clases. Porque es en primer lugar el proletariado de Alemania el que pagará la nueva política imperialista y militar de su burguesía.

7) El proletariado europeo y la guerra

« El aislamiento económico real de Rusia conducirá inevitablemente a una mayor inflación, a un menor crecimiento y a la perturbación de los mercados financieros. (...) Hay que decir la verdad a la opinión pública europea. (...) Pensar que podemos influir en Rusia sin sacrificios es una ilusión. Mientras el ejército, los dirigentes y los civiles ucranianos oponen una resistencia heroica al invasor ruso, ha llegado el momento de que los dirigentes políticos europeos afronten claramente el precio de la solidaridad y preparen a la opinión pública para ello. » (editorial del Le Monde, 26 de febrero)

La burguesía, en particular en estos países europeos, no podrá salvarse, ni evitar, un enfrentamiento frontal y masivo con la clase obrera. Ya se anuncia: el proletariado europeo pagará por esta guerra, sus consecuencias e implicaciones, y por lo tanto por las que vengan y se preparen. Los proletarios de Ucrania y Rusia ya lo están pagando, incluso en sus carnes. Para el resto del proletariado de Europa que ya está luchando con la factura de la crisis, agravada por la parálisis de la producción ligada a los periodos de encierro frente al covid, la guerra en Ucrania será la ocasión para que la burguesía acentúe aún más los sacrificios, la sobre-explotación y la miseria en nombre de la “solidaridad con el pueblo ucraniano”, para evitar cualquier futura agresión de Rusia, “para la defensa de la democracia frente al dictador Putin” y la unión nacional.

Si el proletariado internacional se ve igualmente afectado por la crisis y por las necesidades de preparación para la guerra que se imponen a cada capital nacional, el proletariado de Europa se encuentra en primera línea a causa de la guerra en Ucrania. ¿El reto de la situación inmediata? ¿Se confirmará el inicio de la dinámica de las luchas obreras contra los efectos de la crisis y el aumento de los gastos en armamento e infraestructuras, materializados en la creciente inflación, la caída de los salarios reales y el abismo de los gigantescos déficits estatales que le tocará llenar, ante las primeras consecuencias de la guerra, el aumento del precio de la energía y, por tanto, de la calefacción y la gasolina? ¿O estas primeras reacciones proletarias serán sofocadas por la conmoción y la incredulidad, luego por el terror ante el estallido de la guerra en Europa y las amenazas nucleares, después por los llamamientos a la solidaridad con los ucranianos, y entonces por la solidaridad nacional en tiempos de guerra, finalmente por la denuncia de cualquier huelga o lucha obrera como anti-patriótica, egoísta, incluso terrorista, como ocurrió durante la huelga de la industria metalúrgica de Cádiz en España el pasado noviembre? Esto es lo que está en juego en la situación inmediata. En este sentido, la cuestión de la guerra también juega directamente sobre la lucha de clases. Al hacerlo, como factor de la situación inmediata, también se convierte potencialmente en un factor de conciencia y lucha proletaria. La guerra en Ucrania y sus implicaciones se convierten en un elemento de los enfrentamientos masivos de clase que están a la orden del día de la situación mundial.

El proletariado internacional, en particular en Europa, corre el riesgo de quedar momentáneamente paralizado por el estallido de esta guerra y de tardar a la hora de emprender el camino de la lucha. Esta es la hipótesis más probable debido a la omnipresencia de los medios de comunicación, en particular de orden humanitarios provocando una emoción legítima ante la masacre de los ucranianos, y el machaqueo de la ideología democrática y bélica. Sin embargo, si se volviera a realizar, la agravación de la crisis, acelerada a su vez por la guerra, lleva consigo enfrentamientos masivos entre las clases, aunque sólo sea porque cada burguesía nacional no puede salvarse de atacar y constreñir a su propio proletariado, ni siquiera dejarle un respiro o espacio. La guerra imperialista y su preparación obligan a un control y sometimiento total, y totalitario, del proletariado y de toda la población. La actual guerra imperialista en Europa va a precipitar enfrentamientos masivos de clase.

8) El proletariado de Ucrania y Rusia ante la guerra

En nuestro folleto del 20 de febrero [6], antes del estallido de la guerra, al tratar de identificar cuáles podrían ser las respuestas proletarias inmediatas a la guerra, preveíamos que el sentimiento anti-bélico que parecía animar a los proletarios, e incluso a las poblaciones más ampliamente, de Ucrania y Rusia, « no será suficiente para detener la confrontación militar si se produce. » Desgraciadamente, así fue. En el momento en que el país es invadido, cuando los tanques y la aviación rusos aplastan todo a su paso, y cuando una resistencia nacionalista se impone en la sociedad ucraniana, a fortiori si esta resistencia parece ganar éxitos “del pulgarcito atacado contra el ogro ruso”, cualquier reacción proletaria en la propia Ucrania es altamente improbable. Al menos en el inmediato y mientras dure la guerra. Sin embargo, las consignas para el proletariado de Ucrania siguen siendo las mismas que para el resto del proletariado internacional, sabiendo que sólo pueden ser a contracorriente y poco audibles por el momento. Sin embargo, los eslóganes de rechazo a la unión nacional y de defensa de la nación ucraniana son al menos, y ya, jalones para el despertar del proletariado en Ucrania.

Aunque sea poco probable en el momento de escribir, no podemos excluir totalmente que sea diferente en Rusia, incluso a corto plazo. Si el proletariado no se ha manifestado en las últimas décadas como una fracción avanzada del proletariado mundial, la aventura en la que se ha lanzado la burguesía rusa con el clan Putin a la cabeza puede proporcionarle la oportunidad de despertar e intervenir directamente en la conducción de esta guerra, es decir, de frenarla, o incluso de obligar a Putin a detenerla en caso de que continúe debido a la resistencia ucraniana. Ciertamente, si el país está en gran peligro de ser totalmente invadido y derrotado militarmente en los próximos días, el proletariado de Rusia no tendrá la oportunidad de intervenir en la guerra misma. Pero, dadas las circunstancias y la resistencia ucraniana, Putin se verá obligado a mantener una importante fuerza de ocupación armada. En otras palabras, la guerra continuará, de una forma u otra. Entonces, se favorecerán las condiciones para un despertar y una intervención del proletariado en Rusia, esencialmente si no sólo a partir de la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo que se verán inevitablemente y fuertemente agravadas aún más por el esfuerzo bélico y las consecuencias de éste, debilitando a su propia burguesía, poniendo así en acto el principio comunista del derrotismo revolucionario.

Ya, y aunque no se trate de reacciones proletarias, la capacidad de miles de pacifistas para movilizarse y manifestarse en las calles de las ciudades rusas, a pesar de la represión violenta y sistemática, ilustra la debilidad del aparato estatal ruso y la falta de entusiasmo, por no decir otra cosa, de la población en general. E, indirectamente, las vacilaciones y divisiones que atraviesan la clase dirigente. ¿Cuántas manifestaciones entusiastas para defender la « madre patria »? Que sepamos, ninguna. Putin y la burguesía rusa, al menos la fracción reunida en torno a su clan y los actuales oligarcas, se han embarcado en una aventura cuya magnitud y riesgo probablemente no habían evaluado. En el momento de escribir estas líneas, la invasión de Ucrania se está estancando, o al menos se encuentra con una inesperada resistencia militar – incluso según los militares y expertos occidentales – y cada día que pasa debilita el poder de Moscú. Siete días después del inicio de la guerra, es muy probable que el anuncio de varios miles de soldados rusos muertos se verifique en los próximos días. En estas condiciones, y en vista de las masacres en ambos bandos, si la guerra se prolongara, la situación en Rusia se volvería rápidamente explosiva

En esta hipótesis, probable aunque no segura, el proletariado de Rusia, con sus miserables condiciones de vida, tendría entonces la oportunidad de lanzarse a la lucha tanto para la defensa de sus condiciones de vida como para frenar, si no paralizar, el brazo armado y sangriento de su propia burguesía.

Hoy, en contra de lo que podría sugerir la ofensiva militar rusa, el eslabón más débil de la cadena que une a los imperialismos, incluidos los opuestos, se ha convertido en la Rusia de Putin.

9) Luchas obreras y consignas comunistas frente a la guerra

Hoy, si el proletariado internacional es impotente de manera inmediata para detener la guerra en Ucrania y, más ampliamente, la dinámica de la polarización imperialista y hacia la guerra generalizada, es sin embargo parte de la ecuación que la burguesía tendrá que resolver. La guerra imperialista y la amenaza nuclear golpean justo en el momento en que la cólera y la revuelta contra el agravamiento de la miseria y la explotación capitalista surgen por todas partes y se expresan en las luchas obreras, todavía demasiado tímidas y limitadas. La crisis y la guerra llegan al mismo tiempo. De este modo, la burguesía no podrá jugar a una cosa para justificar la otra a los ojos de los proletarios en caso de que se produzca una oleada revolucionaria: pacifismo al precio de sacrificios económicos como fue el caso en 1918-19. La prosperidad – el fin del desempleo masivo – a costa de la guerra como en 1939. Es en esto que podemos decir que el capital y la burguesía se encuentran en una situación de fragilidad histórica. Reconocer esta debilidad histórica no quita la realidad de la fuerza del poder estatal y la debilidad de las reacciones y la dinámica de las luchas proletarias de hoy. Por el contrario, este impasse histórico al que se enfrenta el capital sólo puede hacer que las clases dominantes estén aún más decididas a defender su poder de clase a toda costa, incluso la peor, y a convertir las luchas de clase en enfrentamientos amargos y sangrientos.

Sólo hay una única vía ante la dinámica hacia la guerra imperialista generalizada: la de las luchas obreras contra la crisis y las implicaciones de la marcha hacia la guerra en las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios. Inmediatamente, como hemos dicho, el esfuerzo bélico ruso y las sanciones económicas de las potencias occidentales agravarán la situación del proletariado en Rusia, que ya estaba muy deteriorada. Si, en el momento de escribir estas líneas, no parece surgir ninguna dinámica de luchas particulares en Rusia, queda que las divisiones que aparecen en el seno de la sociedad rusa ante la invasión de Ucrania, incluso en el seno de la burguesía, hasta en el seno del aparato del Estado, pueden favorecer el estallido de luchas obreras... a condición de que no se desvíen hacia el terreno democrático de una oposición anti-Putin y anti-dictadura, que puede surgir en cualquier momento.

¿Las principales consignas? ¿En Rusia? ¡No a los sacrificios y al esfuerzo bélico contra Ucrania! ¡Luchas y huelgas masivas contra la explosión de los precios debido a la guerra! ¡Solidaridad con los proletarios de Ucrania bajo las bombas! Proletarios de Rusia: ¡recordad las huelgas y manifestaciones de febrero de 1917! Contra la guerra imperialista dirigida por su propia burguesía, ¡derrotismo revolucionario!

¿En Europa? ¡No a los sacrificios impuestos por la crisis y la preparación de la guerra generalizada! ¡No a los sacrificios para el rearme de Europa! Contra la inflación, la miseria y la superexplotación, presentes y futuras, ¡luchas obreras de masas! Contra la guerra en Europa y la amenaza nuclear, ¡extensión y generalización internacional de las luchas y huelgas! Frente a la falsa alternativa de la guerra por la democracia y contra la dictadura rusa de Putin, sólo una alternativa: ¡la perspectiva revolucionaria del comunismo! ¡Viva el internacionalismo proletario!

En los otros continentes: el capitalismo se prepara y nos lleva a la guerra imperialista y nuclear, sólo las luchas obreras internacionales y la perspectiva del comunismo pueden oponerse a ello. En el futuro inmediato, debemos seguir el ejemplo de los trabajadores de la petroquímica en Irán, o de Kelloggs o John Deere en Estados Unidos, hacer huelga y extender a todos los sectores las reivindicaciones de clase. Todos unidos en defensa de nuestras condiciones de vida y de trabajo, sea cual sea la corporación o el sector, sea cual sea el color de nuestra piel o la distinción de género. ¡Ninguna alianza o unidad con nuestra propia burguesía, ya sea en nombre de la defensa de la democracia o de la unidad nacional! Extensión y generalización de las luchas!

10) La guerra en Europa y la necesidad del partido comunista

El estallido de la guerra en Europa ya provoca, y provocará aún más, el despertar de nuevas fuerzas revolucionarias y una decantación política y militante dentro de las ya existentes. Los grupos, círculos e individuos del campo revolucionario, el que logra alzarse hasta el principio del internacionalismo proletario, y del campo proletario, el que extiende el internacionalismo proletario hasta el derrotismo revolucionario contra su propia burguesía, a la insurrección obrera y al ejercicio de la dictadura del proletariado, están experimentando y van a experimentar una verificación de su compromiso político y de sus convicciones revolucionarias, y una verificación de la validez de sus posiciones políticas frente a la guerra y a la situación histórica. Ya, en el seno del campo proletario, y más concretamente en el seno de la Izquierda Comunista, las corrientes y grupos [7] que rechazan la alternativa revolución o guerra y cualquier peligro de guerra imperialista generalizada, se encuentran en gran medida impotentes y desorientados ante la situación que se abre. Por el momento, lo único que les queda es la afirmación abstracta del principio del internacionalismo. La contradicción debida al olvido de los principios marxistas fundamentales sólo puede ser superada por crisis internas, o incluso por explosiones, o por la agonía más o menos rápida de lo que inevitablemente se convertirá – si no es ya el caso – en pequeñas sectas.

En dirección inversa, la guerra de Ucrania ha permitido a las fuerzas de la Izquierda Comunista, que podían seguir siendo a veces evasivas, vacilantes, no plenamente convencidas, en cuanto a la alternativa histórica e, incluso, en cuanto a la perspectiva de la guerra imperialista generalizada, de la tercera guerra mundial, recuperarse y mostrar claramente los retos de la situación actual. La guerra, hoy la guerra en Europa, factor de conciencia para el proletariado, es también un factor de clarificación política para los grupos comunistas. Se inicia, pues, un proceso de decantación y selección en el seno del campo proletario, que sólo puede conducir a largo plazo a su re-configuración, condición indispensable para la constitución del partido político mundial del proletariado. Es particularmente significativo notar que la línea divisoria entre las fuerzas que luchan por el partido, las fuerzas pro-partido como las llamaba Lenin, y las fuerzas anti-partido, corresponde con la línea que opone a los que siguen defendiendo la posición de principio según la cual la alternativa que presenta el capitalismo es la de la revolución proletaria internacional o la guerra imperialista generalizada y los que se apartan de ella, la ignoran o la rechazan.

La guerra, al igual que la crisis, como subrayan la mayoría de los grupos del campo proletario, afecta ahora directamente al proletariado tanto a nivel de sus condiciones de vida y de explotación como a nivel de las condiciones, el ritmo y el terreno, de sus luchas. Las reivindicaciones y los objetivos inmediatos de las luchas obreras van a estar directamente determinados por la cuestión de la guerra, ya sea en forma de exigencias de sacrificios en nombre del esfuerzo y la unidad nacional, o de las necesidades de armamento generalizado y de re-activación de la economía de guerra. Ahora, las respuestas concretas, las orientaciones de lucha y las consignas adaptadas, así como la evaluación de las relaciones de fuerza inmediatas que permiten la elección de estas reivindicaciones en función de las posibilidades de combate que ofrecen, plantean la cuestión de las minorías de proletarios capaces de definirlas, de llevarlas y de defenderlas, en las luchas, en las huelgas, en las asambleas, en las manifestaciones; es decir, en el período que se ha abierto y que la guerra en Europa acaba de confirmar: el período de los enfrentamientos masivos entre las clases. Dada la presencia de la guerra en Europa, cada clase dominante del ’viejo continente’ sólo puede emprender una ofensiva frontal contra su propia clase obrera; es decir, contra las fracciones del proletariado internacional que tienen más experiencia histórica frente a la guerra y la revolución, que sin duda están más familiarizadas que las demás con las trampas del democratismo y del antifascismo y, sobre todo, que disponen de las principales – hasta la fecha – minorías comunistas que están más apegadas al programa comunista y a la experiencia histórica del proletariado.

De teórica y general, la existencia del partido y su capacidad de hacer que sus orientaciones y consignas adaptadas a la situación, a sus retos – en particular la guerra imperialista – y a las relaciones de fuerzas entre las clases, sean tomadas en mano y realizadas por las masas proletarias en lucha se convierte en una cuestión política práctica. Y pronto se convertirá en urgente, a riesgo, en caso de impotencia y ausencia, de precipitar la derrota histórica del proletariado internacional, una derrota física y sangrienta, política e ideológica, y de abrir de par en par la autopista del holocausto generalizado. Que no quepa duda: el terror y los bombardeos bajo los que se encuentran hoy Kiev, Kharkiv (Járkov) o las ciudades del Donbass, las sangrientas masacres que están cayendo sobre la población de Ucrania se convertirán en la norma y la suerte común de toda la humanidad.

La guerra en Europa comienza a precisar las condiciones y los términos de la decantación de las fuerzas que deben trabajar por la constitución del partido. Hace que la lucha por este se vuelva la prioridad.

El Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, el 2 de marzo 2022

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Notas:

[1. Obras completas, tomo 22, Akal Editor, 1977.

[2. Remitimos e invitamos a nuestros lectores a leer el artículo del TCI sobre este tema : http://www.leftcom.org/fr/articles/2022-02-16/ukraine-et-taiwan-points-chauds-d-un-monde-imp%C3%A9rialiste-troubl%C3%A9

[3. « El USS Ralph Johnson, un destructor de misiles guiados de la clase Arleigh Burke, cruzó el sábado el estrecho de Taiwán. » (26 de febrero) (periódico chino Global Time : https://www.globaltimes.cn/page/202202/1253246.shtml).

[7. Como la Corriente Comunista Internacional por ejemplo.